Ravel, Verdi y los dineros del difunto

por Paco López Barrio

La propiedad intelectual está siendo tema de debate recurrente en los últimos años. Es normal, los medios de producción, pero sobretodo de difusión de productos culturales (incluyo el entretenimiento como parte de la cultura) han cambiado. Y el cambio es irreversible. Hay debate porque hay desajustes entre los viejos modelos de industria y las nuevas posibilidades técnicas. Los consumidores tampoco somos los mismos ni tenemos los mismos hábitos.

Asi que hace falta, en eso creo que estamos de acuerdo todos, perspectiva histórica. Pero yo no dejaría de lado la perspectiva social de todo el asunto. Conceptos como “propiedad” o “cultura” no son entes abstractos sino que forman parte y cobran pleno sentido dentro de todo un entramado social. Que tampoco es un absoluto, sino la consecuencia de una determinada forma de organización de la vida en común. En definitiva no son conceptos ajenos a una visión política (no le tengamos miedo a la palabra) de las cosas.

La Ley Sinde (y su fracaso parlamentario) nos vuelven a situar el tema en primera plana. Hay debate en la prensa, en los blogs, en las tertulias… Incluso Álex de la Iglesia se reúne con la Asociacion de Internautas. Sin mucho éxito aparente porque, sobre la mesa, sólo veo los tópicos estériles de siempre: barra libre si o no.

Me preocupa que en éste debate sólo estemos contemplando el reparto del pastel. Importantísimo, claro, porque de ése pastel vivimos y queremos seguir viviendo. Tenemos derecho a ello. Pero me gusta entender el trabajo cultural como algo más que un simple tráfico de mercancias. La propiedad, sea del suelo, de los medios de producción o de lo que sea, admite muchos modelos que pueden y deben discutirse. La propiedad intelectual tampoco debe quedar sometida a ninguna especie de “pensamiento único”, irreversible y sin alternativas.

Como cualquier otra propiedad, la intelectual puede tener un uso meramente lucrativo e insolidario. O puede, además de alimentar legítimamente al autor, ayudar a cumplir unos objetivos sociales. Son posibles muchos modelos, como son posibles muchas actitudes personales. Para ejemplificar esto me gustaria contaros dos viejas historias: la de los testamentos de Ravel y Verdi, dos grandes músicos que ganaron y dieron a ganar mucho dinero.

Maurice Ravel

Maurice Ravel fue autor, entre otras muchas obras, del archifamoso Bolero, compuesto en 1928. El Bolero de Ravel ocupó hasta 1993 el nº 1 en el ranking de la SACEM, el equivalente francés de la SGAE. Y todavia sigue generando unos royalties altísimos.

Pues bien, ni una sola persona apellidada Ravel ve hoy un sólo euro de esta fortuna. A la muerte del compositor, quedó como heredero universal su hermano Édouard, quien prometió que, a su muerte, el 80% de los ingresos se donarian a la ciudad de Paris. Con este dinero se instituiria un premio para compositores, una especie de Nobel de la Música. Los demás familiares estuvieron de acuerdo con esta propuesta.

Desgraciadamente, Édouard Ravel sufrió, veinte años después de la muerte de Maurice, un accidente de tráfico que le dejó graves secuelas. Para atenderle contrató los servicios como enfermera de Jeanne Taverne. El marido de ésta, Alexandre, antiguo minero y barbero, pasó a ejercer como chófer de la familia Ravel.

Poco antes de morir, Édouard Ravel cambia su testamento y lega los los derechos del Bolero, la obra más rentable con diferencia, al matrimonio Taverne. El resto de la familia Ravel no está de acuerdo y pleitea. Los Taverne acuden a un avispado abogado y dirigente de la SACEM, Jean-Jaques Lemoine. El tándem Taverne-Lemoine, gana el pleito y además consiguen del estado francés la ampliación de la vigencia de los derechos… Para no alargarme demasiado: los derechos del Bolero de Ravel los gestiona hoy una sociedad con sede en las Islas Vírgenes, participada por el tal Lemoine y la hija de los Taverne, Georgette.

