CARTA DE UNA CIUDADANA INDIGNADA CON LOS GUIONISTAS

Grom el Único Sanchez-Padilla, sin ser él mismo guionista, es el tipo que más amigos guionistas tiene en Facebook. Entre ellos nosotros. Una de sus clientas (Grom es abogado), conocedora de su buena relación con el gremio, le entregó esta carta para que la hiciese llegar a nuestro blog.

 

 (Transcripción de Grom el Único Sánchez-Padilla)

Buenas tardes, mi nombre es Antonia de Andrade y en primer lugar querría agradecer a los señores de GuionistasVLC el que le hayan dado la oportunidad de expresarse en este su blog a alguien ajena a su mundo; yo no soy guionista, Dios no lo quiera, sino una simple maestra de escuela abnegada y trabajadora, con un modesto sueldo de funcionaria y una desarrollada aversión por los sombreros de hongo. Quiero aprovechar el espacio que se me brinda para denunciar un problema que asola a muchos hogares de nuestro país y del que, en gran parte, es responsable su colectivo.

Las personas normales (las que no son artistas, vaya) tenemos nuestras humildes vidas, construídas pasito a pasito, dentro de los cánones de la moral y las buenas costumbres, temerosas de Dios y de Jorge Javier Vázquez. Sin embargo, en los últimos tiempos la sociedad se ve asediada por las fantasiosas historias con las que el cinematógrafo, la televisión o ese invento del demonio, la interné, nos bombardea día sí, día también. Esas elucubraciones imaginarias, basadas en la lujuria y la concupiscencia, empodrecen nuestros débiles cerebros, haciéndonos caer en desvaríos y alucinaciones monstruosas. Vds., los guionistas, se lanzan a parir desde sus fecundas mentes dramas incestuosos, violentas comedias, thrillers sanguinolentos, series como “El barco”,… productos enfermizos que, con la excusa de entretener, buscan el malformar las mentes de los espectadores con sabe Dios qué oscuro propósito.

El caso de mi tío Alonso, con el que resido en Vigo, es buena muestra representativa de ello. El hermano de mi madre, hombre soltero, cabal, responsable y del Real Madrid – como tiene que ser – era un alto cargo directivo de una de las entidades financieras más importantes de este país. Su vida se resumía en casa, trabajo y prostitutas de alto standing (en ocasiones, todo al mismo tiempo); sus atentados contra el sexto mandamiento quedaban minimizados por un impoluto comportamiento en sus labores profesionales – ¡que elegancia y buen porte cuando despedía a algún empleado, Virgen Santa! -, en su bondad hacia los más necesitados (por regla general, otros banqueros) y en una recta práctica religiosa. Un modelo a seguir por nuestros jóvenes, no como el Bardem ese.

Sin embargo, un aciago día en que mi tío se encontraba postrado en cama por una repentina enfermedad (que luego resultó ser una sífilis de caballo que le había transmitido una de sus secretarias filipinas), mientras realizaba el español acto del zapeo, se encontró con la emisión de la película “La guerra de las galaxias”. Suponemos que por la curiosidad, por las altas fiebres que le provocaba la enfermedad o por la inusitada parálisis corporal que le había causado la enfermedad, la cuestión es que este prócer de la sociedad se tragó de principio a fin el citado filme. Cuando fui a llevarle el cuenco de sopa con aleta de delfín que solía cenar, me lo encontré sudoroso, intranquilo, y con una estúpida sonrisa en la cara; parecía un diputado de Izquierda Unida.

No le di mayor importancia a su extraño comportamiento y lo achaqué a sus achaques, chicos. Sin embargo, el germen de la maldad ya había penetrado en su interior (y me refiero a la película, no a lo de la sífilis): al día siguiente, se vistió deprisa y corriendo y volvió de unos grandes almacenes cargado con las seis películas de la maldita saga hollywodiense. Durante un par de días se encerró en su despacho, dando expresa orden de que no se le molestara. Tanto yo como Sonsoles, la asistente personal de mi tío, pegábamos la oreja a la puerta y sólo oíamos cosas como “Ésta es la nave que corrió la carrera Kesser en menos de doce parsecs”, “Prefiero besar a un wookie” o “Muchos Bothans han muerto para traer esta información, Almirante Ackbar”. En un principio, pensábamos que estaba viendo las películas en catalán y no en cristiano; pero, por lo visto, esos términos pertenecen a la mitología pagana creada por ese irreverente de George Lucas.

