UNA EXPERIENCIA LOW COST: ACCIÓN DIRECTA.

Por Martín Román.

En febrero, Gabkarwai publicaba en este blog el artículo titulado LOW COST: NUNCA ME GUSTÓ VIAJAR EN RYAN AIR. En él hacía referencia a como la crisis obliga a los guionistas a pensar en formatos televisivos que abaraten los costes de producción y así ser más competitivos.

En nuestra televisión nacional hay varios programas que se han acercado a ese planteamiento como Mi cámara y yo, Callejeros, Vidas Anónimas, Princesas de barrio…

Yo tuve la suerte de trabajar en las dos primeras temporadas de un programa de estas características llamado Acción Directa (AD) para La2 de RTVE.

El planteamiento era muy similar a dos programas que la productora había hecho sobre estudiantes del Programa Erasmus en dos comunidades autónomas. Se les entregaba una cámara handycam y debían contar su experiencia vital. Vi momentos de gran calidad en estos realities, mucha sinceridad y poco morbo. AD tenía el mismo planteamiento sólo que ahora en lugar de estudiantes serían voluntarios y cooperantes españoles en países empobrecidos.

Empezó la búsqueda de los protagonistas. En un principio pensamos que sería fácil pero no contábamos con las reticencias hacia los medios de comunicación. Algunas de las ONG’s con que contactábamos habían participado en algún programa de televisión y habían salido escaldadas y nosotros no contábamos con material para mostrarles. Poco a poco fuimos convenciéndolos o encontrando ONG’s dispuestas y cooperantes interesados en participar. El perfil era gente extrovertida que nos contara cuál era su trabajo y que además su trabajo fuera atractivo visualmente.

Una vez analizábamos los perfiles de los aspirantes y considerábamos que aunaban interés y dinamismo, nuestro trabajo como guionistas consistía en “formar” a estos nuevos reporteros y darles herramientas narrativas para que el material que nos enviasen fuese “emitible”. Nos desplazábamos hasta sus localidades y pasábamos una tarde o un par de días haciendo el entrenamiento: cómo coger la cámara, no mires a la pantalla, mira al objetivo, no grabes a contraluz, etiqueta las cintas para que conozcamos el contenido, no grabes en lugares ruidosos a no ser que tenga contenido dramático, explica las cosas varias veces para que queden claras, no tengas miedo de repetirte o de equivocarte que luego lo editamos, ¡no borres nada!…

Una vez se montaban en su avión y viajaban a su destino el seguimiento se les hacía vía e-mail y skype a ser posible, o vía telefónica para saber qué había grabado y cómo podían “enriquecerlo” o mejorarlo. Con los estudiantes Erasmus había funcionado…

Los estudiantes Erasmus vivían en Europa. Nuestros nuevos protagonistas en Asia, África y Latinoamérica principalmente. No siempre contaban con conexión a Internet, cuando la tenían no era muy fiable y/o cuando accedían a ella ya habían grabado la mayor parte del material. Hasta que las cintas no llegaban a nuestras manos no podíamos saber cómo de bien o mal lo estaban haciendo. Desde que se llevaban la cámara hasta que la devolvían pasaba un mes y medio fácilmente. Unas veces nos encontrábamos con un material realmente interesante otras llegaba con muchos errores (cosa inevitable, muchos de ellos no habían utilizado una cámara en su vida) lo que suponía un quebradero de cabeza para organizarlo y editarlo. ¿Cómo asegurarnos que el material que nos llegara fuera “emitible”?

Corría el verano de 2007 y un terremoto sacudió Perú, especialmente la región de Pisco. Habíamos instruido en el uso de la cámara a un miembro de Bomberos Unidos Sin Fronteras por si sucedía una catástrofe de estas características. Le contactamos pero se encontraba de viaje y no iba a poder desplazarse al Perú. Así que el coordinador de guiones, Octavio Guerra, partió hacia el aeropuerto de Madrid para dar algunas nociones a uno de los bomberos que viajaran en la misión. Octavio acabó subido en el avión y viajando al lugar de la desgracia.

Gracias a su viaje el material que llegó fue óptimo pues del trabajo del protagonista dependían vidas, obviamente no podía estar al cien por cien dedicado a tareas de grabación. Octavio le ayudó y le orientó en la grabación. Las imágenes con que volvió eran todas “emitibles” y debo decir que algunas de las que no se emitieron por no adecuarse a la unidad dramática eran de lo más elocuentes. Todavía recuerdo que debían enterrar a los fallecidos fuera del cementerio pues en su interior los nichos se habían venido abajo, con esqueletos a la vista, aún así reinaba un silencio que contrastaba con el bullicio, nervios y lloros y de los supervivientes de Pisco.

A partir de entonces se decidió que un guionista acompañara siempre al voluntario o cooperante durante al menos una semana de grabación; un gasto adicional que no estaba contemplado en el presupuesto. Así, durante este periodo el guionista se convertía también en productor en terreno, realizador, asesorando tipos de planos, pidiendo planos recursos, demandando repeticiones, operador de cámara cuando el cooperante se sentía agotado y su brazo no se podía mantener más en alto, e incluso, a veces, confesor del protagonista pues la convivencia con ellos era muy intensa: te pegabas a ellos cuando se despertaban y sólo nos faltaba arroparlos antes de irse a dormir. Conclusión: pluriempleado, la base de un programa Low Cost. Eso sí, fue una experiencia muy enriquecedora. A diferencia del título del artículo de Gabkarwai, a mí me gustó volar en Ryanair.

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