JORIS IVENS: EL VIEJO QUE QUISO FILMAR EL VIENTO

por Paco López Barrio

En cierto modo me encuentro en deuda con esta pareja. Ella es Marceline Loridan, cineasta francesa. A su lado Joris Ivens, su marido, holandés de nacimiento y apátrida de vocación. Quizá el más grande de los documentalistas europeos de la historia. A Marceline la conocí, fugazmente, en 1989, en la entonces aún llamada Mostra del Mediterrani. Ivens habia fallecido tres meses antes y su viuda estaba allí para el estreno, fuera de concurso, de su última película: Une histoire du vent.

La película me pareció mágica. No me gustó tanto el protocolo del acto, presentado por José Sacristán y Aitana Sanchez-Gijón. Sacristán ejerció una vez más de sí mismo. Aitana estuvo más comedida, aún era casi una adolescente que empezaba a despuntar y dejaba disertar al maestro. Al acabar la proyección, acudí a la pequeña cafetería que había en lo que entonces era puerta trasera del Palau, que venia a ser el back-stage del Festival.

Yo estaba allí dirigiendo un pequeño equipo (el cámara y yo) que se encargaba de ir “haciendo archivo” para uso interno del festival. Hice este trabajo (temporero, de octubre en octubre) entre el 84 y el 89 y guardo unas cuantas buenas anécdotas, pero las dejo para otro día.

A lo que iba: en la cafetería nos juntamos varios medios de comunicación, Sacristán y Aitana, Marceline y mi cámara y yo. Todos se lanzaron micro en mano hacia los dos personajes más mediáticos: Aitana sonreía con prudencia mientras Sacristán sentaba cátedra. A Marceline se la dejaron olvidada en un extremo de la barra. No era nada glamurosa, con casi 70 años y vestida como una ama de casa de clase media-baja francesa. Las cámaras de los medios generalistas se iban todas hacia Aitana, bellísma. Así que, como era mi trabajo y además me apetecía, me la llevé a un lugar más tranquilo (a Marceline, no a Aitana) y le grabé una entrevista que andará por ahí perdida en los archivos, si es que aún existe la cinta. Y aún tuvimos tiempo y ganas de seguir charlando un rato, con la cámara ya apagada. De aquella charla saqué alguna conclusión intersante. Bueno, me estoy yendo por la ramas: hoy queria hablar de Joris Ivens.

Joris Ivens nació en Nimega en 1898 y era hijo de un comerciante de artículos fotográficos. Así que tuvo muy fácil el acceso a un tomavistas cuando aún era un crio. Sus biógrafos dicen que terminó su primer film a los 13 años, aunque yo no lo he visto. Ivens estudió Economía y Química, con idea de hacerse cargo del negocio familiar. Pero también, muy jovencito, fue uno de los fundadores de la Filmliga holandesa, una especie de federación de cineclubs. La Filmliga consiguió traer como invitados a su sede de Amsterdamm a cienastas como los soviéticos Eisenstein, Pudovkin, Vertov, pero también a Alberto Cavalcanti o René Clair.

 

En 1928, Ivens dirigió El Puente, un poema visual al estilo de aquella época (recordemos Berlin, sinfonia de una ciudad) y su primer trabajo de envergadura.

Tan sólo un año después rodó Regen (Lluvia), un precioso recorrido por las calles de Amsterdamm bajo la lluvia.


Algunos críticos han señalado que estas dos primeras obras de Ivens son puramente líricas, sin ningun contenido social como las de sus maestros soviéticos. Pero estas dos películas llamaron la atención de Dziga Vertov, de quien se habia hecho amigo en sus visitas a Amsterdamm. Ivens recibió una invitación del gobierno soviético para pasar algún tiempo en la URSS y rodar allí algun documental. El fruto de aquel viaje fue Komsommolsk, acerca de los trabajadores del carbón y el acero en Magnitogorsk. Ivens volvió de la URSS conevertido al comunismo y con una idea clara: su trabajo iba a ser el documental social. En 1933 rueda en Belgica Misère au Borinage  acerca de una fracasada huelga de mineros en una de las zonas más pobres de los Paises Bajos.

