ESCRIBIR DE DENTRO A FUERA

Joan Grau, nuestra firma invitada de hoy, es uno de los cerebros de El Terrat, la productora fundada por Andreu Buenafuente, no sólo por su tarea como guionista, sino también por su contribución al desarrollo de nuevos proyectos.

por Joan Grau

Aproximación esotérico-experimental a la regla nº 1 de la escritura de guiones

Llevo días dándole vueltas al mantra que repiten todos los cursos y manuales de guión: “escribir de dentro afuera”. Algo que parece obvio, pero que, al menos para mi, ha resultado ser más complejo y difícil de aprehender de lo que imaginaba. He decidido escribir sobre el tema como ejercicio para ordenar mis ideas y fijar una opinión personal. El texto debe ser tomado como un experimento ensayístico teórico sin más pretensión que la de aportar una reflexión más a la profesión desde un ángulo diferente. Lo comparto por si a alguien le sugiere algo.

“Escribir de dentro afuera”

Así como las tradiciones esotéricas tienen su regla oculta “como es arriba es abajo”, los guionistas tenemos nuestra versión de esta regla en la frase: “escribir de dentro afuera”. Su significado básico es que la estructura externa, el diálogo y la acción, lo que se ve y se oye de un chiste, un sketch, una escena, una secuencia, un corto, un largo o un proyecto de programa, es el reflejo de una estructura interna necesariamente velada al espectador y que sustenta el todo. Las mejores historias suelen ser complejas internamente y sencillas en su expresión.

Dicha estructura interna es, en sí misma, la materia prima de nuestro trabajo, la sustancia, el alma de una obra. Dónde realmente se hace el trabajo. Me refiero a las ideas nuevas sobre la vida y el ser humano, y a los efectos que queremos provocar en el espectador. La idea (el principio) debe contener en su seno al efecto (la emoción final). La técnica es lo que nos permite relacionar a ambos, tejiendo el camino con el hilo del conflicto. Se podría decir que el conflicto, a parte de ser la nota musical en la partitura de la narración audiovisual, es la manera de expresar la dualidad implícita en toda idea original. Porque, no olvidemos, que debido a la dualidad inherente de la realidad que vivimos, una idea sólo puede ser definida mediante sus opuestos. Cuando defiendes una “idea pura” caes en la superficialidad o el dogmatismo. O dicho de otro modo, la verdad siempre se presenta en pedacitos.

Por poner un ejemplo de guión, un mapa de personajes en un guión de largometraje. El protagonista representa una idea central. Internamente, le das una contradicción (la dualidad de dos visiones de esa idea en conflicto). Y externamente, creas personajes secundarios que expresan diferentes atributos de la misma idea para que se complementen o entren en conflicto. La idea en estado puro, tu visión personal, no la tiene ningún personaje en concreto, sino que es el resultado de la interacción de todos los atributos, es decir, el resultado del conflicto, que crea un efecto en el espectador (una emoción). Esto difícilmente puede “enjaularse” en una frase. De hecho, me gusta definir una historia como el mecanismo por el cuál podemos “enjaular” una idea para poder analizarla en toda su complejidad.

Por lo tanto, escribir de dentro afuera, implica detectar primero la idea clave (algo inmaterial, abstracto) para poder construir “la casa” a su alrededor, capa a capa; idea base, estilo buscado (efecto), diseño, fundamentos, estructura, paredes, cableado eléctrico, suministros, pintura, muebles básicos, detalles de decoración y “el toque final”. Escribir un guión es subir una escalera en la que los primeros peldaños están hechos de barro y los últimos de oro y rubíes. La idea clave y el efecto buscado son la zanahoria que nos hace perseverar. Y la técnica es el burro sobre el que vamos montados.

