SEXO GRATIS

 

Por Chon González

Lejos quedan aquellos tiempos de instituto en los que, cuando se planeaba ir al cine, alguien decía “¿Y porqué no vamos a ver una española? Seguro que salen tetas”. Aquellos tiempos de comedias de Pajares (recuerdo El liguero mágico), donde había escenas de sexo nada realistas y en las que se nos mostraba a las vedetes del momento gimiendo falsamente mientras cómicos vestidos con calzón de cuerpo entero hacían el perrito sobre ellas.

Ahora tenemos, por ejemplo, Física y Química…. OMG! ¿Dónde está ese instituto?, se preguntan los adolescentes españoles.
Seguimos con el nulo realismo y hemos cambiado a Ozores en pijama por el chulazo de turno depilado.
El proceso de explicitación sexual que empezó aquel destape está más que concluído, incluso podríamos decir que se ha dado 3 vueltas. Aquí una pregunta al aire ¿Por qué directores como Aranda o Bigas Luna han apuntado en los últimos lustros una carrera descendente? Su fuerte era el “touch” en las escenas calentorras, ¿lo han perdido o es que la sociedad, menos inocente, lo recibe de otra manera?

Que el sexo vende es una obviedad que ni el más puritano puede pasar por alto, pero, alguien lo tiene que escribir, ¿no?

¿Cómo se escribe una buen escena de sexo? Pues depende, ¿qué pretendemos de esa escena de sexo? ¿Qué quieres decir exactamente con buena?, ¿que sea original?, ¿que excite a quién la vea?

Reconozco que no he escrito muchas escenas de este tipo, pero cuando me ha tocado, ¡joder! Siempre ha sido un problema, o sonaban a relato erótico de sonrisa vertical o por el contrario parecían un aséptico sms telegramático: Le muerde el cuello. Stop. Le tumba sobre la mesa de la oficina. Stop. Follan. Stop.

Reconozco que me pasa un poco como al personaje de La rosa púrpura del Cairo, una vez pasado el beso, cuando es evidente que van a consumar, echo en falta el fundido en negro.

…. y tras el beso no hubo fundido

¿Por qué?, por que creo que, en principio, la mejor escena de sexo es la no escrita. Pero aquí viene la pregunta que hacía antes ¿que pretendemos con ella? Si se trata de contar que dos de los personajes han mantenido relaciones, es evidente que no hace falta mostrarlas, al igual que no es necesario mostrar la discusión para contar que dos personajes están de mal rollo.

El tema viene cuando la escena de sexo en cuestión tiene un valor en sí misma. Mal lo tendría un guionista de FyQ que le dijera a su coordinador “No, mira… yo planteo la tensión sexual, elipsis y luego la vemos a ella vestida sólo con la camisa de él, no mejor, a él con una bata de ella… elegante, ¿no?” “ No chaval, tú no te enteras, ¿has visto los jamelgos y jamelgas que tenemos? Pues sácalos en piel y usa tu inventiva para que suba la temperatura, capicci?” (estas cosas hay que decirlas con un toque italiano).

Cuando el valor en sí misma es que hay que vender teleindiscretas y superpops, las escenas de sexo sin ton ni son inundan las pantallas y el sexo gratis es un hecho.

Por suerte para los guionistas, las escenas de sexo se dirigen más que se escriben, y cuando se dirigen bien y la situación que ha generado el guión es la propicia, esa escena se convierte en memorable.
Hay muchísimas en el imaginario colectivo (el cruce de piernas de Sharon que me jodió los cabezales del vhs, la de la mantequilla de El último tango, lo revolcones por el suelo de Hijos de un dios menor, el dedo de De Niro en la boca de Juliet Lewis, el pañuelo en el culo de Amantes, Banderas y Abril en Átame… etc etc etc)

A mí en particular me gusta el toque (queda más fino decir “me gusta el toque” que me la pone dura) de Jean Jacques Annaud. En mi imaginario particular tiene 3 escenas de sexo fabulosas, válidas en sí mismas, con un alto contenido erótico y necesarias en el devenir del guión:

– En busca del fuego: Un hombre prehistórico, casi más animal que hombre, que sólo había copulado por detrás, como un perrico, encuentra una mujer de una tribu más avanzada. Ella, ante la extrañeza de él, se da la vuelta, este hombre, EL HOMBRE, hace por primera vez el amor mirando a los ojos (copular frente a frente es propio de los humanos). Una escena sucia, épica y romántica a la vez.