 

Poco a poco Ivens va consolidando su prestigio como documentalista comprometido. Y, pese a su reconocida militancia comunista, recibe, en 1936, una invitación a trabajar en los Estados Unidos. Su anfitrión es Pare Lorentz, el cineasta de cabecera de la administración Roosevelt. Lorentz tiene en su haber un excelente documental sobre los efectos de la Gran Depresión y la sequia que la siguió, entre los campesinos pobres del Medio Oeste: The plow that broke the plains.

 Allí, Ivens conoce a Hemingway, Lillian Hellman, Flaherty y John Dos Passos. O sea, el ala izquierda de los intelectuales americanos. Con ellos funda una sociedad, Contemporary Historians, con el objetivo de producir una película que relate la lucha del pueblo español en su Guerra Civil, acabada de empezar. El presupuesto, 2.000 dólares, es muy modesto aún para la época. Ivens viaja a España acompañado de Hemingway. En principio se pensó en Orson Welles como narrador del film, pero a Ivens le pareció excesivamente teatral y prefirió a Hemingway.

The Spanish Heart (Tierra de España)  junto con Le Spoir -Sierra de Teruel (de Malraux), son los dos grandes films de la Guerra Civil Española. Ivens no sólo refleja la lucha de los milicianos en el campo de batalla, sino sobretodo, el esfuerzo de los campesinos por consolidar la revolución en la retaguardia. Para muchos críticos es la cumbre de su filmografia, que no es pequeña. No sabria decir si estoy de acuerdo: como nieto de aquellos milicianos y campesinos, la carga emocional de Tierra de España me resulta demasiado grande para juzgar.

En los 40, Ivens trabajó junto con Frank Capra en el Departamento de Defensa… Me estoy dando cuenta de que pequé de optimista al proponerme resumir en un artículo la vida y obra de Joris Ivens. Para abreviar diré que, tras su época con Capra, viajó a China, en donde documentó la revolución acompañando a Mao en su Larga Marcha. (400 millones). Con Ivens viajaron Robert Cappa, como operador, y un joven Sidney Lumet como ayudante. Aún volvió a China en los 60 y 70 para asistir a la Revolución Cultural. Y ya en los 90, para rodar la preciosa Histoire du vent.

Ivens fue el cronista de todas las grandes revoluciones del siglo XX. Rodó (clandestinamente, lo que le supuso la retirada del pasaporte holandes durante años) la lucha por la independencia de Indonesia (Indonesia calling ). Realizó tambien documentales sobre la guerra de Vietnam, (entre ellos Paralelo 17), residió y trabajó en todos los paises del Telón de Acero… inacabable.

Simplemente citaré una película que me gusta especialmente, À Valparaiso, rodada en Chile en 1965 . Ivens habia sido invitado a Chile por Salvador Allende, al que había conocido en Cuba, para rodar El tren de la victoria, sobre la campaña electoral de Salvador Allende. Pero una vez allí se sintió fascinado, se dice que por sugerencia de Pablo Neruda, por Valparaíso, el gran puerto del pacífico y su ciudad edificada sobre 42 colinas. La ciudad, aunque bellísima, habia sufrido un empobrecimiento general que habia dejado en la miseria a la mayor parte de sus habitantes. En Chile tuvo como ayudante a Patricio Guzmán, quien tiempo después seria uno de los padres del moderno cine chileno.

Desde finales de los 50 se había instalado en París. Allí conoce a Marceline,  treinta años más joven, que se convierte en su ayudante y compañera del resto de su vida. Y rueda uno de sus escasos trabajos no políticos: El Sena encuentra a París, en la línea del documental poético con el que habia dado sus primeros pasos en los años 20. El texto que acompaña este fragmento es un poema de Jaques Prévert, recitado por Serge Reggiani.