En resumen, cualquier dinero que paguemos por adquirir un CD del Bolero de Ravel, irá a los bolsillos de una gente que ni son parientes ni siquiera conocieron en persona al compositor. Y el estado francés tampoco ingresará un solo euro puesto que todo está domiciliado en un paraíso fiscal. Veamos ahora el caso Verdi:

Giuseppe Verdi

Giuseppe Verdi dejó también una considerable fortuna de la que fue beneficiaria su prima Maria. Pero Verdi desgajó del montante principal una gran cantidad de pequeños legados para obras de beneficencia. Y además otorgó sumas considerables para la época a todos sus sirvientes y a muchos campesinos pobres de su pueblo natal.

Lo más significativo de esta herencia es que su prima Maria sólo recibe el dinero existente en ese momento, lo que hay “en caja”. Que era mucho. Pero la explotacion de los derechos, es decir los ingresos futuros, tienen otro destino: la Casa de los Músicos de Milán.

Giuseppe Verdi mandó construir este magnífico edificio en cuya capilla está enterrado. En la Casa de los Músicos de Milán viven hoy instrumentistas, cantantes, empleados de la Scala… todos ellos artistas o técnicos jubilados con pocos recursos.

Verdi siempre dijo que la obra suya de la que se sentía más orgulloso era esta Casa dei Musicisti. Pero él no entendía esta fundación como una obra de beneficencia. Verdi siempre consideró que él nunca habria sido nadie sólo con sus partituras. Si se convirtió en un mito fue gracias a tantos músicos, cantantes, tramoyistas o taquilleras como colaboraron con él. Tan sólo les estaba devolviendo su parte, justamente ganada.

¡Que paradoja!. En el caso Ravel, unos buitres han conseguido una ampliación de la vigencia de derechos. En el caso Verdi si éstos no hubiesen caducado ya, esta admirable fundación, refugio de músicos viejos y humildes, seria la mas rica de Italia.

¿A que viene esta historia? Pues a que, al final, se trata de elegir entre un concepto de Propiedad Intelectual totalmente “capitalista” o matizarlo con una cierta sensibilidad “socialista”. ¿Cual es mi postura? Sí a la defensa decidida de la Propiedad Intelectual, soy autor. Pero estaría bien articular mecanismos para que, pasado un cierto punto legítimo de lucro personal, se generase alguna especie de beneficio social. Sobre todo tras la muerte del autor o el paso de las obras a Dominio Público. No voy a levantar ninguna pancarta para ampliar las piscinas de las casas que ya tienen en Miami los artistas de éxito o sus herederos. Tengo otros problemas más acuciantes. Pero sí firmaría para que este dinero sirviese, por ejemplo, para mejorar las jubilaciones de los muchos creadores que, en oficios tan precarios como el nuestro, lo van a tener difícil para completar los años mínimos de cotización.

La Ley Sinde, viniendo de un gobierno socialista, podria haber sido una buena oportunidad para darle un mayor contenido social a las políticas de Propiedad Intelectual. Ya que se ha devuelto al Parlamento, estaría bien que se mejorase contemplando este aspecto. Yo tengo muy claro cual de las dos historias anteriores prefiero. ¿Y vosotros? ¿Ravel o Verdi? ¿Qué modelo os gusta más?

10 pensamientos en “Ravel, Verdi y los dineros del difunto

  1. Gran reflexió; sobretot tenint en conte que en els debats sobre el tema -siguen en tertúlies, planes web o pel twitter- ningú -quasi ningú- és capaç de superar la dicotomia BLANC/NEGRE; DESCÀRREGA INDISCRIMINADA/LLEI SINDE.

    S’agraeix un punt de vista “gris” al que, provablement, molts ens podem seguir propers.

    Salut!

  2. Hombre, está claro: Verdi. La propiedad intelectual es un derecho que debería ser inalienable, pero que los herederos tengan que gestionarla… levanta muchas dudas. Que cobre Pepito por lo que su padre Pepe ha creado me parece de una falacia enorme. Que se lo curre!
    De todas formas en la Ley Sinde no se recoge nada de esto Paco. Es que no te mojas? Internautas o Sinde? De la Iglesia o Victor Domingo?

