GUIONISTASVLC’s GREATEST HITS: EL AÑO EN QUE DESCUBRÍ QUE EL MUNDO ERA ELÁSTICO

Recordamos en estos últimos días de verano otro emblemático post de Paco López Barrio. En este caso nos habló de la ficción y sus límites.

por Paco López Barrio

El autobús de la foto es el que cubre el trayecto entre Valderreu y L’Alqueria Blanca. ¿A qué distancia están uno del otro? No os molestéis en consultar un mapa de carreteras, ni uno ni otro lugar existen. Aclaro esto último para los lectores no valencianos: L’Alquería Blanca es el pequeño pueblo en donde viven, trabajan, se enamoran… los protagonistas de la serie del mismo nombre, el mayor éxito de la historia de Canal 9, de cuyos argumentos fui responsable durante algún tiempo. Valderreu es un pueblo de la misma comarca, mayor y con muchos más servicios. En Valderreu está todo aquello que puntualmente se necesita y no lo hay en L’Alqueria: notario, gestoría, academias, cuartelillo de la Guardia Civil, casa de putas (la mítica Las Sirenas). De Valderreu solía decir Paco Picó, el productor ejecutivo por parte de la cadena, que es como Macondo: un lugar mítico.

Volviendo a la pregunta inicial, la distancia que hay entre uno y otro. Pues francamente no lo sé, pese a haber sido uno de los guionistas de la serie. Sé que están cerca, pero aún así quedan algo lejos. Sé que están algo lejos, pero aún bastante cerca. Desde luego la biblia preliminar de la serie no aclara esta cuestión. No en km, al menos. Tampoco el visionado de los capítulos nos aclara el tema. En las muchas tramas que han implicado un desplazamiento de uno a otro sitio hemos visto de todo. A veces los personajes han ido allí dando un paseo (y digo “paseo”, no una larga marcha) para tomar un café, ir a una verbena o cualquier otro asunto trivial. En otros capítulos hemos visto cómo asuntos importantes y urgentes, que habrían justificado la caminata, llegaban a frustrarse o complicarse mucho porque dependían de que alguno de los personajes perdiese el autobús y algún vecino le hiciese el favor – o no- de acercarle en coche. Lo curioso es que esto nos desconcertaba más a los guionistas que al propio espectador. En todo el tiempo de emisión no recuerdo ni un solo mensaje en el foro cuestionando esto.

O al menos me desconcertaba a mi. L’Alqueria era mi primera experiencia en ficción de largo recorrido. Casi toda mi vida he sido documentalista y mi única experiencia previa en ficción había sido Benifotrem, una serie de comedia planteada en capítulos autoconclusivos en los que no se repetían ni la mayoría de personajes, ni, mucho menos, los lugares . Nunca habia tropezado antes con esta Ley de la Relatividad Guionística.

Sí tenia mis dudas, desde la primera lectura de la biblia, sobre la credibilidad de algunas cosas. Especialmente sobre la realidad socioeconómica de aquel pueblo. O mejor dicho, sobre la escala a la que estaban hechas las cosas. Pensaba, por ejemplo, en cómo podía ser tan grande la riqueza de la família Falcó siendo el pueblo tan pequeño y teniendo todos sus negocios radicados allí. No me salían los números y el tema me preocupaba. Pero cuando llegué ya había muchos capítulos hechos sin que nadie se hubiese hecho semejante pregunta. Y yo mismo dejé de hacérmela a medida que iba construyendo nuevas tramas: simplemente las cosas sucedían sin que le chirriasen al espectador. Y finalmente dejaron de chirriarme a mi también. Con el tiempo llegué a la conclusión de que esas dudas me venían más por mi visión “sociológica y objetiva” (herencia, seguramente, de los años de documental). Y aprendí que se puede ser verosímil en ficción sin necesidad de ponerse tiquismiquis con detalles que acaban siendo irrelevantes, porque el aliento que mueve la historia es otro, más relacionado con la solidez de los personajes que con la exactitud en la construcción del mundo que habitan.

Mi mapa de tramas para la séptima temporada

¿Queréis saber a qué distancia están realmente L’Alqueria Blanca y Valderreu? Pues os lo diré: están a la distancia que convenga en cada momento. Nunca oiréis decir a un personaje: “está a 2, a 5, a 10 km…” Sí que les escucharéis decir “vamos dando un paseíto a Valderreu y te invito a una horchata” o “por favor llévame mañana a Valderreu o perderé mi casa y mis tierras si no llego a tiempo al banco”. Una distancia inconcreta es mucho más operativa para el guionista, porque le permite acortarla o alargarla según las necesidades dramáticas. Y, creédme, cuela.

