LA SEÑORA DE BURGOS (O EL EFECTO PEORIA)

por Javier Olivares

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¿O era de Cuenca? ¿O de Logroño? No lo recuerdo bien. Sí recuerdo que, hace años, cuando una productora o una cadena creía que lo que le ofrecías era muy arriesgado, siempre acababas oyendo frases como “¿Lo entendería una señora de Burgos?”… O, taxativamente: “Lo tiene que entender la señora de Burgos y su familia”.

En resumidas cuentas, lo que te querían decir es que tus guiones, tu serie, tenía que estar al alcance de todos. La señora de Burgos en cuestión era como el efecto Peoria, una ciudad de poco más de 100.000 habitantes al nordeste de los EEUU. Peoria es lo que los sociólogos llaman una ciudad espejo. Es decir: su composición social equivale al gusto de todo un país. Las productoras de Hollywood estrenaban sus películas allí para testar su posible éxito. Y, en las elecciones, los resultados electorales de Peoria son considerados para algunos los equivalentes a los que luego resultan de todo el electorado americano. De ahí se acuñó la frase “si funciona en Peoria, funcionará en cualquier parte” (if it plays in Peoria, it will play anywhere).

Los mandamases televisivos patrios no necesitaban encuestas ni sociólogos… Ni siquiera una ciudad, por pequeña que fuera. Les bastaba con la señora de Burgos. Con dos cojones. Técnicamente no les faltaba razón. La implantación sociológica de los audímetros es lo que buscaba (y busca). Familias, clase media y media baja (que en muchas ocasiones castiga el nivel de audiencias de comunidades con lengua autóctona, como Catalunya). Y las series se tenían que enfocar hacia ahí, con un target amplio que contentara a todos. Para todos los públicos, para toda la familia. Algo que si se hubiera aplicado a la literatura, a las artes plásticas, al diseño, al cine… a cualquiera de las actividades creativas humanas, no hubieran existido ni un Borges, ni un Picasso, ni un Buñuel ni unos Charles & Ray Eames… por poner sólo unos ejemplos.

Si siempre hubiera sido así, no hubieran existido vanguardias que se opusieran a lo clásico para acabar convirtiéndose ellas mismas en algo tan clásico como aquello contra lo que se confrontaban… Y así, desde que el mundo es mundo. Se llama evolución.

Es cierto que la televisión, en caso de ser vanguardia ha de ser popular. Que, a día de hoy, la comunicación es esencial y los espectadores nuestros necesarios cómplices. Pero si nuestra única razón de crear es satisfacer a ese “público masivo”, “familiar”… nos estamos equiparando a los concejales de fiestas de los ayuntamientos, esos de los que un día me dijo con tino Arturo Pérez Reverte que su eliminación (y la transferencia de sus presupuestos a Educación y Cultura) es la verdadera revolución pendiente de nuestro país.

Ojo: no se trata de hacer productos elitistas. Es sólo cuestión de no conformarse con poco. De observar las señales de identidad de la calle, de nuestra sociedad. Y de entender la televisión no como una caja tonta sino como algo que es principal seña de identidad de nuestra cultura y nuestra comunicación. Un respeto.

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Los tiempos cambian que es una barbaridad. Lo dicen filósofos, sociólogos y hasta nuestras abuelas. Sin ir más lejos, la familia ya no es lo que era. Por un lado, se fractura la unidad familiar existiendo cada vez más singles que, no por ello, dejan de ser espectadores de televisión. Nuestro índice de natalidad es de los más bajos de Europa, con lo que se empieza a poner en duda la existencia de un referente infantil en nuestras series de prime time (gracias a Dios).

Por otro lado, las familias se reagrupan ante la crisis. Y la señora de Burgos, ya abuela, ve como vienen a comer a casa más su hijos. Y que sus nietos no se han ido de casa. O que si se han ido, han vuelto. ¿Ve esta nueva familia la televisión como las familias de antaño? No. Incluso los nietos no la ven porque prefieren ver sus series por Internet, algo muy difícil de medir en audiencias.

Audiencia, palabra mágica llena de misterios. Como el de que se sigan midiendo por audímetros cuando con la TDT (digital terrestre, aclaro) hay tecnología suficiente como para medirla automáticamente y al segundo.

Cuando, con la TDT y los canales de pago la media de la cadena más vista en España, cada mes, no llega al 15 %, de tan fragmentada como está. Lejos (salvo contadas excepciones… normalmente programas deportivos y, qué curioso, la ficción de TVE o el final de algún reality de postín) de los resultados de Farmacia de guardia, Médico de Familia y los primeros Serrano.

