LA PRIMERA ILUSIÓN

Javier Meléndez Martín es guionista desde hace dos décadas, aunque el IMDB no recoja todo lo que ha hecho. Su último trabajo reconocido fue la tvmovie VIOLETAS, ganadora de dos premios y dos menciones. Publica un excelente blog sobre guión: La solución elegante. Y desde hace meses se pelea con una novela.

por Javier Meléndez

Un enamorado del amor no conoce períodos de duelo. Entierra una decepción con una nueva conquista. Los besos son como acabados de hacer y los “te quiero”, chocolate caliente. El cínico piensa que cada amor es un pasarratos o un fraude inminente.

El guionista ilusionado con la vocación es el enamorado del amor. Cada proyecto, por pequeño que sea en medios, en intenciones o en recompensa económica es el gran proyecto: “Este trabajo es importante; el que me hará famoso”. (Todo lo famoso que pueda ser un guionista).

El guionista enamorado se permite ser ingenuo. Por supuesto que no volverá a trabajar con un compañero traidor o con un productor que tardó siete años en pagarle 1.000 euros, pero querrá creer mentiras parecidas en boca de otras personas. Escuchará zumbidos de luces de neón y dirá que todo le parece fabuloso con una auténtica sonrisa de oreja a oreja. Uno o dos meses después pensará: “¿Cómo va a contratar ese tío a Keira Knightley y a Bruce Willis si no puede adelantarme 1.000 euros?” (El guionista ilusionado reclama el pago simbólico por correo electrónico. No quiere que le digan a la cara que pide un imposible. Por correo electrónico las respuestas tardan demasiado en llegar).

Pronto llegan otras ilusiones: un monólogo para un amigo actor, un corto entre colegas, una conferencia en un instituto de secundaria, guiones para una webserie… Inyecciones de sueños. Son necesarias. Cuando faltan las ilusiones el guionista piensa en conspiraciones mundiales; lee blogs y foros de guión con la escopeta cargada (“¿Y tú eres guionista? Tu frase es una patada a la gramática”); se queja de las subvenciones ajenas; de los premios de los demás y se lamenta no ser americano para trabajar en la HBO.

El guionista de raza y el que ha madurado no se permite el desasosiego ni la envidia porque sabe que no es sano construir sueños contra alguien. Si los demás no le hacen soñar, él alimentará sus esperanzas. Coge unas marionetas de dedo y hace videos para YouTube, se plantee escribir un “bestseller” o comienza un blog. Necesita escribir lo que sea. Quinientas palabras cada día. Si no escribe sabe que morirá aunque coma y pague las facturas; sería una sombra de persona.

En el momento más bajo de ánimo y en el momento más silencioso de la noche, recuerda cómo empezó en la cosa de los guiones… Era un niño que escribía cuentos. Un día descubre que alguien escribe las películas: se llama guionista. Quizá lo sabe con “El crepúsculo de los dioses” o “Cautivos del mal” (¡Qué paradoja!) Y emborrona folios en una Olivetti para hacer su película sin saber qué es un formato de guión. Ahí está la primera gran ilusión con el cine y las palabras que lo hacen. Las ilusiones que siguieron y las que vendrán son los ecos de aquella infantil, pero a menudo se viven con la misma intensidad.

18 pensamientos en “LA PRIMERA ILUSIÓN

  1. Hola Javier de nuevo! En esta ocasión debo admitir que te has puesto demasiado tierno, pero me gusta esa última parte donde haces referencia a tu infancia. Porque ahí es donde reside la clave, o más bien la llave, para abrir ese mundo que queremos ofrecer a los demás a través de nuestra mirada.
    En mi caso, mi padre tenía un video club (beta y vhs) y mi madre estaba inscrita en el circulo de lectores. Si haces la suma, ya sabrás de dónde vengo, y no hay un día que no tenga un recuerdo de aquella infancia llena de films ochenteros y libros del club de los cinco… Saludos!!!

