LA DRAMATURGIA DEL ACTOR Y LA ACTUACIÓN DEL DRAMATURGO

Alberto Rojas Apel es guionista y actor. Y combina de maravilla las dos facetas en Argentina. Como actor lo hemos podido ver en los films de Ezequiel Acuña y de otros directores argentinos. Como guionista, aparte de trabajar con Acuña, fue uno de los encargados de adaptar para la televisión argentina la serie “Aquí no hay quien viva”. Hoy nos habla de cómo combinar las dos facetas y porqué es importante tener nociones de interpretación para un guionista.

por Alberto Rojas Apel (Firma invitada)

Soy guionista. Soy actor. No sé a quién quiero más. Las dos cosas empezaron a la vez y ni siquiera por firme decisión, sino porque me fui dando cuenta de que ser director era bastante complicado. Por ahora jamás tuve que elegir entre una de estas ocupaciones. Afortunadamente las pude combinar. Y en esa combinación noté que la escritura y la actuación se complementaron para enriquecerse.

Como este es un blog de guión me voy a centrar en analizar cómo ser actor me modificó como guionista. Y creo que me modificó mucho.

La diferencia más evidente apareció en la escritura de los diálogos. Las sentencias contundentes, sagaces e ingeniosas con las que me encantaba lucirme, se volvieron frases coloquiales, humildes y mucho más reales. Decirlas en voz alta, actuándolas, me hacía darme cuenta de qué tan fáciles o difíciles iban a resultar para un actor. Y así también podía encontrar tonos o subtextos o hasta silencios que antes jamás se me hubiesen ocurrido. Al mismo tiempo se comenzó a prender una luz roja en cada párrafo meramente expositivo o forzado. Ya no había que esperar a que el actor no lo pueda decir y pida un cambio, el “escritor/actor” las identificaba y modificaba antes. Además, al poder actuar a cada personaje, se fueron diferenciando más entre ellos en el modo de hablar, adquiriendo estilos, latiguillos, personalidades.

Pero hubieron cambios mucho más profundos e interesantes. Tomo como base una frase del gran dramaturgo y docente argentino Mauricio Kartún: “escribir es hacer una improvisación mental”. O sea que cuando uno escribe debe ser sus propios personajes metidos en las escenas planteadas buscando la forma de conseguir los objetivos. Mientras tanto también habría que ser cronista de esto e ir tomando nota de lo que van haciendo y diciendo estos seres. Una vez finalizada la improvisación se revisa, se evalúa, se reescribe y, si es necesario, se plantea una nueva pasada modificando las circunstancias que haya que modificar para que la escena quede óptima. Este es un proceso que ningún actor desconoce.

Cuando comencé a avanzar en mis estudios de actuación fui notando que me resultaba cada vez más sencillo y natural esto de ser los personajes a la hora de escribir. Cuando solo era guionista mi acercamiento era más mental, más calculado, tomando en cuenta qué le convenía a la historia que haga el personaje, cómo hacía para llegar a donde estaba pautado que tenía que llegar. Seguramente mis guiones estaban mejor construidos que ahora, pero construidos como quien construye una pared, algo frío, llano, liso. Después, cuando empecé a actuar la escritura se fue volviendo más física, más intuitiva, y también más rebelde. A veces mis personajes no hacían lo que yo quería, o no daban la información que necesitaba que den, y ahí me las tenía que ingeniar para que la historia vuelva a encontrar su cauce. O también podía seguir el nuevo relato que se iba desplegando línea tras línea y ver a dónde me llevaba. Como en cualquier improvisación. Con este tipo de proceso los personajes podían no ser obedientes, pero siempre fueron orgánicos.

Una de las primeras cosas que se les enseñan a los actores es a poder meterse en la piel de los seres que van a interpretar. Por algún motivo a los guionistas se les pide que puedan armar las historias y los personajes, pero casi no se habla de la capacidad que tienen para vivir la historia desde los ojos de sus personajes. Escribiendo de esta manera me puedo olvidar de lo que debería pasar en la escena y dejarme guiar por las sensaciones. Y esas sensaciones me van a abrir un mundo nuevo. Quizás la acción importante, por ejemplo una tímida declaración de amor, es interrumpida porque el personaje tiene sed, y quizás por esa sed se va a servir un vaso de agua, y quizás la jarra está muy fría y le enfría la mano y lo comenta, y quizás al comentarlo el otro personaje le toca la mano para ver si es cierto, y quizás en ese contacto físico se miran como nunca se miraron. Y quizás esa mirada es mucho mejor que la tímida declaración de amor que era lo importante de la escena. O sea, escribir pudiendo interpretar al personaje, sentirlo, nos da soluciones que difícilmente puedan surgir solo del intelecto.