Joris Ivens y Marceline continuaron trabajando hasta el final, dejando films como el monumental (dura 763 minutos) Cómo el Yu-Kong desplazó las montañas, rodado en China un año antes de la muerte de su amigo Mao Tse Tung. Y en China también se rodó el film del que os hablaba al principio, Une Histoire du vent. Ivens estaba ya cerca de los 90 años cuando se planteó este original reto: filmar el viento. Entre tantas imágenes de tantas guerras, Ivens volvió a un recuerdo infantil, su fascinación por el viento. Normal en un niño holandés criado a la sombra de los molinos. Pero casi todo el metraje se filmó en China (en el desierto de Gobi y otros emplazamientos). Durante el rodaje en Gobi se tomó esta bellísima fotografia:

Ivens, plantado sobre una duna, deja que el viento de Gobi mueva su cabellera blanca. Creo que es una de las mejores imágenes de la serenidad de un hombre que siente la muerte cerca, la suya propia, tras haber visitado con sus cámaras tanta muerte ajena.

Une histoire du vent, que sepa, sólo tuvo una proyección en España: aquella a la que tuve el privilegio de asistir en la Mostra. La sala estaba medio vacia. Recuerdo que andaba por allí también Sigfrid Monleón. A la salida nos saludamos y comentamos nuestras impresiones: los dos estábamos emocionados con aquella bellísima obra póstuma (estábamos en octubre e Ivens habia fallecido en junio).

Y unos minutos después de aquella première estaba donde os conté al principio, Con Marceline Loridan, Sacristán y Aitana. Dejamos a los dos famosos atendiendo a la prensa y yo me quedé charlando con Marceline. Estaba absolutamente conmovido con lo que acababa de ver (de Ivens en ese momento sólo conocía Tierra de España).

En el 89 yo estaba pasando una de tantas malas rachas de trabajo (aunque algunas chapucillas como esta colaboración con la Mostra me permitían ir tirando). Pero estaba muy, muy cansado y deprimido y pensaba, muy seriamente, en tirar la toalla y dedicarme a otra cosa. Pero después de ver el vigor – ¡y la dignidad!- del viejo Ivens a sus 90 años… sentí como una especie de envidia. Me gustaria ser como él, llevar una vida así… lo pensé pero no dije nada.

Pero, como si Marceline adivinase lo que estaba pensando, me estuvo contando que, ni siquiera para un genio tan reconocido como Ivens, la vida no fue, no podía ser, cómoda. El estar sentado hoy a la mesa de Roosevelt no te libra de recibir mañana un tiro en Vietnam (¡que se lo cuenten a Cappa!), que viajar a China siendo amigo de Mao no significa que no tengas que luchar contra la burocracia para sacar adelante tu proyecto…

La película, aquella conversación… me decidí a darme un margen y aguantar un poco más, a ver si las cosas mejoraban. La intuición fue correcta: un par de semanas después me hacia cargo de mi primer programa en Canal 9 y vinieron unos tiempos de bonanza. Tampoco podía sospechar entonces que, justo dos años después, yo también andaría por los caminos de Asia, con una cámara en la mano. Me acordé mucho de aquella pareja en las noches junto al fuego en las aldeas del Himalaya. Y pensé que, quizá, sin ése encuentro, yo habría terminado muerto de asco trabajando en una oficina. Por eso, decía al principio, me siento en deuda con ellos.

Eso fue todo. De Marceline no he sabido nada más. Aitana sigue estando buenísima y Sacristán sigue sentando cátedra.

2 pensamientos en “JORIS IVENS: EL VIEJO QUE QUISO FILMAR EL VIENTO

  1. Fantástico post. Prometo ver todos los videos que has enlazado. Conocía “Tierra de España”, pero poco más de la obra de Joris Ivens. Gracias por ilustrarme tan interesante mirada 😉

    Como siempre, un lujazo leerte

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