LES LLAMÁBAMOS SINDICATOS… Y TAL VEZ NO LO ERAN

por GuionistasVlc

Hace un par de dias nos pasó por encima un Ómnibus, en forma de ley. Nos despertamos de golpe y magullados. Llevábamos ya un año soñando un bonito sueño: los guionistas empezábamos a contar, a ser alguien con voz propia. El Encuentro de Valencia le dió un buen empujón al Gremio. Nos sirvió para conocernos a muchos que andábamos desperdigados, nuestras asociaciones recibían la incorporación de muchos nuevos afiliados y – sobretodo- estrechaban relaciones entre ellas. Se planteaban retos de futuro comunes. Empezamos a vernos ya por fin como un colectivo vertebrado. Y en muy pocos días, en Madrid, vamos seguir profundizando en todo aquello que se puso en marcha en Valencia.

Tampoco eran buenos tiempos: ya teníamos encima un crisis asfixiante que había agravado los problemas endémicos de este oficio. Pero sentíamos la unión que nunca habíamos tenido antes. Quizá ya no estuviese lejos el día en que tuviésemos la fuerza suficiente para sentarnos a una mesa con productoras y cadenas y pactar con ellos unas condiciones de trabajo dignas, en beneficio de todos pero, muy especialmente, de los compañeros más desprotegidos. Eso que con tanta normalidad – y aún con los lógicos desencuentros puntuales – hacen Patronal y Sindicatos. Y mientras tanto poco más se podía hacer: difundir y dignificar nuestro trabajo y empezar a intentar conseguir unas remuneraciones mínimas: por grande que sea la crisis no podemos trabajar a cambio de un puñado de gominolas y alguna palmada en la espalda. Nos gusta imaginar mundos y poblarlos de héroes y aventuras. Pero también nos gusta pagar las facturas a final de mes. Y que aún sobre un poco para poder darnos algunos pequeños caprichos como ir al cine, comprar un libro… no somos gente con grandes pretensiones.

Pero se nos había pasado desapercibido que en 2009 se había aprobado la llamada Ley Ómnibus. Este curioso nombre le viene porque en realidad es una ley-contenedor que venia a unificar un conjunto de medidas para estimular la economía. Algunas de estas medidas tenían como objetivo el facilitar la competencia en la prestación de servicios. Y una de las maneras de hacerlo era evitar que los prestadores de estos servicios acordasen precios abusivos para el consumidor. Un empeño loable: a ninguno nos gustaría que los fontaneros se juramentasen para cobrarnos 500 euros por cambiar un grifo. A partir de ese momento se empieza a considerar que la publicación de baremos o tablas de honorarios contraviene la Ley. Aún cuando sean una mera recomendación, no vinculante. Los colegios profesionales, en consecuencia, se apresuraron a retirar de sus páginas web este tipo de información.

Los compañeros de ALMA, por desconocimiento o despiste, seguían teniendo esa información colgada. Una denuncia ante el organismo de control competente motiva la apertura de un expediente, que puede acabar en una severa sanción. Lo que en ningún caso ha habido, estamos seguros, es mala fe. Desde hace tres días los teléfonos de los abogados de las asociaciones de guionistas echan humo. Y todas se han apresurado a retirar de sus web este tipo de documento que nadie había imaginado que pudiese ser ilegal. Hasta aquí los hechos.

¿Qué significa todo esto? ¿Qué sabor de boca nos deja? Para empezar, nos da la impresión que lo que “ha estado mal” no es el hecho de publicitar unas tarifas (no tendría mayor importancia, se le pueden enviar por correo a quien quiera consultarlas) sino el propio hecho de que estas tarifas existan. Y que sean fruto de un pacto colectivo. El que nos pongamos de acuerdo en decir que por tal tipo de trabajo nadie debería cobrar menos de tanto… ya es, para la ley, una presión sobre la libertad de mercado, una traba a la competencia y, por tanto, merecedora de castigo. Si esto está así… difícilmente vamos a poder sentarnos nunca con la patronal de nuestro sector a negociar colectivamente. ¡Con la falta que nos hace!.

La administración ha pasado por encima de las peculiaridades del sector. La profesión de guionista tiene unos condicionantes que se avienen mal con las fórmulas de “café para todos” con las que el legislador suele dar los problemas por cerrados, aunque sea cerrarlos en falso.