Transcribo el guión de fragmento de la película “Austin Powers”, la uno. Escrito por Mike Myers.

DR. EVIL

(a sus asociados)

Caballeros, en exactamente cinco días a partir de ahora, seremos mil billones de dólares más ricos.

(ríe)

Ha-ha-ha-ha.

(un poco más alto)

Ha-ha-ha-ha.

ASOCIADOS

(ríen con él)

Ha-ha-ha-ha.

DR. EVIL & ASOCIADOS

(más alto y más staccato)

HA-HA-HA-HA-HA!

(más alto todavía y todavía más maligno y maníaco)

HA-HA-HA-HA-HA-HA-HA-HA!

(pausa)

Ohhhh, ahhhhhh…

(pausa, leve)

Ohhh, hmmmm.

(pausa, muy leve)

hmn.

Hay una pausa incómoda porque claramente deberían haber FUNDIDO A NEGRO. Todos miran a su alrededor, sin saber bien qué hacer.

Acá va el link a la escena de la película. Si no la viste, es el momento.

Obviamente es muy difícil de asegurar, pero yo considero que un momento así surge más fácilmente de alguien que puede meterse en la piel de los personajes. No es un remate de ingenio en los diálogos o en las situaciones. Es una solución actoral. Que ya estaba en el guión. Escrito por un actor.

Cotidianamente me enfrento a situaciones de escritura que mi parte “guionista” no sabe cómo resolver. Ahí le dejo paso a mi parte “actor”. Que escriba tranquilo. Ya vendrá el guionista a corregir y a revisar si funciona o no funciona. Muchas veces el actor encuentra las mejores opciones, porque son opciones vivas. Me hace acordar a esos videojuegos sobre carreras. Los buenos jugadores van maniobrando el auto y esquivando los obstáculos que aparecen en el camino, pero nunca descuidan, en un ángulo de la pantalla, el mapa con la totalidad del circuito, las curvas, y los demás competidores. O sea, van entrando y saliendo a cada momento.

Con esto no quiero decir que estudiar actuación sea imprescindible para ser un buen guionista. Seguro que todo ayuda: estudiar fotografía o montaje también deben abrir aún más el abanico de soluciones a los problemas de escritura. Sólo estoy contando mi caso. A muchos puede no servirles. Pero cada uno sabe cuál es su flaqueza a la hora de escribir. Y si esa flaqueza tiene que ver con no poder vivir la historia desde los personajes, ni lograr una escritura sensorial, yo recomiendo altamente estudiar un poco de actuación. Para dejar de escribir solamente con la cabeza, y hacer que entre un poco más el corazón.

Además, y como para ir terminando, si somos actores, la gente, el público en general, puede empezar a conocer nuestra cara por primera vez y así salimos de este anonimato tan espantoso del guionista. Y no finjamos que eso no nos importa. Este es un blog de guionistas, estamos en confianza. Nos importa. Lo lamentamos a diario. Por eso, quizás esta sea la mejor de las ventajas y todo lo anterior lo puse solo para no parecer tan superficial. Es muy probable.

Un pensamiento en “LA DRAMATURGIA DEL ACTOR Y LA ACTUACIÓN DEL DRAMATURGO

  1. Me quedo con la frase: “Decirlas en voz alta, actuándolas, me hacía darme cuenta de qué tan fáciles o difíciles iban a resultar a un actor”. Sin duda, es una buena costumbre al escribir que facilita el trabajo del actor y guionista en ambos sentidos, beneficiando a la construcción e interpretación de la propia história. No me sorprende que le sirva, Alberto. Conocer las dos caras de una misma moneda amplía su campo de visión y le confiere un valor añadido, para afrontar las dificultades que puedan plantearse en la escritura.

    Sin embargo, al actor, se le exige cierta versatilidad en la interpretación de los distintos papeles y en los cambios de registro. Sencillamente, es su trabajo. En teoría, y en función del papel asignado, un actor debería disponer de recursos para saber trasmitir la frialdad o la calidez de una determinada emocion. Y no importa que le hayan puesto en su boca unas frases elaboradas o desgastadas por el uso, es él quien las canaliza y las materializa, dándoles significado y autenticidad. De hecho, un mismo diálogo interpretado por actores distintos tendrá también un efecto distinto en la ficción. Algunos actores lo bordan. Otros, no. Y en este punto, el guionista no tiene nada que hacer.

    En cualquier caso, la esencia del texto me ha parecido muy inspiradora y nunca está de más ponernos en el lugar del otro. Gracias por compartirlo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s