  3. Efectivamente, Carcetti, la Ley Sinde no recoge nada de esto. Y me gustaria que lo recogiese. En cuanto a lo de mojarme… tengo que elegir entre Sinde y los internautas? Yo soy guionista y tambien internauta, no somos especies separadas en mundos separados. Como guionista me siento relativamente representado por Sinde (ni al 100% ni al 0%) , pero como internauta no me veo tampoco totalmente representado por Victor Domingo. Es más, me parece abusiva la manera en que la AI pretende representarnos a todos, tan excluyente como acusamos de ser – y con razón- a la propia SGAE. Lo que tengo muy claro es que no vamos a salir del atasco mientras sigamos entendiendo este tema como una lucha entre el Bien y el Mal. Malos tiempos estos para la lírica, pero peores aún para los matices.

  4. Hola Paco, me parece interesante el artículo en tanto que se refiere a formas de gestionar beneficios, en este caso, generados por la propiedad intelectual de un producto de determinada calidad y enfocado a determinado mercado/público. Sin restar interés a las historias de Ravel y Verdi -no las sabía y son muy curiosas-, el primero no tuvo la suficiente previsión que tuvo el segundo, pero ambos demostraron cierta filantropía, cosa que les honra. El debate que presentas en el artículo se ciñe a la calidad moral de la persona o entidad que ostenta los derechos, apela a la buena voluntad (que parece que escasea) y a su previsión. Todo esto es aplicable a los beneficios generados por cualquier producto (no sólo intelectual) que se comercialice. Ahora bien, tú eres guionista (y sé que reconoces la marginalidad de la profesión dentro del sector) e internauta.
    Yo no soy guionista y soy internauta. Los dos somos consumidores (somos oyentes, televidentes, público, lectores) y como consumidor a mi me preocupan más aspectos como el acceso que pueda tener al producto/proyecto/expresión/voluntad/esfuerzo cultural, el pronto(robo) pago de contenedores vírgenes por si su uso fuera ilegal, y la posibilidad -y esto sí que me parece serio- de que se me incrimine que la posibilidad de que blinden el producto, que no me preocupa tanto. Creo que como artista, vale tanto expresarse como lucrarse; y tanto lucrarse como expresarse necesitan de otro agente, el público y el consumidor. Me parece que desde el momento que una ‘libertad fundamental’ como el derecho a la propiedad (intelectual) eclipsa otra ‘libertad fundamental’ como es el derecho a la información ya se ha tropezado con el zarzal maniqueo en el que -en eso estoy de acuerdo contigo- ha caído el debate sobre una ley ‘sinde’ con un contenido párvulo.
    ¿Qué opinas tú desde una posición de consumidor de producto cultural?

    Un saludo y enhorabuena por vuestro blog y vuestras iniciativas.

  5. Gracias por tu comentario, Kostas. Mi experiencia como consumidor… alla vá: soy, desde hace muchos años, un buen consumidor de productos culturales. Llevo gastado mucho dinero en discos, libros, entradas para cine y teatro… me considero una persona “culta”.
    Pero tengo muy claro que en mi formación ha sido muy importante el haber podido disfrutar gratis de muchas cosas. De joven lei mucha literatura y escuché mucha música gracias a los préstamos que nos haciamos entre amigos. Si me interesé por ciertos autores y compré su obra se debe en gran parte a que antes un préstamo oportuno me hizo apreciarlos. Si la única manera de acercarme a ellos hubiese sido pagando, mi bagaje hoy seria mucho menor. Como seria mucho menor tambien el dinero que llevo gastado en cultura. En esos cassetes, en esos libros sobados de tanto ir de mano en mano encontré no sólo entretenimiento, sino claves para entender el mundo. Sin todo eso no sólo habria sido yo un futuro mal “cliente” de la industria cultural, tampoco habria sido, con el tiempo, un “productor”.
    No seamos ciegos: el préstamo, la copia privada pueden hacer perder alguna venta, pero crean la aficion, una sociedad globalmente más culta. Y esa base social amplia siempre beneficiará más que perjudicará a los creadores y a la industria.
    Hacer pagar por todo, hasta por tomar un préstamo en la biblioteca, me parece un error. Lo que necesita un escritor es crear lectores entre la juventud, no cobrarles 20 cts por el préstamo. En cualquier industria tienen claro que para vender tambien hay que regalar a veces: muestras, promociones, consumiciones libres… atraen y fidelizan a la clientela.
    De pequeños nos asustaban con la historia del tipo que repartia caramelos con droga a la puerta de los colegios. Yo jamás lo vi, por cierto. Lo que me prece increible es que tengan más vista comercial los camellos (que de vez en cuando invitan a una rayita) que una gran parte de la industria cultural.
    Por supuesto este pequeño apunte no agota el tema…

