ANÉCDOTA BERLANGUIANA CON BERLANGA AL FONDO

Por Martín Román.

"No, hombre no..."

(“No, hombre, no…”)

A veces nos encontramos con entrevistas a guionistas y directores de historias y personajes estrambóticos que ante la pregunta “cómo construyen sus tramas” responden lacónicamente: escribo sobre lo que veo y vivo. A mí siempre me daba la sensación de no querer profundizar en su respuesta o no tener ganas de analizar su propio estilo, cosa por otra parte nada criticable. Para analizar ya están otros. Pero, después de vivir la anécdota que voy a contar, creo que hay gente que tiene un imán para atraer cierto tipo de situaciones.

Debía ser el año 2002 o 2003. La FIA y la UIMP de Valencia organizaban el seminario “Encuentro con Lola Salvador”, guionista y productora de prestigio, a lo largo de un día completo. Algunos de mis compañeros la habían tenido como profesora y hablaban maravillas. Yo que no había tenido esa oportunidad decidí apuntarme para tener la oportunidad de conocer un poco mejor su trabajo. Además, el estreno de Salvajes, era reciente y en el Encuentro también iban a participar Carlos Molinero (director), Jorge Juan Martínez (guionista), Marisa Paredes (actriz) y Luis García Berlanga (director). No hacía falta más alicientes.

Lamentablemente, la mañana fue bastante anodina. Más que un encuentro se convirtió en un homenaje y un canto de loas, merecidas, no lo dudo, pero los alumnos estábamos interesados en conocer otros aspectos más profesionales y menos personales. No pretendo ofender a nadie, espero que no se me malinterprete. En la FIA participé en muchos cursos interesantes. Y respecto a los ponentes, supongo que al estar entre amigos se dejaron llevar por su amistad y trataron temas que les interesaban a ellos. A cualquiera le puede pasar…

Así que llegó la hora de la comida. Los antiguos compañeros de Máster de guión decidimos buscar un bar de menús barato que regaran el menú con abundante cerveza y vino. Nos quedaba el aliciente de la tarde. El maestro Luis García Berlanga iba a participar en las ponencias. Quienes ya habíamos tenido la oportunidad de escucharle alguna vez sabíamos que iba a ser interesante. Escucharle a él era como escuchar a José Luis Sampedro, jóvenes de mucha edad, sabios, humildes y con sentido del humor.

En el camino de vuelta al Palau de Pineda, sede de la UIMP, yo me encontré en la terraza de un café a un amigo. Él estaba acompañado de una chica a la que me presentó como Cristina, quien a modo de saludo, me dijo: “¿Me puedes dejar un euro?”. Yo me quedé perplejo unos segundos y cuando me repuse respondí que no. Al preguntarme mi amigo dónde iba le conté que me dirigía a una charla con Berlanga. Entonces me dijo que Cristina hacía cortos y le interesaba el cine. Ella empezó a hacer preguntas: si había que pagar, que a qué hora… Respondí rápidamente mientras me alejaba, tras su interesado saludo no me apetecía nada que se me pegara.

Pero no fui yo el único que tuvo un encuentro interesante entre el bar de menús y la UIMP. Antoni Castelló “Fili”, que tiene un don para encontrar a gente peculiar y poner a los demás en situaciones inteligentemente incómodas, se puso a charlar con un borrachín del barrio del Carmen.

Los ponentes de la tarde iban a ser Carlos Molinero, Jorge Juan Martínez, Lola Salvador, Joan Álvarez (director de la FIA) y Luis García Berlanga. Junto a ellos también estaba sentada la hija de Lola Salvador. Cuando entramos en el aula donde se iba a desarrollar en encuentro descubrí que tanto el borrachín como la tal Cristina habían entrado en el aula, además se habían sentado casi el uno junto a la otra. Fili estaba junto al borrachín quien en un momento se levantó y cogió una flor del centro de mesa en el que se sentaban los ponentes. (Lo denomino borrachín porque me parecía una mezcla entre el Luis Cigés de “Así en la tierra como en el cielo” y el Manuel Manquiña de “Airbag”). El borrachín le decía a Fili “¿Te has fijado?, Berlanga sólo habla cuando yo lo miro”. Entonces lo miraba fijamente hasta que el director empezaba a hablar. El borrachín volvía a mirar a Fili satisfecho y de tanto en tanto le lanzaba al maestro algún pétalo de la flor que había robado.

