EL HÉROE TRAMPOSO

por Paco López Barrio

Pertenezco a una generación en la que el estudio del latín y el griego era mucho más que el complemento casi residual que es hoy, sino el tronco del bachillerato para los que habíamos elegido la opción de letras. Soy del Plan del 57, anterior aún a la EGB y el BUP, que empezaron a implantarse dos años por debajo de mí, y a años luz de la ESO. En 3º y 4º de bachillerato tuve tres horas semanales de latín y en 5º y 6º una hora diaria de latín y otra de griego. Esas son muchas horas traduciendo a César, a Salustio, a Cicerón. Y también las fábulas de Esopo o fragmentos (adaptados para salvar las peculiaridades dialectales del griego homérico) de la Ilíada y la Odisea. Por si fuera poco, pasados los años, me casé con una profesora de griego y latín. Así que muchas de aquellas cuestiones han seguido formando parte de mis conversaciones domésticas.

Y la verdad es que me alegro. Algunos pensarán que la cultura clásica es poco más que un barniz, más aparente que útil, y que más me habria valido estudiar matemáticas. Pero la verdad es que rara vez he necesitado hacer operaciones más complejas que las cuatro reglas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Como mucho manejé algunos logaritmos de base dos, muy útiles en fotografía pre-digital cuando había que calcular tiempos y aberturas. Pero nada más.

Pero en el que viene siendo mi oficio desde hace muchos años, contador de historias, sí me ha sido muy útil este conocimiento. Sobretodo para referenciar no sólo mi propio trabajo, sino también todo aquello que recibo como espectador. Y para darme cuenta de que hay una continuidad entre aquellas viejas historias (y los modos de contarlas) y las actuales.

Al final llegas a conclusiones curiosas: que detrás de Pepe Rubianes late el corazón de Aristófanes, que el cazurro pero buena persona que interpretaba Paco Martínez Soria ya estaba muy definido en las comedias de Menandro, al igual que la Juani de Médico de familia. O que lleva toda la razón Mackee cuando dice que la dramaturgia fundamental ya estaba contenida en la Poética de Aristóteles… Y no sólo en los personajes: también en tramas y conflictos. En las páginas de los periódicos vemos renacer cada dia a Antígona o Medea (esta última en las páginas de sucesos). Incluso hace algunos años se publicó un curioso libro en el que un profesor de la Universidad de Extremadura, Javier Tovar, rascaba en los argumentos de Billy Wilder y se encontraba con Plauto.

La tradición clásica nos ha dejado situaciones y personajes arquetípicos que se han ido repitiendo en la historia de la literatura y en el cine. En este sentido es muy recomendable la lectura de La semilla inmortal, de Jordi Batlló y Xavier Pérez,  una obra que deberia ser  manual de referencia obligada para todos los guionistas.

De los héroes heredados de la tradición clásica hay dos que me resultan especialmente sugestivos. Uno es Prometeo, el que robó el fuego a los dioses para entregárselo al hombre. De él, quizá, hablaremos otro dia, porque merece un post. Pero el que mejor define, para mi, al héroe moderno es, curiosamente, el héroe más antiguo: Odiseo, también llamado Ulises.

Si Homero vivió, si es que vivió y no es él mismo un mito, en el siglo VIII a.c., y su Odiseo ya venía de una tradición mítica anterior, éste héroe ha cumplido ya los tres mil años. Odiseo es un interesante personaje “de reparto” en la Ilíada, pero aún salió mejorado en el spin-off que es la Odisea, de la que es ya protagonista absoluto.

¿De dónde le viene a Ulises esta preeminencia entre otros personajes de su tiempo? Ulises queda por encima de sus compañeros en Troya, Aquiles y compañía, e incluso por delante de otros posteriores como Eneas por su carácter profundamente humano.

Ulises es valiente, un buen guerrero… pero también lo eran todos los que estaban a uno y otro lado de las murallas de Troya. Lo que engrandece su figura son, precisamente, sus rasgos más antiheroicos. Para empezar sabemos que intentó escaquearse de participar en aquella guerra. Cuando Menelao y Palamedes recorren los reinos de Grecia, buscando aliados para vengar la afrenta de los troyanos, Odiseo se hace pasar por loco para evitar ir a la guerra. Pero su treta se descubre y no tiene más remedio que ir, muy a su pesar. Y eso que, como antiguo pretendiente de Helena, podría sentirse indirectamente ofendido. Pero Ulises habia manejado este conflicto de manera bastante pragmática: ya que no pudo casarse con Helena se conformó con Penélope, una pariente de Helena. ¿Para qué complicarse más la vida?

