RETRATO DE GUIONISTA CON JARDÍN AL FONDO

por Paco López Barrio

No sabe qué quiere ser de mayor. De viejo querría ser poeta chino de la Dinastia Tang. Quizá por eso ha plantado un melocotonero a la entrada de la casa en que suele pasar los veranos. Por ahora, de poeta chino sólo tiene las barbas canosas y un cierto desaliño. La mirada aún la está entrenando, pero no es fácil. Menos es nada.

De joven no le entusiasmaban los jardines. Prefería un buen bosque de montaña, a ser posible herido por el rayo (y si fuese el rayo que no cesa, mejor aún). Detestaba las tapias, aunque no dejaba de reconocerles su encanto cuando cargaban sobre sí el peso de un jazminero.

Lo suyo era viajar y vivir para contarlo. Orgulloso a su manera, prefirió siempre un buen documental a una ficción mediocre. Se sentia feliz cuando embarcaba con el equipo y los compañeros. Algunas veces se fue muy lejos, otras muy cerca, pero siempre con la alegria del explorador que le habria gustado ser si hubiese nacido en tiempos de la Reina Victoria (God save!).

Pero también disfrutaba encerrándose en una sala de edición con montones de cintas de brutos. Y era feliz cuando encontraba la mejor música para ambientar la mejor secuencia. Con el tiempo fue dejando de lado su faceta de realizador para concentrase en los guiones. Compensó esta ¿pérdida? adentrándose en otra espesa jungla: la ficción, a la que le fue cogiendo el gusto ya casi cumplidos los 40.

Quizá porque la ficción no obliga a viajar, más que interiormente, aprendió a disfrutar de aquel jardín que era suyo y al que le habia hecho tan poco caso antes. Entendió que, de no ser por las tapias, no habrian existido Decamerones, ni Milesyunanoches. El “hortus conclusus” del que hablaban los manuales de literatura se le reveló como un territorio propicio para los cuentacuentos (no somos otra cosa, aunque le busquemos nombres con más empaque). En este cambio de punto de vista le ayudó el ser padre (aunque tardío). Un dia tuvo que explicarle a su hija porqué unas hojas tenian bordes dentados y otras no y cosas asi. Y ya fue un no parar… Pero ganó algo a cambio de estos interrogatorios: las preguntas de los niños siempre obligan a mirar de nuevo cosas a las que ya no hacias caso desde que tú mismo eras niño.

Entre unas cosas y otras, perdió el afán compulsivo del viaje. Cada vez necesitaba menos salir afuera a encontrar mundos reales que enseñar y los fue sustituyendo por otros mundos inventados. Descubrió también que preferia el humor al drama, pero esa es otra historia.

Ahora cuida el jardín: barre las hojas secas (y hasta se ha comprado un aspirador de jardín, para rematar bien la faena). Poda las ramas que molestan, limpia las malas hierbas (maldita esparraguera que lo invade todo y pincha sin piedad). Lo hace siempre con el teléfono cerca, por lo que pueda pasar.

Pero lo cierto es que el verano siempre ha sido para él una mala época y rara vez suena el móvil en esos meses. Sólo una vez le sacaron de la piscina para preguntarle si estaba dispuesto a marcharse ya a la Argentina, para hacer un documental que le dejó un recuerdo agridulce y unas enormes ganas de volver, pero en mejor compañía (nunca trabajes, por mal que estés, para un productor psicópata). Pero de eso hace ya tiempo.

Este verano, como de costumbre no sonó. Pero lo realmente preocupante es que tampoco había sonado en los meses anteriores. Ni, por ahora, parece que vaya a sonar a medio plazo. Las cosas estan, muy pero que muy chungas. Para eĺ y para todos. También ha tenido algunas alegrias, no vayais a pensar… el jazminero, que llevaba años sin decidirse a crecer, de repente parece un adolescente salido y el olfato lo agradece.

Aún así, cada dia, se echa el teléfono al bolsillo, mientras se encarama a una escalera para reparar el brezo de la valla. Por lo que pueda pasar. Su hija, ya crecida, sigue haciendo preguntas. Pero mas incómodas que antes. La que peor lleva es: “Papá ¿cuánto hace que no trabajas?” Entonces le sale el ramalazo modernista y le apetece contestar: “En la tele y en la guerra, la audiencia sonríe al más fiero de los vencedores”. Pero, como el sarcasmo no está hecho para los niños, se aguanta y calla.

Algun dia estas cosas dejarán de dolerle. Quizá cuando acabe de trasmutarse en poeta chino y todo se la sude, menos las flores del melocotonero. De momento sigue acumulando certezas. La más evidente que el suyo es un oficio tan apasionante como desagradecido. De esto ya estaba avisado. Otra, más íntima, es que sabe que no volverá a caminar nunca más por los senderos del Himalaya, como hizo veinte años antes, con una Bolex de cuerda y un montón de rollos de 16 en la mochila. Ésta ya le costó más creérsela, pero ya está asumida también.

 Lo que ya no tiene tan claro es si, si volviese a vivir, seria guionista (y/o realizador) o jardinero. Por las noches no piensa en ello: se sienta a fumar mientras disfruta del brillo de la luna en las hojas del platanero. Y conversa en silencio con Luciano de Samosata, Cyrano o Meliès. También con Tintín o Julio Verne. Si fuese creyente rogaría por todos los que están, ahora mismo, rodando un documental en algún lugar remoto. Sin darse cuenta se queda dormido, con la ayuda de los grillos. Quizá, mañana sí, le despierte el teléfono.

5 pensamientos en “RETRATO DE GUIONISTA CON JARDÍN AL FONDO

  1. “Un dia tuvo que explicarle a su hija porqué unas hojas tenian bordes dentados y otras no… las preguntas de los niños siempre obligan a mirar de nuevo cosas a las que ya no hacias caso desde que tú mismo eras niño” ¿Porqué este sabio no recoge esas grandes dudas de su hija y le contesta con minidocumentales?¿Porqué no ayudar a saciar toda esa curiosidad y deseo infantil de comerse el mundo? El observa, ellos aprenden, todos viajamos ¡y que le den al teléfono! Luego al app store como un nuevo género y a seguir oliendo esas flores del melocotonero Mmmmm. La sombra sólo significa que hay luz y todos llevamos un gran proyector dentro, enciéndelo y deslumbra😀

  2. Paco, siempre sabe cómo tocar la fibra. Seguro que, esa niña de la que habla, tiene suerte de tener un padre tan sabio.

  3. Pingback: VERANO EN EL PAÍS QUE AHORCABA A SUS GALGOS | GUIONISTASVLC

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