Estando en un encuentro con Lola Salvador era inevitable hablar sobre “Las bicicletas son para el verano”. Momento en que Cristina hizo su aparición estelar y, no sé muy bien por qué, realizó una diatriba sobre la educación franquista y lo que eso había atrasado el país y la sociedad. Si bien podíamos estar de acuerdo con ella, el tema no era que queríamos tratar y además exponía sus argumentos a gritos. El borrachín, quizá molesto por los gritos, se levantó. Lo seguí con la mirada y vi cómo se sentaba al final de la sala tras Germán un compañero que estaba sentado en su silla de ruedas eléctrica. Nada más sentarse tras él, el borrachín alargó su mano y la posó sobre el hombro de German. Éste, al sentir su espacio vital invadido accionó el joystick de su silla y avanzó medio metro dejando el brazo del borrachín en una especie de saludo fascista que poco a poco fue perdiendo vigor hasta reposar de nuevo sobre sus rodillas. La discusión Cristina fente a Lola Salvador y Joan Álvarez (director de la FIA) que le pedia que se callara o se marchase iba ganando en decibelios, momento en el cual entró Marisa Paredes en el aula que se quedó de pie justo tras de mí. Yo volví a mirar hacia el frente y de repente vi como las caras de los ponentes se transfiguraban en una mueca de estupor. Me giré y vi que Marisa Paredes también estaba blanca y realmente asustada. No pasaba nada grave, sólo que el borrachín se había levantado de nuevo y, como hiciera antes con Germán, había posado sigilosamente su mano sobre el hombro de Marisa Paredes y se había quedado así, inmovil y callado. La hija de Lola Salvador la llamaba a gritos “¡Marisa, ven aquí!” pero Marisa había quedado paralizada. Cristina seguía exponiendo sus razones y entonces Joan Álvarez, con su voz grave, atronadora y seria, pidió a un trabajador de la UIMP que bajara a buscar a Pascual, el guardia jurado del Palau de Pineda, para que echara a estas dos personas. Pero Luis García Berlanga, con una sonrisa de oreja a oreja dijo: “No, hombre, no. No vaya a buscar a nadie. Estas dos personas son dos actores amigos míos con los que estoy preparando un nuevo proyecto. No hay nadie a quien echar”. Estas breves palabras del maestro sirvieron para apaciguar los ánimos de ambos bandos, como si hubiera estado dirigiendo realmente una escena y hubiese dicho “¡Corten!”. El caso es que lo dijo con tal seguridad que casi me convenció hasta a mí que sabía de dónde habían salido estos dos personajes. Salí de aquella aula pensando que había vivido por una hora de mi vida en una película dirigida por Berlanga.

PD: Valencia es una ciudad pequeña y con el tiempo me encontré algunas veces más con Cristina a la que he aprendido a admirar gracias a este temazo.

2 pensamientos en “ANÉCDOTA BERLANGUIANA CON BERLANGA AL FONDO

  1. …qué borroso lo recuerdo todo, mecachis! …al entrar en el edificio íbamos directos al bar, mi amiguete, Mariam, y no recuerdo quién más, pero eramos los de siempre. De camino al bar estaba el ascensor. Esperándolo estaban Berlanga y Joan Álvarez. Cuando Joan ve a sus queridos alumnos ir hacia el bar nos increpa: “vamos para arriba ya que vamos a empezar enseguida, no os entretengáis”. Como si fuera el papá de todos. El coleguita “borrachin” no se lo piensa dos veces, saluda a Berlanga como si le conociese de toda la vida y se ponen a hablar de fútbol. Cuando van a subir al ascensor Berlanga le presenta a Joan. Joan no sabe si se conocen de antes o no, porque, ante todo, nadie sabe que esperar de Berlanga (nuestro ídolo). Al pobre Joan, además, le sacabas de lo previsto y se bloqueaba. Que día más bonito pardiez, y que buen remedio para la pantomima que -a mi entender- suponía el homenaje a Lola Salvador como guionista.

    Por cierto, en un momento dado, cuando ya estaba todo en su sitio y aquello volvía a ser un homenaje serio para Lola, Berlanga le pregunta a Lola como si nada “¿Tú has escrito algún guión original Lola?” y ella hizo como si repasara mentalmente sus guiones un instante y respondió que NO. Quedó claro todo. Pobre Joan, yo creó que pasó todo el día con el corazón en un puño. Una jornada irrepetible.

  2. Martín, eres un maestro… Fili, tú un crack.
    Gracias por compartir estos momentos. Le hacen a uno reconciliarse con la inutilidad de la existencia.

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