Ya en Troya participa como uno más en los combates sin que, en los diez años que dura la guerra, ninguno de los bandos consiga imponerse. La guerra de Troya se resuelve sin honor: con una trampa. Es precisamente Ulises quien idea la estratagema del caballo de madera, con las tripas llenas de soldados.

Ulises es un tramposo y aún dará más muestras de ello durante la Odisea, el relato de su vuelta a Ítaca, retrasado por inconvenientes varios durante otros diez años. No es un traidor, se muestra siempre leal con sus compañeros quienes con frecuencia sucumben por imprudencia, por no hacerle caso. Pero, cuando se trata de enfrentarse al enemigo, no recurre a “codigos de honor” suicidas. Veamos el episodio con el gigante Polifemo. Sabe que no puede combatirle por la fuerza y así primero lo emborracha, luego le ciega su único ojo y finalmente huye escondido bajo un cordero. Y le engaña, además, cuando el gigante le pregunta su nombre y él responde: Nadie.

Si hay que mentir se miente. Y si hay que huir se huye. Nada hay de quijotesco en su actitud: no hemos venido al mundo a morir con honor, sino a salvar el pellejo. Ulises no vencerá por su fuerza, por su manejo de las armas, por algún tipo de poder extraordinario… sino por el ingenio y la prudencia, el disfraz y la impostura. Más que la confianza en sí mismo es la desconfianza ante los otros lo que le mueve y le salva. Por eso no acaba convertido en cerdo, como sus compañeros, en el reino de la maga Circe. No se plantea vencer a las sirenas, simplemente se ata al mástil de su barco para no sucumbir a sus cantos.

Odiseo sigue siempre su camino, aunque la ninfa Calipso le ofrezca la inmortalidad si se queda junto a ella. Tampoco le impresiona que Alcinoo le ofrezca la mano de su hija Nausicaa y la posibilidad de ser el futuro rey de los feacios. Prefiere volver a Ítaca. Y no es porque esté coladísimo por Penélope, ya hemos visto que fue la solución posibilista al rechazo de Helena. Lo que quiere Ulises es volver a su casa y no meterse en más líos.

Y cuando por fin llega a Ítaca se presenta en su palacio disfrazado de mendigo. Y no se prestará a dejarse reconocer por Penélope hasta haber eliminado a sus pretendientes, no siempre de manera limpia. A Antinoo, el más peligroso de ellos lo emborracha, como ya hizo con Polifemo, antes de atraversarle el cuello con su lanza.

Odiseo/Ulises es más un pícaro que un caballero. ¿Cómo ha tenido tanto éxito un heroe tan poco “ejemplar”?. Pues precisamente por eso, porque hace lo que haríamos la mayoría de nosotros: sobrevivir. No es que prefiera vivir de rodillas a morir de pie. Nada de eso. No es un cobarde. Pero conoce el valor de una retirada a tiempo. No cuenta con una fuerza poderosa, no tiene ningun tipo de arma invencible… pero tiene su inteligencia y una enorme capacidad de adaptación.

Personalmente me dejan frio los héroes de una pieza. Eso de “antes devorado por los leones que renegar de mi fe” llegó después, cuando el mártir cristiano se convirtió en el paradigma de la herocidad. Aunque dejó una buena secuela en los libros de caballerias. No me admiran los héroes que lavan las ofensas en la sangre de los duelos, aunque sepan que llevan las de perder, y que se conforman con ofrecer a su dama un pañuelo ensangrentado como prueba de amor.

Como me dejan tambien frio los héroes con varitas mágicas, con poderes sobrehumanos, con armas de alta tecnología, con visión de rayos X, con coches fantásticos… no me impresiona que vuelen o que trepen por las paredes, ni que sepan conducir toda clase de vehículos terrestres, acuáticos o aéreos. Ni siquiera que puedan teletransportarse o viajar en el tiempo. Son héroes de temporada, con fecha de caducidad: durarán lo que dure la moda. Da igual que sea una temporada o décadas, algún dia dejarán de servir para otra cosa que para su propia parodia.

Porque, además, ninguno de ellos puede ayudarnos con su ejemplo en nuestras propias dificultades. No tiene ningún sentido preguntarse qué habrían hecho Spiderman o James Bond o Harry Potter si tuviese nuestro problema. En cambio siempre nos será útil la receta de Odiseo: puesto que sólo cuentas con tus manos vacías, calla y observa. Tu astucia hará el resto.

Sólo eso te hará polivalente o sea invencible. Y esto vale para las personas en general y para los guionistas en particular.