  6. La verdad es que es bastante difícil a nivel de usuario trazar una línea que delimite lo que es pirateo y lo que no. Estoy de acuerdo contigo en que el dinero gastado en producto comercial se estimula mediante el “boca a boca” y el “mano a mano” (préstamo o copia privada).
    Es un placer leer vuestro blog

  7. Como sabeis los que me conoceis mi posición es bastante ortogonal en este tema, o sea de diferente enfoque o perpendicular al plano de lo que se discute.
    Voy a aclarar mi enfoque con algún ejemplo:
    La propiedad intelectual es un hecho objetivo que demuestra la “paternidad” de una idea, de un desarrollo o de una obra artistica, esto genera la “autoría”, es decir afirma que esto es “original” de un Señor o unos señores, y pese a lo que la gente piensa, la producción intelectual, cientifica o sus desarrollos son casi siempre colectivos. Hoy es impensable la realización de cualquier descubrimiento, desarrollo tecnológico, o proyecto industrial o civil o proyecto cultural sin la colaboración creativa de muchos individuos.
    En un film solo en su parte creativa e intelectual por ejemplo. participan muchos tipos de creativos desde guionistas, dialoguistas, técnicos de muchos tipos, sonido, luces, fotografia, montaje etc , se utilizan tecnologias patentadas que han sido inventadas por creativos también , además estan los actores, los especialistas los dobladores, y todos coordinados por uno o más directores. En la producción de un programa de TV más de lo mismo, en la producción de música pues también… no solo son autores los que hacen las canciones, también los arreglistas, los ingenieros de sonido y los productores artisticos, aparte de los músicos e intepretes, que normalmente aportan su particular visión.
    Pero todo ese conjunto de creativos (en estos casos) estan realizando una obra destinada a la reproducción industrial, por lo que “todo” se convierte en “producto de la industria”, y es ahí donde aparecen los derechos de reproducción comercial pública .. que no son derechos de creación sino “royalties” o “valor adjunto” de la industria. Toda la Industria hoy es de tipo capitalista por lo que este producto es “mercancia” y está sujeta a las leyes del mercado y su último propietario siempre es el empresario – capiltalista (la productora, la editora) que convierte a una parte de los creativos “selectos” (normalmente la mayoría de los que participan carecen de derechos) en “socios industriales minoritarios” … con poca o nula capacidad de control sobre el negocio.
    Es por ahí por donde van los tiros … los creativos hoy son un arma arrojadiza para consolidar la egemonia entre varios modelos industriales. internet sin cotenidos no funcionaría .. pero es la industria de la Telecom (Conectividad – Telefonicas, Cable + Hardware dedicado + Publicidad) la que se lleva la pasta hoy por hoy, y no la industria de los contenidos ( la dueña de las mercancias antes mencionadas), porque todavía no ha encontrado el “modelo de negocio” adecuado al nuevo escenario tecnológico, aunque esta se defiende con el ariete de las sociedades de gestión que están a su servicio y sus societes minoritarios (autores ??), nunca al servicio de los autores reales en su conjunto, o mejor dicho de los “otros creativos reales” que carecen de cualquier derecho (por ejemplo los interpretes de musica discográfica y los actores de los films carecen de derechos)…
    Mientras tanto las cosas como no se llaman por su nombre, ni se analizan generan una bola de insensateces pilotadas por demagogos de todos los colores.
    Lo curioso es que los que quieren legislar lo hacen bajo presiones de lobbyes y no se preocupan de analizar el problema …. ¿será que los politicos y los leguleyos no tienen ni puta idea de economía o sociologia?

