EL MAKING OF DEL ENCUENTRO


Por Gab Kar Wai.

Ya ha pasado más de una semana del II Encuentro de Guionistas en Madrid. La verdad que fueron tres días intensos. Muchas fueron las grandes frases, los titulares de los periódicos (que si “guionistas del Apocalipsis”, que si “la rentabilidad social de las autonómicas”, que si purgar a los analistas de guión, etc), pero yo me voy a quedar con las pequeñas anécdotas, los chascarrillos, las tonterías.

La ministra fue, besó el santo (es decir dijo su discurso) y se largó. Luego la vimos a la hora de la comida departiendo con sus habituales, porque ella al final al cabo, también es guionista (dicen que a partir del 20-N escritora).

Las agrupaciones a la hora de comer, cenar, beber, parecían en mapa autonómico: creo que no había hablado durante tanto tiempo con tanto guionista valenciano. Pero igual los catalanes con los suyos, los gallegos y los vascos, etc. Vamos, que faltaba mezcla autonómica.

Creo que todos los trapos sucios y marrones que le pueden pasar a un guionista le han pasado a David Muñoz. O los atrae él o su vida será llevada al cine en el 2057. La dirigirá Gore Verbinski.

Se rumoreaba que Risto Mejide iba a estar en una mesa. Habría repartido estopa para todo cristo. Los tweets habrían sido trend topic. Y Antonio Albert habría abandonado el plató, perdón la sala.

Se confirma que Corcón es la santísima trinidad del guión, padre, hijo y espíritu santo: abre el Encuentro, es ponente en la mesa de no ficción y modera la mesa de los derechos de autor.

Sorprende que la gente te conozca por tu perfil de facebook, pero si no es mi nombre! “hola yo soy… porque tú eres…”.

Antonio Castelo es un showman y divertido, como lo era el guiñol de Luis Fernández (¿os acordáis?). Ahora, yo no me creo que fuera borracho. Él es así. Es nuestro Andy Kaufman, o mejor, nuestro John Belushi. Espero que no encuentre a su Robert De Niro y a su Robin Williams, porque la pueden liar parda.

Algunos lo comentamos, y dudábamos de si Antonio Albert traía el micro de casa o del plató de “Supervivientes, el debate”. ¿Por qué siempre lo tenía!?

No voy a decir quien, pero un guionistasvlc se durmió. Varias veces.

Se rumoreaba que había un guionista del PP.

En el momento que Javier Olivares citó a un analista (al que puso a caer de un burro) y dijo que estaba en el público, pensé que habría duelo a muerte. No sabía si con espadas o en plan Bud Spencer, a hostia limpia.

¿Lo de que fuera en un sala cedida por Mapfre es una indirecta para que nos hagamos un seguro de vida? ¿Quién ha sido el productor que lanzó la indirecta?

Los de bloguionistas eran más de chascarrillos en twitter. Yo palmé la batería de mi móvil en las conclusiones. Lloré de risa 2 veces.

José A. Pérez vino, dijo cuatro verdades y se fue a montar un video industrial. Y creo que fue ese el orden. Un gran tipo. Y vasco.

Paco Cabezas es más andaluz que mi abuelo. Dijo nosequé de que “los guionistas somos putas baratas”. Y no tengo claro si la frase podría ser al revés: las putas baratas somos guionistas.

En una cena Barrejón me comentó que sentía envidia (sana, of course) por mi estancia en Buenos Aires. Yo no le dije nada, pero yo sí que envidio que él viva temporadas en Berlín. Y la mía no es sana, cabrón!

Y reparto odio porque Ana Sanz-Magallón se va también allende nuestra fronteras a analizar un guión. ¿He dicho Irlanda? (pásatelo mu’ bien Ana).

Los canapés muy buenos. Mejor que el año pasado.

Por cierto, Juanjo Moscardó parecía sacado de una peli de Vigalondo. Espero que haya descansado, porque se pegó un curro… y ya que suelto felicitaciones reparto a mis queridísimas Virginia y Teresa de EDAV y Marta de FAGA, por el currazo.

Salí una vez al servicio y vi a José A. Pérez diciendo una palabra rara (no recuerdo cuál) a la cámara de Anuska. No digo más O.o

Por cierto, ¿dónde estaba Valentín Fernández-Tubau? El año que viene pido a la organización lucha en el barro con Antonio Albert. Venga!

Cuando volví a Valencia, me dormí en el tren. Ronqué, creo.

3 pensamientos en “EL MAKING OF DEL ENCUENTRO

  1. Por lo de roncar, digo. Al fin y al cabo, eso de dormir y roncar en el tren puede ser lo más normal del mundo. O al menos, algunos lo hacen.

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