– El nombre de la rosa: El joven Adso y una chica que no sabe hablar, sucia y desconfiada, se pegan un revolcón. Ésta escena aparece en todos los rankings de la gente que la vimos con la edad en la que las hormonas deciden por tí lo que es arte y lo que no.

– Enemigo a las puertas: Jude Law y Rachel Weisz en medio de una guerra, rodeados de suciedad, inmundicia y muerte a pocos metros, tapados con una mantita y sin hacer ruido, como cuando lo haces con tus padres en la habitación de al lado. Una fina lección de humanidad y morbo.

… vamos a darle que igual mañana palmamos

– Mesieu Annaud, se las sabe todas.

Y ustedes espectadores, ¿qué escenas forman parte de su memoria erótica?
Y ustedes guionistas, ¿cómo “se lo montan” para salvar la escritura de esas escenas sin parecer un relato del Nuevo Vale?
Y ustedes chavales, que ven estas series donde un montón de guapos se lo montan sin parar, no se defrauden con la vida real.

* Quiero aclarar que la elección del título de esta entrada no se debe a criterios sensacionalistas ni a ningún pique absurdo sobre el número de visitas a los posts.

6 pensamientos en “SEXO GRATIS

  1. Vaya, Chon, el tema en el cine ha dado mucho de sí. Algunas escenas no necesitan explicación y nos quedamos con la imagen, que vale más que mil palabras. De las más memorables recuerdo las del “El cartero siempre llama dos veces”, “El corazón del Angel”, “La pasión turca” y “Perros de paja”.
    También merecen especial mención las propias del cine erótico como “Historia de O” y las de “Emmanuelle” (quien no recuerda la escena en el excusado del avión) De películas recientes, no me viene ninguna a la mente. Será que me han pasado desapercibidas y no me han impactado lo suficiente. Y qué me dice de las pasiones desatadas en el ascensor? A fuerza de reproducirlas cada dos por tres han perdido todo su morbo.

  2. Yo siempre me quedo con la escena que más provocativa me ha parecido, y justo no se ve absolutamente nada. Se trata de el polvo entre Nicole Kidman y un jovencito Joaquin Phoenix en “Todo por un sueño” de Gus Van Sant. Mientras la cámara sube por las escaleras (si no recuerdo mal), vamos oyendo los gemidos. Se te eriza todo.

  3. Mira, qué casualidad: conozco al coordinador de Física y Química. La próxima vez que le vea, le preguntaré si el tema de sacar carne es cosa suya o le viene “de arriba”.

    En todo caso, esto del sexo, a lo mejor, es como, en el otro extremo, la violencia, en el cine de terror. Mostrar cabezas siendo cortadas ya no impresiona a nadie. Y un cuerpo desnudo, o una escena de sexo fuerte, puede que tampoco. Son los tiempos posmodernos, donde casi todo se ha visto ya.

    Ahora, eso sí, mejor que haya sexo y desnudos que esa falsedad de las escenas americanas donde todo el mundo se despierta al día siguiente, o al rato, con la ropa interior puesta. En este sentido, menos realismo todavía que las escenas/películas/series “nuestras”.

  4. Hombre Fernando, claro que no es cosa del coordinador, el sexo forma parte del adn de esa serie y todo el que trabaje en ella debería saberlo. Esa supuesta conversación del post pretendía bromear con eso mismo, sino hay chicha, no hay serie.

    También convengo contigo en que si las hay, las escenas de sexo, por favor que sean realistas, hartos estamos de ver esas sábanas pegadas a la espalda o esos clips a cámara lenta buscando un preciosismo que no se cree nadie. El sexo es una cosa más de la vida, contemoslo parecido a como es, muchas veces más cercano a la comedia que al erotismo.
    Saludos.

  5. Lo curioso es, como decías, que tal vez ya no sean escenas tan necesarias. Y últimamente las veo en otro tipo de ficciones: los cortos. Tal vez el tema “íntimo” tenga mayor sentido en este tipo de historias. O quizá en un cine más de autor y de personajes. Pero siempre que tenga relación con algún particular elemento del carácter del personaje. Y aún así, no sé si, por ejemplo, un problema de intimidad no pueda comunicarse/expresarse de formas más sutiles y, de paso, más interesantes.

    Sea como sea, yo nunca he tenido que escribirlas justo por eso: no me han parecido necesarias. Aparte, claro: me parecen difíciles. Que sean creíbles y, al tiempo, que lo que se quiera comunicar llegue.

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