BERGFILM: EL WESTERN ARIO

por Paco López Barrio

La presencia de la naturaleza, de los grandes espacios abiertos, como escenario es un elemento obligado en según que géneros cinematográficos: Sin las grandes praderas o sin las Montañas Rocosas no hay western. Tampoco hay un cine que se pueda llamar “de aventuras” que sea estrictamente urbano: selvas, desiertos, océanos, grandes rios… son imprescindibles. Es más, llegan a ser tan protagonistas como el propio protagonista humano. Y es normal, son un medio hostil (nadie corre grandes aventuras en un jardín, a lo sumo aventuras galantes) que actúa con frecuencia como oponente a los planes del protagonista. Y aunque se encuentren presentes otros antagonistas y tramas de lucha (o de amor, amistad…) entre ellos, la naturaleza añade siempre una historia de superación personal que se superpone y enriquece ésas otras tramas.

Las grandes montañas, sin embargo, no han tenido la fortuna cinematográfica de otros medios naturales. Quizá porque son muy dificiles de trucar. Un pequeño bosque tropical puede pasar por una gran selva, en alta mar nadie distingue si una milla cuadrada pertenece al Caribe o al Mediterraneo, si está cerca de la costa o en medio del océano. Pero la montaña debe verse entera, con toda su perspectiva, de la misma manera que un chorro de agua que cae no puede pasar, por grande que sea, por una gran catarata. Eso obliga a unas localizaciones muy concretas y a rodar en un medio complicadisimo. Por supuesto me refiero a rodajes EN la alta montaña, no a un paisaje CON montañas al fondo.

El mejor cine de montaña de todos los tiempos, el que puso los fundamentos clásicos del subgénero fue el Bergfilm alemán, muy popular en los años 20 y 30, especialmente a partir de la llegada de Hitler al poder en 1933. Y desapareció también con la caida del nazismo. El porqué de esta simbiosis histórica tiene, a mi entender muchas razones.

La más evidente es geográfica: la proximidad de los Alpes. Pero también hay otras razones de índole ideológica. La figura del alpinista encaja muy bien con el tipo de superhombre nieztscheano que el nazismo hizo suyo. La belleza del paisaje siempre es un recurso socorrido para usar como metáfora de la “grandeza de la patria”. Y además, el alpinismo era un deporte muy popular en la Alemania de la época: fueron los años de las primeras grandes expediciones alemanas al Himalaya y el nivel técnico del alpinismo alemán era el mejor de su tiempo.

El ambiente mental y moral de la época jugaba a favor del Bergfilm (que en alemán significa película de montaña). Pero además, la industria cinematográfica alemana habia alcanzado un gran nivel durante la década anterior con el auge del expresionismo. Sólo que, tras la caida de la República de Weimar, los grandes del cine alemán pusieron tierra por medio, alejándose de un ambiente político cada vez más irrespirable. El vacio que dejó el expresionismo, con sus autores desterrados y sus temas mal vistos por el nuevo régimen, allanaron el camino al Bergfilm, que con sus temas míticos y sus toques melodráticos encajaba bien con los gustos del Reich y del pueblo en general. Algunos historiadores consideran el Bergfilm como el equivalente alemán del western.

La primera gran figura del Bergfilm, sin embargo, no provenia de la tradición expresionista, sino del ambiente académico. El profesor Arnold Fanck era Doctor en Geologia y aficionado a la montaña. En 1920 fundó una pequeña productora Berg- und Sportfilm GmbH Freiburg y sus primeros trabajos fueron documentales de esquí. En ellos tuvo como operador de cámara a Sepp Allgeier, que con el tiempo seria la mano derecha de Leni Riefenstahl. Y aquí se juntan por primera vez los dos grandes nombres del Bergfilm.

Leni Riefenstahl era en aquellos años una joven bailarina y aspirante a actriz. Y además una más que solvente escaladora. Su primer papel en el cine se lo dió Arnold Fanck, como protagonista de Die Heilige Berg (La montaña sagrada, 1926), un triangulo amoroso que se resuelve con la muerte de los dos pretendientes en la montaña.

Fanck era director, guionista y operador de todos sus films y Leni fue su musa durante unos cuantos años. Aún rodaron juntos algunas películas más, entre las que destacan El infierno blanco del Pitz Palù y Tormenta sobre el Mont Blanc, todas con Leni como protagonista. Los buenos tiempos de Fanck y Leni coinciden todavia con los de la República de Weimar, el paréntesis democrático alemán de entre guerras.