Nuestros mayores temores se vieron confirmados cuando se recibió un paquete procedente de EEUU que hizo meter inmediatamente en su despacho: a la media hora salió ataviado con una especie de armadura de plástico blanco y el casco de un motorista con hidrocefalia. Nos apuntó con algo que él llamaba su “pistola bláster” y nos conminó a que abandonáramos que allí no había nada que ver. ¿¡Cómo que no había nada que ver!? La visión de un hombre sesentón, más fibroso que un cargamento de yogures de soja, y con trozos de poliuretano repartidas caprichosamente por el cuerpo era de lo más hipnótico. Para colmo, como luego comprobaríamos, mi perturbado tío se había olvidado de ponerse la malla negra interior y, además de permitir vislumbrar una cetrina piel cubierta de vello, provocaba que sus… “cosas” golpearan contra la pieza que hacía las veces de taleguilla cada vez que andaba. El acabose, vamos…

Nos enteramos días más tarde que había convencido al jardinero – un orondo cubano que respondía al nombre de Pancho cuando le salía de las narices – para que se vistiera de la misma esperpéntica forma y actuara como su “cadete”. Se dedicaban a ir Vigo (a veces  a Santiago)  actuando como si fueran “estontrupes”, los soldados de asalto de la película de marras.

Obvia decirse que en cuanto mi senil pariente y el dirigible de su ayudante salieron de casa, Sonsoles y yo llevamos todos los deuvedeses, figuritas, libros y demás porquería de “Estar Güors” que mi tío había recopilado y le prendimos fuego en el jardín (aprovechando, también quemamos los libros de Marx de cuando pertenecía al Partido Comunista con dieciocho años).

Las noticias que nos llegaban eran desalentadoras: habían amenazado a un grupo de monjitas dominicanas que vendían yemas de Santa Teresa en un puestecito del Mercado de la Solidaridad a grito de “¡Fuera de aquí, malditos jawas! ¡Dejad de comerciar con material robado!”; perseguían los camiones de la basura – afirmaba que era el Halcón Milenario y que en él iba un tal Jan Solo (una verdadera estupidez: en el camión siempre iban DOS basureros…) -; obligó a dos de sus compañeros de trabajo a arrodillarse delante de una foto del Santo Padre Benedicto XVI porque tenían que “rendir pleitesía al Emperador Palpatine”; incluso se propuso viajar a Madrid para detener a Isabel Pantoja (“Chewbacca” la llamaba él)…

No les voy a negar que tenía algunas cosas positivas: de vez en cuando aparecía por casa para ver los partidos del Madrid – no había perdido la cabeza del todo –; yo es que el fútbol lo odio, así que yo lo esperaba ataviada con mi bata-manta (el mejor invento del último siglo) y, haciendo un gesto con mi mano, le decía: “Éste no es el mando que buscas”. El repetía “Este no es el mando que busco” y según entraba, se iba. Por otro lado, en mi familia siempre hemos sido de centro-derecha (porque el voto es secreto que si no les diría que votamos al PP), así que la idea de que mi tío ponga tantas ganas en defender el Imperio, pues hombre, no está mal…

No obstante, y ante los insistentes dimes y diretes, y las miradas de soslayo en el Bingo, hemos decidido tomar cartas en el asunto: he hablado con el “Bachiller” Carrasco – un alumno mío al que llamamos así porque con veintidós años sigue haciendo el Bachillerato – para que se haga pasar por uno de esos “Jedi Knights” y le dé tal paliza a mi tío que o recupera la cordura o palma antes de que los de la Obra cumplan su amenaza y se queden con todo el capital de mi tío. Para empezar, le hemos dicho que la concentración de perroflautas que hay en la Plaza de la Farola no son los de “¡Democracia Listos Ya!” sino un grupúsculo rebelde con aviesas intenciones que pretenden paralizar la construcción de la Estrella de la Muerte. Y mi tío siempre le ha tenido muchísimo cariño a los constructores.

Así que ya saben, muertos de hambre chupasubvenciones, o se ponen a escribir películas que ensalcen los valores católicos que hicieron de España la gran nación que fue, y se dejan de fantasías heróicas trastorna-señores-con-cierta-edad, o les mando a mi tío para que lo aguanten. Por lo visto, el hombre estaría encantado yendo hasta la capital del Turia: dice que en el Ayuntamiento de la ciudad hay alguien muy parecido a Jabba the Hutt…

 

Agradeciéndoles de antemano su atención, reciban un afectadísimo saludo.

3 pensamientos en “CARTA DE UNA CIUDADANA INDIGNADA CON LOS GUIONISTAS

  1. Se me han puesto los pelos como escarpias, Dña. Antonia….Creo que incluso he tenido una alucinación al final. No es posible!!! Se nota que es maestra, una trabajadorra por la culturra, con espacio legítimo en este blog. Pero, seguro que.. ¿en ejercicio?. No es por faltar, pero la hacía yo un poco más antigua, como de otros tiempos.
    Y por Dios, deje de pedirle peras al olmo. Mucho me temo que en este contexto, su indignación y propuesta de mejora social van a caer en saco rojo. Luego diran que obras son amores y no buenas razones…sí, sí, pero a la hora de la verdad y de ponerse manos a la obra, que trabaje Rita la cantaora. Cómo siempre!

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