Pero, ¿por qué nos cuesta tanto aprender esto? ¿Por qué tantas veces vamos directamente a “los detalles de decoración y al toque final”? Porque los peldaños de oro y rubíes son muy atractivos. A nadie le gusta pisar barro. Reconozcámoslo, muchos guionistas, cuando empezamos, nos consideramos personas ingeniosas, creativas e originales… capaces de escribir oro a la primera. ¿Quién, en su mente, no ha recogido alguna vez el Goya al mejor guión, incluso antes de poner la idea sobre papel?

La autocomplacencia del guionista novel es muy común y habitual y, hasta cierto punto, necesaria al principio, porque cuando empiezas necesitas aprovechar la carrerilla que te da tu propio ímpetu y la confianza en ti mismo para saltar los obstáculos del principiante. Pero llegados a un punto, cuando ha cumplido su función, debe ser sustituida gradualmente por la confianza en la técnica y la autocrítica. Es como el amor adolescente pasional y arrebatado que gradualmente se transforma en un amor más desapegado, reflexivo y, en cierta medida, más amplio e incluyente. Es el mono versus el dolby surround.

En definitiva, el guionista tiene que trascender su lado emocional-pasional y conquistar la mente. El proceso a tener en cuenta para empezar a crear desde dentro debería ser: propósito, emoción e inteligencia (técnica). Es decir, idea a expresar (propósito), efecto a lograr (emoción) y recursos a utilizar para que la idea llegue al efecto (inteligencia-técnica). Lo que en términos ocultistas seria Voluntad, Amor-Sabiduría e Inteligencia Activa y, en términos cristianos, El Padre (la idea), el Hijo (el efecto creado) y el Espíritu Santo (la técnica que los relaciona a los dos). ¡Toma ya! Y me quedo tan ancho. Amén.

La clave es equilibrar esta Santísima Trinidad del guión. Si te centras solo en la idea, puede que no llegues nunca al efecto (la típica peli con una gran idea mal plasmada). Si te obsesionas con la técnica, tienes una idea y un efecto débiles y poco originales (la típica superproducción Hollywood). Y si potencias demasiado el efecto, obtienes una obra vacía de ideas originales e innovaciones técnicas (por ejemplo, un culebrón).

2012, una típica producción de Hollywood focalizada en la técnica por encima de la idea o el efecto.

Volviendo al problema, la autocomplacencia y el ímpetu excesivamente emocional, arrastra al principiante a trabajar focalizado casi exclusivamente en el resultado, en la capa superficial o el “afuera”, olvidando los anclajes que ofrece la tríada creativa desde “dentro”. Tienes un chiste, un diálogo, una escena o un personaje que es la repanocha pero no te das cuenta de que no tienes ni sketch, ni historia ni nada que contar. Y por eso nos encontramos con chistes muy buenos que no encajan en el sketch, escenas brillantes que no aportan nada a la historia o proyectos de programa muy originales sobre papel que hacen aguas a la que les das dos vueltas.

No tienen propósito. No forman parte de un plan mayor. Van por libre y no tienen un alma a la que agarrarse.

Un coordinador, director o productor capacitado se cargará el chiste, la escena o el programa diciendo simplemente que “no encaja”. Y el principiante, que se considera el nuevo JJ Abrams del momento, no entenderá por qué su obra maestra ha caído en desgracia. Y criticará a todos, en vez de reflexionar sobre por qué, precisamente, su mejor idea no ha sido comprada. Es duro de aceptar, pero cuando esto ocurre, lo mejor es convertir la rabia en una reflexión desapegada de la situación. Así, la lección, se revela ante ti con claridad. Aprendes y avanzas.

En resumen, el lobo se carga una bonita casa de madera con un soplido. Construye una casa con vigas de hormigón y resistirá los envites de todos los lobos de la profesión.

“Escribir de dentro afuera”. Fácil de decir y difícil de hacer, al menos para mi. Por eso quiero completar mi reflexión con la que, creo, es una gran lección práctica sobre el tema que nos ocupa. A mi me ha ayudado mucho a entender el proceso de creación y me sigue animando a trabajar para madurar y perfeccionar mi rudimentaria técnica de “escribir de dentro afuera”. Muchos lo conoceréis.