  8. Ciertamente, ha planteado el tema de manera original, al representar las dos opcciones a traves de la história real de Ravel y Verdi. Y parece que la opcción ideal sin duda sea la de Verdi, sin matices. Sin embargo, es muy fácil que lo ideal no se ajuste siempre a lo real, ni tenga que ser necesariamente lo mejor, sobre todo, cuando es algo que viene impuesto y no nace de la propia voluntad. Socialmente, existen situaciones muy injustas. Y no todos son igual de solidarios, pero es evidente que no puede obligarse al ciudadano a formar parte de una ONG. El ideal y las reivindicaciones del movimiento okupa, a veces, despiertan nuestra simpatía y son justas socialmente, pero, no nos engañemos, si ocupan la propiedad de tu vecino y no la tuya, mejor, que mejor.

    Es admirable la conducta ejemplar y altruista de Verdi, al reportar un beneficio a la sociedad, pero no es despreciable la decisión de Ravel al ceder los derechos de explotación de su obra a sus descendientes, si así lo consideró oportuno. Que al final se han beneficiado unos buítres…bueno, son cosas que a veces ocurren en las mejores familias y en cualquier caso, tampoco es responsabilidad de Ravel, ni debería importarnos al resto.
    Los negocios y las propiedades pueden heredarse de generación en generación, sin que nadie cuestione la legitimidad de los hijos para disfrutar o explotar esos bienes. Si llegan a lucrarse, malvenderlos, o gestionarlos de forma pésima es su problema y no parece importarle a nadie. ¿Por qué molesta tanto y se les tiene que pedir cuentas a los hijos de un autor o a la persona que éste ha designado como heredera de sus derechos?
    ¿Somos todos iguales ? ¿O vamos a ser los primeros clasistas en el tema?
    Aunque lo ideal y deseable sería encontrar un punto medio tal como expone, Paco, es dfícil darle mayor contenido social a la políticas de propiedad intelectual, sin atentar contra la libertad del propio autor. Pero, llegado el caso tampoco sorprende que se haga. Bien mirado, la misma propiedad privada es una ilusión del individuo. Uno es propietario de sus bienes hasta que el estado, que se desvela por el bienestar de los ciudadanos, decide expropiarlos en favor del interés común.
    Un saludo.

  9. Llevas mucha razón en tus observaciones, Regla. No se puede obligar a nadie a ser altruísta. Y el tema que planteo sin duda va más allá de la Ley Sinde. Todos los temas relacionados con herencias son más bien asunto del Código Civil, que no hace distingos entre unas propiedades u otras (ni tiene porqué hacerlos). La intención del artículo era intentar remover un poco un debate que suele plantearse en terminos excesivamente simplistas. Pero, sobretodo, llamar la atención sobre el hecho que tambien éste es un tema en el fondo político. A nadie le extraña, cuando hablamos de propiedad del suelo o de los medios de producción, que haya diferentes posturas porque hay diferentes maneras de organizar una sociedad. Lo que vengo a decir es que la Propiedad Intelectual o la herencia de unos derechos de autor tampoco son un tema “limpio” de toda connotación política: tambien admite modelos distintos. Más que fijar mi propia postura, que reconozco que no la tengo clara porque el asunto es muy complejo, lo que pretendo es decir que no debe haber tampoco aqui un “pensamiento único”. Entre otras cosas porque el pensamiento único nos exime de la necesaria tarea de seguir pensando.
    Y si, buitres hay en las mejores familias. Pero a mi me gustaria que no viniese ninguna Señorita Taverne a tocarme las narices desde las Islas Vírgenes porque me copié un CD con músicas del hermano del patrón de su abuelo. A cosas como ésta si habria que ponerles un límite.

  10. Supongo que sí, Paco. El problema es cómo hacerlo, de qué manera podría ponerse ese límite, sin causar daños colaterales. Y sobre la señorita Taverne..jaja , Le confieso que ahora que lo sé, a mí también me toca uno poco las narices. Uno no tendría que enterarse nunca de ciertas cosas.
    Enhorabuena por el blog.

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