Los guionistas no trabajamos directamente para el consumidor. Aunque tengamos millones de espectadores no tenemos millones de clientes potenciales. Trabajamos para productoras y cadenas de TV. Es decir, para un número muy escaso de compradores directos de nuestro trabajo. Las relaciones entre nosotros no son de igual a igual, ni mucho menos. No tenemos la capacidad que puedan tener en otros oficios para “extorsionar” al cliente con precios abusivos. Más bien al contrario: somos nosotros quienes escuchamos con frecuencia eso de “en la puerta tengo cien como tú dispuestos a hacerlo por el precio que yo les diga”.

La gran trampa es que, queriéndolo o no, casi todos somos “empresarios”. Quien nos da el trabajo nos suele exigir que nos demos de alta como autónomos. Así, cuando contratamos con un productor estamos hablando “de empresario a empresario”, como si nos moviésemos en un mismo plano. Nuestros contratos, en la mayoría de los casos, no son pues laborales, sino mercantiles. Y ahí hay derechos que, por principio, no se pueden hacer valer. El derecho de huelga, por ejemplo. Cualquier acción nuestra en ese sentido, seria un simple “incumplimiento de contrato”. Llevaríamos las de perder y el productor podría incluso reclamarnos una indemnización fuera de nuestro alcance.

Cierto que hay compañeros que, por sus circunstancias, prefieren ser autónomos que asalariados. Esto está bien cuando tienes una buena racha de trabajo y realizas encargos para muchos empleadores distintos, incluso simultáneamente. Es una elección personal muy respetable. Lo que no está tan claro es que para los demás se convierta en una imposición desde la productora. Y mucho menos para encubrir relaciones laborales convencionales. No olvidemos que además una gran parte de este trabajo se realiza como “autónomo dependiente”. O sea aquel que obtiene al menos el 75% de sus ingresos de una sola empresa.

Ya hace mucho tiempo que a casi nadie nos ponen delante un contrato “de los de toda la vida”. Y eso que siempre eran contratos temporales o por obra, fáciles y baratos de rescindir cuando al patrón deje de interesarle. Siendo así, ¿a qué viene esta reticencia al contrato laboral? No por ahorrar dinero: como autónomos solemos cobrar un poco más para compensar el pago de cuotas de la Seguridad Social, que serán íntegramente pagadas por nosotros. No suelen tener problema en mejorar un tanto la remuneración para compensarnos por éste inconveniente.

La verdadera razón, nos tememos, es que ser autónomos nos recorta prácticamente todos los derechos que como asalariados podríamos tener. Y nos sitúa en un falso plano de igualdad que sólo pueden creerse los más fanáticos del neoliberalismo. No, no somos iguales: hay un débil y un fuerte, hay unas relaciones de poder preestablecidas que juegan en nuestra contra. Y el mayor recorte no lo sufrimos en dinero o en horarios leoninos… la obligación de ser autónomos nos priva toda capacidad de acción colectiva.

Y eso, precisamente, es que lo queda flotando en el aire tras este asunto del expediente a ALMA. Un sindicato puede publicar sin problemas el Convenio Colectivo de su sector. Es más, la administración es testigo y garante, en cierto modo, de este acuerdo. Nosotros no podemos publicar unas tarifas mínimas recomendadas (aunque puede haber mil formas de trampear esta prohibición). Es que ni siquiera podemos plantearnos un pacto entre nosotros, ni mucho menos una negociación colectiva. Esa imagen que sugeríamos líneas atrás, la de los representantes de las asociaciones de guionistas reunidos con los representantes de la patronal del Audiovisual, es una fantasía fuera de lugar mientras no estén representando a trabajadores asalariados.

 

Nuestras asociaciones podrán llamarse sindicatos, pero no podrán actuar de verdad como tales mientras sus representados no sean lo que deben ser los representados: trabajadores por cuenta ajena.

Esperemos que el asunto de ALMA no llegue a mayores, que sus abogados tengan una buena linea de defensa, que la autoridad aprecie la ausencia de mala fe, que incluso se pida perdón por el despiste, si es necesario, y el caso termine archivado… pero la cuestión de fondo está ya sobre la mesa y va mucho más allá de este incidente puntual. Y es así de simple: de poco nos sirve un sindicato si el principal derecho sindical, la negociación colectiva, le está negado por ley a la mayoría de sus afiliados. Ése es el tema que a largo plazo habremos de resolver: que no seremos nadie mientras no exista algo parecido a un Convenio Colectivo de sector. Y decimos de sector porque además no hay ninguna gran empresa que tenga en nómina a cientos, ni siquiera docenas de guionistas. Lo que encontraremos con más frecuencia será tres aquí y cuatro allá. Y aunque los acuerdos de empresa sean deseables debe ser el conjunto del sector el que debe empujar para que esta presión sea eficaz.

