CINECLUB TRAGALUZ: ESCRIBIENDO UNA PARTICULAR HISTORIA DEL CINE, REINVENTANDO EL CINE DE BARRIO

Existen películas invisibles, todas aquellas que no consiguen estrenarse, también las hay translucidas y es que tan solo consiguen verse en algún festival. En la era de la comunicación que una obra no llegue al publico parece un sinsentido pero sucede. La única forma de hacerlas visibles es proyectarlas sobre una pantalla y hablar de ellas, objetivo que se ha marcado Tragaluz con su propuesta.

Por Tragaluz.

La experiencia de ver una película significa muchas cosas, tantas como espectadores existen. Sin embargo, es imposible evitar ciertos lugares comunes. Para muchos de nosotros, solamente en la oscuridad de una sala de cine hayamos esa atmósfera de magia que de verdad nos transporta a otros lugares para, a través de las historias de otros, experimentar otras vidas, vivencias, sensaciones. Al salir de allí, viene bien que el cine se encuentre lo suficientemente cerca de tu casa como para volver andando, y lo suficientemente lejos como para darte el tiempo, durante ese paseo (de preferencia nocturno), de pensar sobre lo que has visto/vivido, meditarlo y, poquito o poco, volver a tu propia realidad sin demasiadas brusquedades. A veces ocurre que algunas imágenes se nos quedan grabadas mucho rato, casi para siempre.

Nos gusta esa parte del cine que te saca de casa en una tarde de invierno. Esa parte que lo convierte en un buen plan para compartir con nuestros amigos, pero también en un gran plan para experimentar en soledad. ¿O quién es capaz de rechazar una cita con ese actor o actriz que tanto le gusta? Sabemos que ver una película puede significar muchas cosas, pero nos gusta reivindicar esta faceta en especial. Quizás porque, pecando un poco de nostálgicas, echamos de menos las pequeñas salas de cine que hemos visto desaparecer poco a poco, pero implacablemente, de nuestras ciudades, obligándonos a desplazarnos a los grandes centros comerciales cada vez que queremos ir al cine. Esto, claro está, cuando consigues encontrar en la cartelera una película algo diferente y original que se salga de las masivas propuestas made in Hollywood. Si encima no comprendes que aún exista la versión “no original”, sabrás que la complicación se multiplica.

Puede que en parte por todo esto un día cuajara la idea, entre un grupo de amantes del cine, de crear Tragaluz, nuestro pequeño cineclub. De alguna manera, esto es lo que reúne nuestra propuesta: Tragaluz sucede en un lugar llamado La Mandrágora, algo escondido en el barrio del Carmen de Valencia, el primer miércoles de cada mes. La oscuridad no es tan absoluta como en una sala de cine, pero se le acerca. ¡Y tenemos palomitas! Tragaluz nos saca de casa por la tarde, y a la vuelta nos deja tiempo para reflexionar. No importa si vienes solo o acompañado, lo importante aquí es reunirnos delante de una pantalla, con una película de las que nos hacen disfrutar, pensar y sentir, de las que son difíciles de encontrar en las salas comerciales. En algún momento nos pareció una buena idea y hoy, varios meses después, lo seguimos pensando. Tragaluz es una aportación, en la medida de nuestras posibilidades, a la oferta cinematográfica de nuestra ciudad. Y un pequeño placer del que disfrutamos mucho.

Entre todas las imágenes que tenemos alrededor (en la calle, revistas y televisión, en nuestros ordenadores…), queremos coleccionar, y conservar, nuestras favoritas. Como si fuera una caja de recortes, paso a paso construimos un espacio donde guardar las singularidades de las películas que más nos gustan. Y queremos que ese espacio sirva también para enseñarlas y compartirlas con los demás. Algo así es para nosotras Tragaluz, un pequeño cineclub donde se citan las imágenes que nos parecen más raras, únicas, especiales.

Un plano junto a otro plano, la tarea del montador de cine. Estamos tan habituados, que pocas veces nos paramos a mirarla fijamente. Un plano junto al siguiente, y el montador va construyendo una historia. Como en una sala de montaje, en La Mandrágora, mes a mes vamos colocando una película junto a otra, escribiendo una pequeña historia sobre el cine. Una historia que da saltos, se detiene, rebobina, y vuelve a comenzar. Hasta ahora, se ha parado en el rostro de Jean Seberg, el testimonio combativo del pintor José Pérez Ocaña, la vitalidad infantil de Yuki y Nina, y los rostros de la Historia en La question humaine. En esta historia sobre los cines, otros momentos predilectos son las antiguas coreografías hollywoodienses, y las vistas sobre diversos paisajes experimentales. En esta historia también nos paramos en las viejas películas de terror, en diversas vistas a paisajes experimentales…, y en general a cualquier tipo de película que consiga tocarnos la fibra. Os invitamos a compartir con nosotras este pequeño espacio infinito de las imágenes: el próximo miércoles 2 de noviembre nos vemos a las ocho de la tarde en La Mandrágora (calle Mare Vella, 15).

También podéis visitarnos en nuestro blog: http://www.tragaluztragaluz.blogspot.com.

 

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  1. Pingback: Cine club Tragaluz – La Mandrágora

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