  2. Bien, bien!!! Javi, la sacaste por encima de la barda… Hoy, al leer este articulo, me hiciste sentir “eso” que solo se siente cuando el anestesista decide hundir suavemente el embolo del sedante; supiste donde hundir ese milímetro de acero, justo ahí, en aquel trémulo y opaco rincón donde “había dejado olvidado” mucho de lo que me movía hacia mis sueños, donde veo (con grata sorpresa) que aun viven varios trozos “de todo eso” que alimenta los recuerdos de infancia… y de adolescencia… y de adulto… thanks a lot

  3. Javi, eres un cracks, sigue así, serás famoso pero deberas dar con gente más honesta o bien espabilarte tú. Escribes muy bien con lo cual, porque no escribes novelas? o como dices, cuentos para niños o create un block…. yo qué sé, solo quiero que mi montse y tú triunfeis.
    un saludo y besitos.

  4. Se repiten los temas (http://elinquilinoguionista.blogspot.com/2010/11/el-guionista-ilusionado.html) pero no los estilos. Es como en las pelis: cada escritor tiene su visión. Se podrá imitar, pero nunca copiar. Eso es lo verdaderamente interesante de ser guionista, y seguro también, es lo que nos engancha: encontrar la originalidad y la voz, en lo ya dicho cien veces. Es casi como volver a leer el mismo libro cien veces, donde todo se repite, con la salvedad que cada nueva lectura está firmada por un autor distinto…
    Al terminar tu artículo sentí que se cerraba un telón, y me dieron ganas de aplaudir.😀

    • No sea suspicaz, Javier. Seguro que al final lo hizo, pero como sólo puedo hablar por mi misma, le diré que me parece un post muy tierno y acertado.
      Uno se puede permitir el lujo de perder muchas cosas, pero nunca la ilusión.

      • Hola, Regla, en absoluto soy suspicaz. Inquilino y un servidor somos viejos conocidos virtuales. Me gusta leerle en su blog y suelo comentar sus entradas. Lamento si se ha malinterpretado, mi frase.

        Gracias, Regla, por tus palabras.

      • Soy yo la que lamento el malentendido y la intromisión, Javier. Es cierto que había malinterpretado su frase, pero no el comentario de el Inquilino, ni en sus palabras, ni en su tono. En cualquier caso, he pecado de imprudente e impulsiva y le pido disculpas por ello.

    • Discrepo, Javier. Sí que es necesario. Sin embargo, estoy de acuerdo y me causa muy buena impresión lo que dice después. Gracias.

  5. intuyo que alguien debería pedirles permiso para utilizar su intercambio de suspicacias, disculpas innecesarias y discrepancias en acuerdo
    para usarlas en un guión como inicio de una historia de amor
    en formato comedia romántica

  6. Qué silencio más sepulcral, Javier. A ver si don Cristote lo decía en broma y ahora no sabe donde esconderse. También estaría bueno.
    En cualquier caso, quería decirle que le he echado un vistazo a su blog y me ha causado casi mejor impresión que sus palabras del otro día. Intuyo que puede ser una buena fuente de estímulo para cualquier intelecto que se precie. Todavía estoy en ello y no puedo decirle más, pero le advierto que, si estoy en desacuerdo con alguno de los artículos o pienso que no lleva razón en lo que dice, como Paco Martinez Soria en don erre que erre, voy a ser implacable (Paco ya sabe poque lo digo) Quien avisa, no es traidor.
    Da gusto tener tan buenos amigos en la blogosfera o en la inmensidad de internet, y seguir encontrando otros nuevos (que también tienen blog) cuando no los buscas, ni los esperas.

    Un abrazo.

  7. PD- Sólo un apunte que me había dejado para Martín. (Gracias por el detalle de corregir el otro día aquello de “hechar de menos”)

  8. Javier, estoy convencida que este texto, aunque pasen 20 años seguira teniendo esa esencia y ese valor de verdad, imprescindibles, por otra parte para que se alcance ese grado de imperecedero, que nunca pasará de moda. Es lo que suele ocurrir con las grandes obras de la literatura universal, de la música y del cine. Esos clásicos que seguimos conservando en nuestra memoria y que nunca pueden ser suplantados por las novedades del momento, por necesarias y vanguardistas que resulten a veces. Simplemente, no consiguen llegar a la altura. Al releer este texto, como sucede con los buenos libros o las buenas películas, siempre se encontarán matices nuevos, nuevos significados y distintas formas de entender la relidad circundante.
    Al lerelo, siempre se encontrará un nuevo valor de verdad en alguno de sus párrafos o en alguna de sus líneas. Como la gota de rocío que se introduce en el brillante mar. Por muchos años que pasen, lo conservaré siempre en mi memoria.

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