¿Qué hacer? Pues aquí ya van a ser necesarias las aportaciones y las ideas de todos. A vuela pluma y a falta de un estudio más a fondo, seria bueno instar a la administración a matizar con más tino los efectos de la Ley Ómnibus en nuestra profesión, teniendo en cuenta sus peculiaridades y huir de ese café para todos que a nadie beneficia. También convendría ir convenciendo a las productoras para que al menos den la opción a elegir si queremos ser autónomos o asalariados, sin dar por obligatoria ninguna de las dos opciones.

Esto nos plantea, pues, tres frentes: el diálogo con la administración, el diálogo con las empresas y, sobretodo, la adecuación de las asociaciones que nos representan a ésta realidad, de la que no éramos del todo conscientes, y de la que acabamos de ver su verdadero rostro.

Por supuesto éste artículo no soluciona el tema… pero esperamos que abra el debate y que algunas de las consideraciones que hemos dejado caer sean útiles.

Y, compañeros de ALMA, estamos a vuestra disposición en lo que podamos ayudar.

8 pensamientos en “LES LLAMÁBAMOS SINDICATOS… Y TAL VEZ NO LO ERAN

  1. Qué bien explicado. No soy guionista y, obviamente, no pertenezco a Alma, pero me solidarizo 100%. Habrá que pensar cómo hacer la trampa una vez hecha la ley.

  2. ¿Se ha pensado si hay alguna alternativa interesante a trabajar como autónomos, es decir, en soledad? No sé, reunirse y montar una empresa de prestación de servicios, o una cooperativa. Ya sé que las relaciones con los contratadores surgen por contactos personales pero quizás, si a la hora de negociar las retribuciones, en lugar de hacerlo en persona, se les redirige a la “dirección de la empresa”, se podrían lograr una serie de mínimos. En realidad, sería como convertir ALMA en una empresa.

  3. Excelente artículo, con claridad diáfana.

    Sin embargo, conviene recordar de la existencia de una posible actividad sindical para autónomos. En ese sentido debemos citar a la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos de España (UPTA), que es una Confederación de Federaciones, Asociaciones y Uniones de Trabajadores Autónomos de todos los ámbitos territoriales y sectoriales de España, constituida al amparo de lo establecido en la Ley 19/77 de 1 de abril y R.D. 873/77 de 22 de abril, convalidada y adaptada su personalidad jurídica, y correspondiente registro, por la Disposición Transitoria Primera de la ley 20/2007, de 11 de Julio, y que tiene adaptados sus Estatutos a lo previsto en la citada Ley.

    Según reza en su web, UPTA se constituye con la firme voluntad de representar y defender los intereses profesionales, sociales y económicos de los autónomos frente a la agresividad económica de las grandes estructuras empresariales y la inexistencia de una protección social adecuada.

    Por Resolución del 3 de junio de 2011, del Consejo de Representatividad, que resuelve el RD 1613/2010, en desarrollo de los artículos 21 y 22 del Estatuto del Trabajo Autónomo”, UPTA ha sido acreditada como la organización de autónomos más representativa de nuestro país.

    En 2004 y 2005 hubo acercamiento e interlocuciones de ALMA con esta entidad, en un momento de especial relevancia porque se había logrado una especie de “convenio” para los repartidores de Bimbo, autónomos que trabajaban para una sola empresa.

    La reivindicación y logros siendo autónomos no es un imposible. Pero se ha de articular bien y de forma muy inteligente.

    Otra cuestión es si es más o menos conveniente que otros modelos. El colectivo de actores, por ejemplo, ha luchado para que todos sus afiliados fuesen asalariados en lugar que autónomos. Y no les va mal. Para nosotros, todavía es algo demasiado nuevo, aunque con tendencia ascendente.

    En nuestro colectivo, los asalariados empezaron a crecer cuando las productoras empezaron a seguir el modelo Globomedia, especialmente a partir de principios de este siglo. Hasta entonces, la mayoría de los guionistas eran autónomos.

    El advenimiento del modelo salarial no supuso, sin embargo, muchas ventajas para los ingresos del guionista. Algunas entidades se empeñaron en etiquetar al guionista como una especie de “becario permenante” con asignaciones que bien podrían ocasionar paros cardiacos a los corazones más sensibles. Por otra parte, los salarios distaban mucho de lo que se cobraba como autónomo.

    Precisamente para poner fin a esta injusta situación de los asalariados, ALMA y otras asociaciones de guionistas estuvieron presentes junto a UGT y CCOO en las negociaciones del sector. Realidad: la más absoluta marginación y ninguneo, no ya por parte de la patronal, sino de los propios sindicatos tradicionales. Resultado en cuanto a logros: cero.

