EN EL TALLER DE NINO CANINO

por Paco López Barrio

Si alguna vez os perdéis por Partinico, preguntad por el taller de Nino Canino (todos le conocen en el pueblo) y veréis cosas prodigiosas. ¿Que dónde está eso? Wikipedia: “Partinico, en la provincia de Palermo (Sicilia), a 30 km de la capital. 31.690 habitantes”. Mas inquietantes son los datos que revela una consulta en Google News: Ocho asesinatos por vendetta en lo que llevamos de 2011 y dos “lupare bianche” (asi es como se llama cuando no aparece el cuerpo, probablemente mezclado con el cemento de una obra o disuelto en ácido). Pero no os dejéis confundir por estos datos, la inmensa mayoría son gente encantadora. En serio. Curiosidad: de Partinico era el padre de Frank Zappa.

Yo no tengo ninguna relación con la Cosa Nostra (o tal vez sí, pero aún no me he dado cuenta) pero sí tengo algunos buenos amigos allí. Y de vez en cuando dedicamos unos dias a visitarnos, en Valencia o en Sicilia. Allí bebemos Marsala y hablamos mal de Berlusconi. Aquí Utiel-Requena y seguimos pelando al Cavaliere.  Y a los de aquí, faltaria más.

No hay mucho que ver en Partinico. Cerca de allí si: la Catedral de Monreale y su decoración bizantina en pan de oro. O el teatro griego y el templo de Diana, en Segesta. En el templo no hay estatuas, las robaron hace tiempo. Tanto tiempo que Cicerón relata el robo en sus Verrinas.  El tesoro que guarda Partinico es de otra clase.

Vamos a visitar al viejo Nino, un colega nuestro. No, Nino no es guionista, sino algo muy parecido: contador de historias. Nino es “puparo” e hijo y nieto de “pupari”. O sea, los que fabrican y manejan los Pupi. Los Pupi son unas marionetas que representan episodios del ciclo de Orlando (el Roland de los franceses y otros notables de la corte de Carlomagno). Si, tambien ellos pasaron por allí, como los griegos, romanos, normandos, sarracenos, catalano-aragoneses, y hasta la VI Flota desembarcó allí camino de la Italia continental…

La Opera dei Pupi fue, hasta la llegada de la TV, una de las mayores diversiones del pueblo siciliano y una manera de mantener viva la transmisión oral de la historia siciliana (y por supuesto la lengua propia). Hoy sólo quedan unas pocas familias de pupari en toda la isla. El oficio no es fácil: no sólo se trata de manipular los pupi. También hay que construirlos y mantenerlos en buen estado. Hay que tener gusto y buena mano para pintar los decorados. Y habilidad para moverlos, especialmente éstos. Los Pupi de Partinico siguen la escuela parlermitana: son más pequeños que los de Catania, al este de la isla, y con articulaciones más complejas. Esta construcción permite al pupi occidental un movimiento mucho más delicado y expresivo. A cambio tiene el inconveniente de que su manejo es bastante más dificil.  No se gobiernan con hilos, sino con varillas metálicas rígidas.

Hace casi 40 años la RAI hizo un buen reportaje sobre los pupari, en el que Nino Canino tiene el mayor protagonismo. Afortunadamente he podido encontrarlo en Youtube. Está en italiano pero se puede seguir bien. En los pasajes más ininteligibles, cuando habla la gente del pueblo, aplicad éste truco: sustituid mentalmente las consonantes b, d, g por sus equivalentes oclusivas (p, t, k) y os quedará un italiano bastante estándar, mucho más comprensible.

Las armaduras que llevan los pupi no son cartón con purpurina, sino autentico metal repujado. Cada pieza lleva muchas horas de trabajo. Un pupari siempre construye sus propios pupi. Por eso al teatrito de Nino le llamamos taller. Además de asistir a una de sus representaciones os puede enseñar su colección personal, riquísima. Aún sigue trabajando a los 82 años, porque le gusta y porque no tiene muy claro quien le relevará. A Nino Canino, por oficio y por vocación, le encanta contar historias. Y es muy cordial, no tendrá ningún problema en sentarse a charlar con vosotros un buen rato.

Como guionistas podemos aprender mucho de él: sus audiencias no son un dato estadístico, sino la observación directa de las sonrisas y los sobresaltos de su público, a pocos metros de él cuando trabaja. Conoce muy bien la mentalidad y las reacciones de su gente y las tiene muy en cuenta. Aprendió a observarlas siendo muy pequeño, al ver trabajar a su padre, Vincenzo, y su abuelo Antonino, que las había aprendido del bisabuelo Liberto Canino, que construyó su primer pupi, e inició el negocio familiar, en 1828. Creo, sinceramente, que los que trabajamos en esto de entretener a la gente le debemos al teatro popular tanto o más que al teatro clásico o a la novela.

Eso si, cuando habléis con él no llaméis Nino, ni Antonino, ni siquiera señor Canino. Llamadle Maestro, como todos sus vecinos. Porque lo es y de los más grandes. Y porque pocas cosas hay más respetadas en Sicilia, la tierra de Lampedusa, de Leonardo Sciascia, de Vitaliano Brancati, que un viejo contador de historias.

Ah, se me olvidaba: L’Opera dei Pupi siciliana está reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

2 pensamientos en “EN EL TALLER DE NINO CANINO

  1. Hace dos veranos pude sostener en mis manos un pupo palermitano, me llegaba por la cintura y pesaba como media bombona de butano, y eso que no llevaba la armadura.

    Otro de esos Maestros (creo que hay media docena en toda Sicilia) nos enseñó cómo eran por dentro, aunque no nos reveló su secreto a la hora de construirlos. Tenía patentada una manera de hacerlos caminar como si fueran seres humanos, era de un realismo inquietante, con sólo pequeños giros de la cabeza de izquierda a derecha y de derecha a izquierda.

    La dificultad de su manipulación, su peso y la postura imposible para poder darles vida me sorprendieron. Los guionistas tenemos la espalda perdida, pero no la cambiaría por los riñones de estos titiriteros. Verlos en vivo, luchar contra dragones y demonios con efectos especiales propios del teatro del siglo XVII es un verdadero placer. El ritmo musical que las peleas de espadas poseen es algo que Hollywood nunca podrá emular. Un pequeño placer, una regresión a la infancia próxima a la visita imprescindible al tirisiti de Alcoy.

    En casa tengo dos puppis de tamaño medio, no de esos para turistas. Cuando quieras, quedamos y nos batimos a duelo.

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