Se llama el “Método de composición“, de Edgar Allan Poe. Es un texto en el que el propio autor analiza al detalle cómo creó su famoso poema “El Cuervo”. Lección magistral de lo que es escribir de dentro afuera, gratis y al alcance de todos. Viva internet y la sociabilización del conocimiento.

Paddy Chayefski

Una escena de Network (1976), con guión de Paddy Chayefski, uno de los maestros de la escritura “de dentro a fuera”.


8 pensamientos en “ESCRIBIR DE DENTRO A FUERA

  1. Una interesante reflexión que va más allá de lo convencional y que trasciende lo puramente superficial en el proceso de escritura, Joan.
    Yo también soy partidaria de qué la historia por si misma se queda en eso, en la superficie. Por ello, es mejor que sirva a la idea que queremos desarrollar y transmitir, junto al efecto que queremos conseguir. Y no al reves. Escribir desde dentro a fuera. Esa idea y ese efecto deben ser la brújula que nos guíe en todo momento para no perder el norte de la história. Mejor que las escenas, secuencias, diálogos…entren por su propio pie y no necesiten ser metidas con calzador. Mejor conseguir que cada una de las piezas que colocamos tenga un sentido de unidad en la ficción, como esas gotas de rocío que se introducen en en el brillante mar.

    la Santísima Trinidad es una buena metáfora del proceso alquímico que expone, porque ese misterio no se resuelve en los manuales, ni siquiera se resuelve en las producciones que consiguen funcionar. Por lo general, suele subyace a ellas, de forma implícita y no explícita.
    Para encontrar el alma de una história que queremos contar y construir, bastaría preguntarnos porqué queremos contarla. Y si no podemos encontrar la respuesta o ésta no nos convence, quizás deberíamos deshecharla y buscar otra.

  2. Y me pregunto yo… ¿Las historias tienen que tener una idea/tema a transmitir? ¿No es también un paso peligroso a las películas, los libros, las narraciones que se pliegan a una idea preconcebida? ¿No es la narración el territorio de las preguntas y no de las respuestas?

    • Si, estoy de acuerdo contigo. Creo que una idea no debe ser una palabra sino una pregunta. Y un gran final es una pregunta que no se responde aunque la hayas perseguido por toda la historia sin dejar ni un solo rincón por husmear. O también, los finales con una pregunta que, cerrándose, genera una nueva y mayor pregunta.

  3. Gracias por este post, y por descubrirnos ese gran artículo!
    Estoy totalmente de acuerdo contigo y me he sentido muy identificado porque ahora estoy en el barro (escribiendo la segunda versión de tratamiento de un largo), y es la parte más puta de la escritura de un guión… al menos para mí. Después, cuando ya tengo una buena base dialogar es una delicia, sobre todo cuando has acabado la primera versión dialogada o la 0, (cero,), que es cuando llegas al final y antes de dar por cerrada la versión 1 dialogada, repasas todo el guión ajustando y buscando rubís, oro, y mirra (esto debe de ser bueno que lo llevaba un rey mago… aunque creo que era un poco ful). Ahora estoy en un buen merder, con un montón de cosas que quiero contar sobre un tema: la aceptación, y tengo que elegir que entra en la historia y qué se queda fuera. Si este personaje es secundario o se convierte en principal porque se como a los demás… Lo peor de ser guionista es tener que tomar decisiones. Cada vez tengo más claro que el buen guionistas es el que decide bien qué se queda y qué se va! Ese chiste o esa escena que es la hostia que sobrevive a dos versiones pero que ves que tarde o temprano caerá… Espero elegir bien, pero al menos creo que estoy escribiendo de dentro a fuera… a ver qué sale!!

  4. Pingback: GUIONECES: PREJUICIOS/VISIÓN DEL MUNDO EN GUIONES | (MIS) FICCIONES

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