    La solución del problema no es tan sencilla como parece, y probablemente no baste con convertirnos a todos los guionistas en asalariados.

    Parece que si el colectivo intenta reivindicaciones por la vía sindical, como asalariados, se le frena. Si lo intenta como autónomos, se le ataca.

    Estamos ante una situación más grave, y como se señala en este artículo, no estamos frente a un mar de consumidores, sino delante de un puñado de productoras y cadenas de televisión.

    Usar la palabra “huelga”, puede ser un término genérico no purista para aglutinar conceptos que no solo incluyen la huelga de asalariados en su sentido más ortodoxo, sino también caída de lápices autónomos en contratos que no estén firmados, manifestaciones, campañas de sensibilización al público de lo que está pasando, ruido, más ruido y claridad sobre la situación real…. Cambiemos el término, si queremos, por el de acción reivindicativa.

    En cualquier caso, lo que no se puede consentir es que al público se le siga señalando a los autores como si fuéramos los “malos de la película”, cuando las realmente interesadas en sostener todo aquello por lo que se nos señala, son el puñado de empresas que nos pone la zancadilla.

    ¿Un ejemplo concreto? Cuando era de miembro directivo de ALMA, por las manos de la Junta pasó copia de una carta de EGEDA en la que se instruía a todas las productoras a denegar el derecho de remuneración por venta de copias del DVD a los guionistas, por medio de pedirnos la renuncia en los contratos. ¿No atenta eso contra la libre competencia? ¿Por qué no actuamos nosotros entonces?

    Otra realidad no menos punzante es que las empresas audiovisuales se empeñaron hace tiempo en “reivindicar” los derechos de los autores en el asunto de la piratería cuando todos sabemos que, debido a las instrucciones señaladas anteriormente, lo que cobrábamos por ventas de DVD en los comercios o en los periódicos era lo mismo que lo que cobrábamos por una descarga de internet (cero eros) y que si alguien compraba en el top manta, paradójicamente, cobrábamos algo más. ¿Porque no fuimos capaces de contarlo al público? ¿Por qué no dijimos que los interesados en esa batalla no eramos directamente los autores aunque se nos pusiera como estandarte?

    Lo mismo sucede con las descargas de Internet… ¿Realmente nos afectan a nosotros? ¿O nos afecta más que las cadenas con página web no paguen al guionista por la emisión de sus contenidos incluso si reciben ingresos publicitarios por ello?

    Parece ser que el silencio es la política que se impone en los momentos en los que debemos hablar. Hoy mismo, mientras circulan riadas de tinta en Internet sobre el hecho que señala el artículo, cientos de profesionales echamos en falta un comunicado ofical de ALMA al respecto.

    Paradojas.

    ¿Haremos que cambien las cosas? ¿O seguiremos callando?

  4. Por desgracia, los únicos freelance de Europa con convenio son los británicos (al menos hasta hace no mucho. SI alguien tiene mejor información…). Hace años, a los Irlandeses un Tribunal les anuló el convenio con su televisión pública por la dichosa ley de la “competencia”. Creo que los guionistas tenemos poco a hacer por aquí. En cambio, convendría un estatuto propio para guionistas al estilo de los actores, y a partir de aquí las asociaciones/sindicatos deberían presionar para conseguir convenios con televisiones y productores. Por desgracia, para eso hace falta la complicidad del gobierno. Y esa posibilidad -si ha existido alguna vez- ya se acaba. (suspiro)

  5. Kohonera, los sindicatos americanos funcionan un poco así. no es que sean una empresa, pero tienen unos mínimos y acuerdos con las mayors y si un guionista quiere vender un guión a un gran estudio tiene que pasar por cojones por el sindicato. Eso hace que tengan mucho poder y además así también tiene seguro médico. Vamos, que todo quisqui es del sindicato el 95% y así pueden hacer presión. Sin embargo aquí, montas un sindicato-empresa y si no está el colectivo unido, los productores irán a buscar guiones de guionistas que no sean de ese sindicato-empresa. Está en la mano de los productores pactar unos mínimos con ellos y que FAPAE vele para que se respeten entre sus empresas asociadas. Sería bueno para todos, incluidos productores, porque se profesionalizaría más la base de la industria: los guionistas. Justamente, ayer tuvimos una reunión con el presidente de AVAPI (asociación de productores independientes de la Comunidad Valenciana), Antonio Mansilla, y era favorable a que se pactarán unos mínimos, así como algunas cláusulas en las que estuvieran de acuerdo guionistas y productores…. veremos poco a poco qué pasa!