Pero la llegada de Hitler al poder lo complica todo. Fanck tiene un tropiezo con su ministro de Propaganda, Goebbels: Se negó a afiliarse al partido nazi y, por si fuera poco, para la financiación de su próximo proyecto contaba con un productor judio. Fanck tuvo que dejar de trabajar y pasó unos años de penuria, hasta que en 1936 aceptó una oferta para trabajar en Japón, para el Ministerio de Cultura nipón. Tras el fin de la Guerra Mundial ya no volvió a dirigir y trabajó como leñador. Sólo a finales de los 50 pudo vivir un poco más dignamente gracias a la venta de sus peliculas de montaña a la TV.

El relevo de Arnold Fanck lo tomó precisamente Leni Riefenstahl. En 1932 rueda Das Blaue Licht (La luz azul) de la que es directora, guionista, productora y actriz principal. Del montaje se encargó Arnold Fanck pero el resultado no fue del gusto de Leni, que rehizo todo el trabajo. En esta película, Leni se desmarca de la obra de Fanck: “ El Dr. Fanck siempre hizo bonitas peliculas, con apariencia de cuento de hadas gracias a la luz de contra, la nieve, el rocio en las flores… pero sus tramas eran realistas. Y yo creo que un tema realista exige una fotografia realista. Si quieres una apariencia de cuento, como la quiero yo también, el tema debe ser un cuento, una leyenda o una balada. Por eso hice La luz azul”. En efecto, Das Blaue Licht cuenta la historia de una muchacha, acusada de brujeria en su aldea, y que es la única que conoce el secreto de una misteriosa luz azul que brilla por la noche en lo alto de la montaña.

Pero Leni Riefenstahl, que tantos Bergfilme habia protagonizado, tomó después otro camino, el que le ganó un merecidísimo lugar en las enciclopedias de cine. Leni, a diferencia de Fanck si era una nazi convencida y puso su talento al servicio de la propaganda del Reich. A ella le debemos Olympia (1936), un bellísimo documental sobre las Olimpiadas de Berlín. Su otra obra maestra fue Triumph des Willens (El triunfo de la voluntad). Es un largometraje documental sobre el Congreso que el Partido Nacional-Socialista celebró en Nuremberg en 1934, un baño de masas para Hitler en su primer año en el poder. El film es absolutamente propagandístico, sin ningún complejo. Pero, al igual que Olympia, está prodigiosamente realizado. En palabras del crítico Román Gubern: “No es necesario ser nazi para reconocer El Triunfo de la Voluntad como una gran obra maestra, de la misma manera que no es necesario ser comunista para reconocer la grandeza de El Acorazado Potemkin.”

Con Fanck en el exilio y Leni Riefenstahl ejerciendo como cineasta oficial de Hitler, tomó el relevo Luis Trenker, como último gran autor de Bergfilme. Trenker, nacido en el Tirol italiano (de lengua alemana), era arquitecto de profesión y un gran escalador, y habia asesorado a Fanck en los aspectos técnicos de sus primeras películas. Durante el rodaje de La montaña sagrada, Trenker sustituyó en algunas escenas arriesgadas al protagonista, que sufria constantes ataques de pánico que paraban el rodaje. Pero Trenker, además de un valiente escalador, resultó un tipo guapo en pantalla y se daba buena maña para interpretar. Así que acabó siendo él el protagonista y partenaire de Leni. Al lado de Fanck, Trenker fue tomando cada vez una mayor participación en los rodajes, hasta que en 1928 se lanzó a escribir, dirigir e interpretar sus propias películas.

De Trenker hay que destacar dos grandes películas: Berge in flammen (Montañas en llamas) de 1931 que está basada en la novela que él mismo escribió narrando sus aventuras como soldado en una unidad de montaña en los Alpes.

Su otra gran película fue Der Berg Ruft (La llamada de la montaña), de 1938, acerca de la rivalidad entre Whymper y Carrel por conseguir la primera ascensión al Cervino en 1865 y que desembocó en uno de los mayores dramas de la historia del alpinismo.

Aunque el régimen nazi intentaba hacer una lectura interesadamente “nacionalista” de sus films, en los que exaltaba la unión de la gente del pueblo, Trenker se desmarcó siempre. Sus ideas venian a ser una especie de anarco-cristianismo. Al aumentar la presión se volvió a Italia, en donde Mussolini le dejó vivir sin demasiados sobresaltos.