Y cuelan cosas mucho más gordas: No sólo en el manejo del espacio, sino también del tiempo. En el tránsito entre la sexta y la séptima temporadas se producía la vuelta al pueblo de Xavi, el hijo de Blanca la de la tienda. Cuando se marchó para estudiar en el seminario tenia unos 12 años. Hasta su vuelta pasaron dos años de tiempo narrativo. Pero cuando volvió, tras comprobar que no tenia vocación para ser cura, Xavi era ya un joven de 18. Xavi había vivido seis años mientras para el resto de personajes sólo habían pasado dos. Este caso si nos creó mucho más “malestar”. Con este tema sí llegamos a sentirnos culpables de hacer “trampas”. Pero la orden para dar entrada de nuevo a este personaje venía de arriba. Temas de casting en los que los guionistas no tienen voz ni voto. Pero lo cierto es que este desfase tampoco le llamó la atención a ningún espectador. Lo que de verdad les preocupaba es si finalmente conseguiría enamorar a Ana, la bella sobrina de Dora.

¿Desídia? ¿Incompetencia? Ni una cosa ni otra. Yo le llamaría más bien “principio de elasticidad del mundo fictício”. Es el mismo mecanismo que permite, por poner un ejemplo conocido por todos, que en el pequeño término municipal de Springfield haya grandes montañas, glaciares, volcanes… pero también playas, desiertos, grandes cañones fluviales… todo el continente norteamericano cabe a muy pocos km de la casa de los Simpsons. El mismo mecanismo que hace que año tras año Bart tenga 10 años y Lisa 8. Cierto que Los Simpsons es una serie cómica y admite estos desfases con naturalidad. Incluso se bromea con ellos abiertamente y el espectador, en lugar de enfadarse por la tomadura de pelo, sonríe con complicidad y sigue el juego. Pero, aunque no de una forma tan evidente, en prácticamente toda la ficción, hasta la más seria y realista, se puede encontrar el mecanismo. En algunos casos será más exagerado, en otros más discreto. Pero casi siempre, si estamos atentos, se puede ver con qué “elasticidad” se define el mundo fictício.

Creo que pocas historias podrían resistir un análisis hecho desde el rigor del demógrafo o del sociólogo. ¿Cómo de rico significa “ser rico”? ¿Cómo de grande es una gran empresa? Pero no somos inspectores de hacienda. Somos guionistas y/o espectadores y no nos ponemos a hacer ciertas cuentas. Simplemente pedimos otra cosa: emociones, misterios… y, sobretodo, pedimos carácteres.

¿Sabeis a qué me recuerdan muchas veces los mundos de la ficción? A un belén. Una lavandera en el rio y dos patos, tres pastorcillos, un molino y un tipo cagando en un rincón… ¿Es éste villorrio el reino del poderoso Herodes? Pues si, lo es. Y cumple perfectamente su función de “representarlo”. No sólo para los niños. También los mayores “nos lo creemos”. Me creo una guarnición con cuatro romanos como me creo que haya vuelos directos Shangai-Springfield. ¿Por qué me habría de sorprender que Valderreu esté unas veces cerca y otras lejos?

Todo mundo a escala es reducido-estilizado. No sólo en tamaños, sino también en las relaciones y proporciones entre los seres y los objetos que lo habitan. Y el espectador no es que sea un tonto crédulo. Ya sabe que es un engaño, pero nos devuelve el guiño con complicidad y “da su consentimiento” al mundo que le estamos proponiendo. Sin esa complicidad inicial no serían posibles  muchas de las historias del cine ni el teatro ni muchas otras formas de entretenimiento. Porque al fin y al cabo lo que de verdad buscamos, al ser humano y su lucha por la vida, está más allá de todo eso. Si una serie sabe encontrar ese “núcleo duro” de la historia y conectar con el público, como lo ha hecho La Alquería, lo demás pasa a un segundo plano. Tal vez no debería ser así… pero así es. Y-¡milagro!- funciona.

Un pensamiento en “GUIONISTASVLC’s GREATEST HITS: EL AÑO EN QUE DESCUBRÍ QUE EL MUNDO ERA ELÁSTICO

  1. El problema de esa elasticidad es que al final nos pensamos que el espectador traga con todo y ahi es cuando el invento se desgracia. Para mi una de las diferencias entre una obra maestra y la ficcion de consumo diario es que en la obra maestra la ves decadas despues y sigues encontrando detalles nuevos que se cuidaron en su dia, en cambio en las otra descubres detalles para explicar la elasticidad en una clase de guion. Sin olvidar que el espectador no exige tanto a una serie como la Alqueria o el Secreto de Puente Viejo, como a una obra de mayores pretensiones. El problema del cine comercial actual es que en obras para las que que se generan grandes espectativas luego no cuidan los detalles en absoluto.

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