  6. Eso es verdad Toni, deberíamos tener un régimen de autores que regule lo atípico de nuestra profesión, como el régimen de artistas. Otra opción es entrar en el régimen de artistas, un primer paso, y más adelante crear uno propio… Es uno de los próximos objetivos de FAGA y llevamos tiempo trabajando en el tema para ver como se puede hacer. Es cierto que la ministra debería de haber hecho más por los guionistas, e intermediar por nosotros en otros ministerios ya que conoce de primera mano el problema. Pero justamente por ser guionista no lo ha podido hacer o no ha creído conveniente hacerlo…. no sé. El caso es que tenemos que hacer lobby para conseguirlo, y así poder tener convenio como los actores, y muchas otras ventajas!!

  7. ¿Alguien recuerda la huelga de guionistas en Hollywood de hace tres años?
    Más de 12.000 guionistas de cine y televisión pararon Hollywood durante 14 semanas arrastrándolo a su peor crisis de los últimos 20 años.
    La huelga la convocaron dos sindicatos: el Gremio de Escritores de América, Este (WGAE) y el Gremio de Escritores de América, Oeste (WGAW), que representan a los escritores de cine, de televisión y de radio que trabajan en EEUU.
    La huelga fue un pulso a la Alianza de Productores de Películas y Televisión (AMPTP), organización industrial que representa los intereses de 397 productoras estadounidenses de cine y televisión, que incluyen: CBS (encabezada por Les Moonves), Metro-Goldwyn-Mayer (encabezada por Harry E. Sloan), NBC Universal (encabezada por Jeffrey Zucker), News Corp/FOX (encabezada por Peter Chernin), Paramount Pictures (encabezada por Brad Grey), Sony Pictures Entertainment (encabezada por Michael Lynton), The Walt Disney Company (encabezada por Robert Iger) y Warner Bros. (encabezada por Barry M. Meyer).
    El Gremio de Escritores negocia cada 3 años un nuevo contrato -Acuerdo Básico Mínimo-, con la AMPTP, que establece las bases de la contratación de guionistas por parte de productoras de cine y medios de comunicación. Los guionistas querían un mayor porcentaje de los beneficios de ventas de los DVD, representación sindical para los escritores de telerealidad y de programas animados y compensación por ventas de contenido digital…
    Hollywood perdió en esas semanas 2.000 millones de dólares… Eso sin contar el desastre que supuso la huelga para la ceremonia de los premios Globos de Oro que tuvieron que entregarse sin las estrellas y sin glamour sobre la platea porque las superestrellas exigían un guión para hablar por el micrófono… Se acercaba la entrega de los Oscar y Hollywood entró en pánico… Su mejor tenderete de negocio y más importante escaparate de venta, tocado y hundido!!!
    La huelga se acabó 11 días antes… La ceremonia salió bien, más o menos como siempre… Pero, se abrió paso una nueva realidad: que los escritores y guionistas tenían fuerza y capacidad de movilización y que les habían dado dónde más les dolía: el dinero!!! Escritores y guionistas, ¡sin ellos no hay industria ni negocio! Y demostraron una vez más el valor perenne de la histórica frase: ¡La unión hace la fuerza!
    Llevo muchos años en esta profesión y nunca he visto sindicato alguno defendiendo mis derechos… Hay que volver al ¡¡¡GREMIO!!!

  8. Un articulo esclarecedor con el que estoy totalmente de acuerdo. La pena es que ALMA, que durante un tiempo más o menos reciente hizo un intento de convertirse en un autentico sindicato de guionistas ha vuelto a las viejas andadas y ahora, por voluntad de su Junta Directiva, practicamente no desarrolla actividad ninguna. Ni cursos, ni talleres, ni posicionamientos sobre los problemas que afectan a los guionistas. Todo un laisse faire laissez passer.
    Por si fuera poco el desprecio al socio es total. No se le informa de nada (vease el caso de Competencia) y lo que es más grave: hay serias lagunas en sus cuentas, que se remontan a varios años. Un posible escandalo que saldrá a relucir más tarde o más temprano.

    ¿Para qué sirven los 45 euros trimestrales de cuota?. Para nada, ni siquiera justifican los servicios que presta su reputado gabinete juridico, ya que otros abogados expertos en propiedad intelectual ofrecen el mismo descuento. ALMA está en paralisis total. Quizas por eso en los ultimos meses se han dado de baja más de cien asociados.
    Pena, penita, pena.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s