De los tres cineastas, Trenker fue el único que tuvo una carrera profesional continuada después de la guerra. Su ficha en el IMDB lo acredita como un autor prolifico. Del final de Fanck ya hemos hablado lineas arriba. En cuanto a Leni estuvo a punto de ser juzgada al acabar la guerra, a petición de Francia, pero finalmente quedó libre. Leni Riefenstahl habia sido el ojito derecho de Hitler, su portavoz en las pantallas, incluso se rumoreó si habian sido amantes. Pero ella siempre ha dicho después que su actuación fue meramente profesional; recibia un encargo, lo realizaba y lo cobraba. No es muy creible, pero le sirvió para no ir a la carcel. Pero ya no volvió a dirigir. Tras la guerra se estableció en África en donde se dedicó a fotografiar la vida de los nativos (fantástico su album sobre Nubia). En África encontró además a su gran amor, 30 años más joven que ella y con quien se casó poco antes de morir, a los 101 años cumplidos. Todo un personaje, Leni Riefenstahl.

Tras ellos se han hecho más películas ambientadas en la montaña. Pero ya sólo como escenario ocasional, en medio de filmografias más generalistas de sus autores. El carácter de especialistas en el género que tuvieron Fanck o Trenker, no se ha vuelto a dar. Además, las peliculas de montaña posteriores están interpretadas por actores famosos que ceden los momentos de riesgo a los dobles. En el auténtico Bergfilm el actor – y director, productor y guionista- es, antes que nada, un alpinista vocacional y competente. No querian contar una historia en la montaña, querian vivir en y para la montaña y hacer películas era tan sólo una manera de poder cumplir ése ideal. Así los rodajes tenian lugar siempre en la montaña real, con escaladas reales y riesgos reales. Por esa razón, aunque sus historias resulten ingenuas o poco profundas, tienen el encanto de su autenticidad.

Como aficionado a la montaña, les perdono, pues, estos defectos artísticos. Y el pecado original del contexto politico en que nacieron. Vi muchas de estas bergfilm muy jovencito, en el club de montaña al que pertenezco. Se proyectaban sobre la pared, en copias en 16 mm y las pocas decenas de espectadores nos sentábamos en el suelo. Así que son tambien parte de mi vida y de mi descubrimiento del mundo. Ninguna pelicula de montaña posterior, aún con sus fantásticos medios hollywoodienses, me ha hecho soñar como estos viejos bergfilme y su fantástico blanco y negro que los operadores alemanes trabajaban tan magistralmente. Si habeis llegado hasta el final del artículo os agradezco que me hayais dejado compartir con vosotros esta vieja mania mia por los Bergfilme, injustamente olvidados.

9 pensamientos en “BERGFILM: EL WESTERN ARIO

  1. Que artículo tan interesante.
    Ni siquiera conocía la existencia del Bergfilm como corriente cinematográfica, aunque si he visto algunos trabajos de Leny (que por cierto, es una gran fotógrafa también)
    Intentaré hacerme con alguna de estas películas para programarla nuestro cine-club casero.
    Gracias por la ‘pista’.
    Victor

  2. Cada día me gusta más este blog. Da gusto compartir cultura con vosotros. Gracias por la lección de hoy, Paco.

    Lástima que yo sea un fumador empedernido, jamás podría trabajar en ese equipo de rodaje, uf, con tanta montaña arriba y abajo, je!

  3. Gracias a ti, johndemol, por ser un fiel lector del blog.
    Yo también soy fumador, mucho, y éso no me ha impedido subir unas cuantas montañas, incluso cargado con una cámara de cine y una mochila llena de rollos de película.
    Te sorprenderia la lista de grandes alpinistas de todos los tiempos que son o fueron fumadores. Del mismo Trenker hay bastantes fotografias en las que aparece fumando en pipa. Y cuentan del catalán Toni Sors que se fumó un cigarro al alcanzar la cumbre del Everest.
    En algun viejo manual de alpinismo se puede leer incluso el consejo de llevar el tabaco en una lata metálica que cierre herméticamente para que la lluvia y la nieve no lo echen a perder.
    En los campamento-base de los ochomiles del Himalaya no es raro pasar junto a una tienda de campaña y oler a porro.
    El escocés Don Willhans, un genio del alpinismo de los 70, además de fumar, necesitaba varios porteadores sólo para su whisky (una gran expedición viene a durar 3 meses).
    Asi que si algún dia te apetece, lánzate. Seguro que hay alguna bonita montaña a tu medida a la que no le impotará que fumes.

  4. No sé si me ha gustado más el artículo en sí o la respuesta que le has dado al tal johndemol, Paco.
    Enhorabuena por tu pluma y gracias por seguir ilustrándonos con tus interesantes artículos.

  5. le aseguro que no ha sido ningún problema llegar hasta final, Paco. Cubrir algunas lagunas de ignorancia siempre es reconfortante, sobre todo, cuando la lectura es reveladora y entusiasta.

  6. Desconocía esta faceta de Leni Riefenstahl, pero me parecen muy interesantes las películas que comentas. Hubo de estas pelis en España? Montañeras, digo? Es que no me suena ninguna….

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