DOCTOR, ¿SE ME HA MUERTO EL GUIÓN?

Él dice que no, pero Raúl Gálvez es uno de los guionistas más reputados y profesionales de la Comunidad Valenciana. Y pese a que cada día duda de su condición de tecleador nato, sus manos han pasado por muchos productos en Madrid, además de haber trabajado para grandes productoras como El Terrat. En Valencia lo hemos conocido por su trabajo en “AutoIndefinits”, “Socarrats”, “Check in Hotel” (entre otros) y últimamente en “Ficcionari”.

Por Raúl Gálvez

 No recuerdo si fue en House, en Urgencias, o en Anatomía de Grey (lo confieso, estuve enganchado a varias temporadas de la serie), cuando en una emotiva secuencia un paciente moría en el quirófano, sin que el médico guaperas pudiera hacer nada por él. En la secuencia siguiente los colegas del doctor mitigaban su frustración con frases como “No te castigues, hiciste todo lo que pudiste”, “lo que te ha pasado es parte de nuestra profesión”, “Ahora estás triste, pero piensa en todos las personas que has salvado la vida”. Nadie cuestionó su profesionalidad. El hecho de perder un paciente no implicaba que el protagonista  fuese un mal doctor o que directamente fuese un falso doctor. Nadie cuchicheó a sus espaldas frases como “No sirve para esto, ha vivido del cuento recetando paracetamol, pero cuando ha tenido a un caso difícil le ha podido la presión”.

Ahora imaginémonos estas mismas circunstancias trasladadas a nuestro fantástico mundillo del guión. Pongamos el caso de un guionista que tiene la mala suerte de fracasar en un proyecto.  Seguramente el guión, todavía no haya ido a parar a la papelera de reciclaje, cuando ya empieza a tejerse sobre su autor, un espeso hilo de sospechas sobre su capacidad como guionista.

Esta introducción, quizás un poco larga, viene a ilustrar, para mí, uno de los mayores problemas que tiene esta profesión: El margen de error, o mejor dicho el escaso margen de error.

Un médico puede lidiar con el fracaso y no pasa nada, incluso un arquitecto puede errar en los cálculos de la prueba de carga de un puente y no pasa nada, sigue siendo arquitecto. Pero ay de aquél que no clave una escaleta en los plazos que toque, o que no escriba un esquetch con un buen remate final. Ése es carne de cañón. Aunque, ahora que estoy escribiendo este post, creo que en parte tiene su lógica, ya que médico o arquitecto son profesiones difíciles, mientras que escribir, como todos sabemos, puede hacerlo cualquiera.

Las acotaciones de un guión, siempre se escriben en presente. De la misma manera nuestra profesión se desempeña en un presente con forma de alambre de funambulista, Da igual los años de experiencia y el currículum que se tenga acumulado, porque cada día es una reválida que el guionista debe superar para vencer el recelo, que por norma general tienen muchos de los que nos contratan; aunque no todos.

Sin embargo, los máximos responsables de sembrar dudas sobre nuestra profesionalidad, en ocasiones, somos nosotros mismos. Un guionista por naturaleza es inseguro. El escurridizo material con el que trabajamos, nos aboca a serlo. En un guión nada es categórico. Lo que funciona en un guión no funciona en otro. Lo que le funciona a un coordinador, no le funciona a otro. Incluso lo que le funciona a un coordinador un día, no le funciona al mismo coordinador al día siguiente. Esto nos obliga a vivir en un carrusel de emociones. Unos días sientes que David Mamet a tu lado es un mindungui. Otros días piensas que no serías capaz, ni de escribir una sola línea de diálogo. La inseguridad es nuestra fiel compañera.

Esta inseguridad emocional, inherente a nuestra profesión, no debemos confundirla con falta de confianza en nuestras posibilidades. La inseguridad, a la hora de escribir un texto debe ser buena. Hace que no seamos conformistas con la primera versión, que nos estrujemos las neuronas para encontrar una mejor opción en la trama que estamos desarrollando, pero nunca debemos caer, ni dejar que nos empujen en la pendiente deslizante de la baja autoestima.

También la creciente precariedad laboral alimenta nuestros complejos. Nos sentimos guionistas sólo cuando nos remuneran. Pero qué pasa cuando no trabajamos y estamos en el paro, o cuando nos vemos obligados a trabajar en otra profesión. ¿Es que perdemos nuestra condición de guionista? , ¿Es que un fontanero pierde el título de fontanero, o sus habilidades cuando está en el paro?

Nadie, ni nosotros mismos, podemos dudar de nuestras capacidades.  Solamente así, creo yo, los que nos pagan podrán tolerar márgenes de error en nuestro trabajo, y podrán juzgarnos como válidos profesionales, tanto cuando abracemos el éxito, como cuando convivamos con el fracaso.

 

2 pensamientos en “DOCTOR, ¿SE ME HA MUERTO EL GUIÓN?

  1. Quanta raó tens, Raül. El post m’ha dut a la memòria llargues converses sobre ego guionístic entre el fum d’un café de Sandro. I la imatge, la regale, per mala. Però sí, tens molta raó. Sobretot en l’oscil·lació de l’autoestima: un dia sóc Billy Wilder; el dia següent, no sóc ni jo.
    En fi, una abraçada de guionista pusil·lànime.

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