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7 Respuestas a “EL HÉROE TRAMPOSO

  1. Buenos días, Paco,

    Me gusta tu entrada. Es raro que no me guste una. Al hilo del texto, podemos percatarnos de que las grandes series norteamericanas (las que son comparadas con novelas) beben directamente de las fuentes griegas. Ulises es el soldado que vuelve al hogar en ROMA (HBO), el también soldado Darmody en BOARDWALK EMPIRE y el protagonista de HOMELAND. Ellos también se enfrentan a rivales por el amor de su esposa.

    Estoy de acuerdo: todo guionista debe volver a las fuentes primitivas.

    ¡Saludos!

  2. En las series americanas, sí. En las españolas, productoras y cadenas, parecen no entender estos matices. Bajo mi punto de vista imprescindibles para otorgarles de una mínima riqueza.
    Siempre recordándonos y enseñándonos cosas interesantes, Paco. Gracias y un abrazo.

  3. Muchísimas gracias, Nubis. Intentaremos no bajar el listón.

  4. Paco, me alegra leer de nuevo uno de sus posts clásicos. De esos que denotan la sólida cultura de quien los escribe y de los que puede aprenderse mucho. El otro día, leí un artículo de Muñoz Molina, en el que reivindicaba la figura de Cervantes como un ejemplo a seguir, para contar los despropósitos de la clase política en estos años, ante la indiferencia y el silencio de la sociedad. Comentaba que, Cervantes era un maestro que había sido capaz de conectar la literatura con el presente en el que le tocó vivir, y lo hacía con una aguda reflexión sobre el instinto humano de inventar histórias y contarlas. Aludía también, a la facilidad con que ciertas construcciones de la imaginación acababan pareciendo más verdaderas que la misma verdad.
    Se diría que creamos episodios reiterados de vivencias que ya nos precedieron en antiguo escenario, en distinta época y con otros singulares personajes, como en un culebrón inacabable. Nada se estrena en la história de los siglos y nada a cambiado en lo esencial. Seguimos barajando los mismos valores de siempre, tangibles e intangibles. La descripción que ha realizado de Ulises no puede verse más reflejada en Bing, el protagonista del segundo capítulo: “15 millones de méritos”, de la serie Black Mirror. Precisamente lo vi anoche, y no puedo verlo más identificado. La crudeza y el realismo de la trama da verdaderos escalofríos. Bing, sabe mirar con inteligencia lo que está delante de sus ojos y tiene la valentía de no callarse, pero al final lo que prima es salvar el pellejo al mejor precio. Y lo más triste de todo, es que ni siquiera tiene elección, y es la mejor decisión para su vida.

  5. Para mi los mitos y arquetipos funcionan porque se inspiraron en gente normal de aquel tiempo que tenia problemas tan humanos como los nuestros, por eso no vale la pena pretender separar realismo de pura ficcion, incluso montando un documental o construyendo personajes inspirados por personas reales que conoces o en hechos reales acaba saliendote un arquetipo clasico mas viejo que la tos.
    Asi Spiderman funciona como heroe precisamente porque es un heroe imperfecto y tiene problemas de un chico normal, al margen de sus movidas de heroe. Algo similar a lo que ocurre con Harry Potter, las historias de viaje del heroe siempre funcionan porque todos hemos pasado por un viaje del heroe. El heroe humano lo podemos encontrar incluso en el ultimo James Bond. Es el tipo de heroe del mundo actual donde el heroe de una pieza nadie se lo cree. En Star Wars el heroe siempre tiene dilemas morales y si habeis visto las escenas eliminadas Luke era el tipico chico de granja americano de los 60s. Gandalf lleva su baculo, pero los heroes de esa historia son tipos normales de una aldea y un rey de incognito. Y de ahi hemos acabado en Tyrion que ya es la apoteosis del heroe tramposo.
    Pero la realidad es que no somos ni tan listos ni astutos y donde el heroe tramposo salva el dia con su labia y trampas nosotros nos limitariamos a balbucear y pasarnos de listos antes de morir.

  6. Me encanta el post.
    Me mueve y me da que pensar.
    Hoy día uno puede preguntarse qué haría Ulises ante alguno de los problemas cotidianos. Pero también más de uno puede preguntarse ¿qué haría Tony Soprano? ¿Y Don Draper? ¿Y Walter White? Y no siempre es para sacar una lección ética. Ni en un caso ni en el otro.
    Lo que nos interesa de estos personajes es también su dimensión antiheróica y hasta qué punto nos encontramos (nosotros y, por supuesto, el espectador) lejos o cerca de ellos.
    Un saludo.

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