Esos tiempos no volverán. Todo ha cambiado. ¿Por qué no cambia nuestra televisión? ¿Por qué no se considera que, aun siendo industria, es una industria que tiene mucho de creativa y de cultural? ¿Por qué es el único área de nuestra creación en la que no priman los creadores?

Recientemente, con motivo de los recortes de TVE, muchos no entendimos que se desmantelara una ficción de prestigio y audiencia (como tampoco se entiende que se esté llevando a la ruina a las productoras que no han hecho otra cosa que hacer bien su trabajo).

Ante el posible revuelo, desde el poder, se reaccionó rápido: declarar el coste por minuto de esas producciones. En realidad, era un guiño populista a una población masivamente afectada por el paro y la crisis, como la nuestra. Era un guiño a la señora de Burgos.

¿Cómo puede entender alguien que llega como puede a fin de mes que un minuto de una de esas series cueste 12.000 euros? Difícilmente si no se le dice lo que cuesta cualquier serie extranjera que ese mismo alguien ve a menudo porque es de las pocas cosas que le hacen evadirse de la dura realidad. Porque cuestan más, pese a que algún experto nos quiera hacer creer de forma equívoca lo contrario.

Intentaré explicarlo, no obstante. Más allá de discutir sobre si había necesidad de que TVE eliminara la publicidad, ¿cómo se mide la rentabilidad de una serie? Por su audiencia y por su prestigio. Y en ese sentido, Cuéntame, Amar en Tiempos revueltos y Águila Roja cumplían sus objetivos con creces, nos gusten o no esas series. ¿Es una buena opción de mercado eliminarlas, aún en crisis? Humildemente (y no soy un devoto de todas ellas, precisamente), creo que no.

La BBC ha acuñado un slogan que define su ficción: Original British Drama. Y lo lleva por el mundo con orgullo. Y hay pocas cosas menos incuestionables y pocas señas de identidad nacional más fuertes para los ingleses que la BBC… Y, de paso, como referencia de calidad, ha conseguido que otros canales como ITV o Channel Four compitieran en riesgo y calidad. ¿Por qué no seguir ese ejemplo? Y basta contemplar cualquiera de sus series para comprobar que son más caras que las nuestras y que sus temporadas suelen ser de seis capítulos (cuando no menos, como Sherlock, Black Mirror o Luther).

Se podrá decir que porque venden más en EEUU por compartir idioma. Si es así, ¿no es el castellano una de las lenguas más habladas en el mundo? Ataquemos por ahí. Con orgullo, defendiendo nuestra marca: el orgullo y la felicidad que ofrecen las marcas a sus consumidores son básicos para el éxito comercial y de mercado.

El problema es que, para hacerlo, tendrían que cambiar muchas cosas. Entre otras, que nuestras cadenas (públicas o privadas) deberían de dejar de atender a la señora de Burgos. O no. Pero, desde luego, no seguir teniéndola como referente único.

Porque lo que se vende es calidad y universalidad (que a veces se da más fuerte que nunca mostrando la propia idiosincrasia… cuando no es un derroche de tópicos). Y una ficción que no esté apegada a targets tan amplios, porque así es imposible tener productos con cara y ojos.

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Se habla de crisis continuamente. Es lógico: la hay y es profunda, abisal. No es ésta la tribuna más adecuada para explicar sus orígenes, pero sí para decir que, con ella (como suele ser habitual) el consumo televisivo aumenta sin parar. Estadísticamente, lo que más se ve (en España y en el mundo) son los informativos, los grandes eventos deportivos… y las series de ficción. ¿Es bueno desmantelar el mercado en vez de reconducirlo?

Se habla de crisis para justificar cualquier cosa. Bien, ya es hora de hablar de crisis para afrontar como puede ser nuestra ficción en estos tiempos tan duros. Y no rendirnos ni darnos por muertos.

Supongamos que estamos de acuerdo en que un capítulo no puede costar tanto dinero. Con que el futuro pasa por medidas como las que parece se van a tomar en TVE. En ese caso, habrá que proponer alternativas, planes… No desmontar un edificio para dejar sólo el solar mondo y lirondo.

Y como uno no debe criticar sin plantear alternativas, propongo algunas.

Lo primero, acortar la duración de las series hasta los 40 o 50 minutos habituales en la inmensa mayoría de países abarataría costos y posibilitaría la venta exterior de nuestras series. Es cierto que con esa duración no se pueden poner tres cortes de publicidad, pero no se puede querer todo. Sobre todo si se quiere hacer un producto de calidad y por ello, vendible. Y, por ello, digno del público que decide ver la televisión. ¿O no se trata de eso?

Lo segundo sería abaratar el coste de las series. Hay un modelo claro: el catalán. Polseres vermellas, comprada por Spielberg para que la adapte Marta Kauffman (Friends, Dream On…) no supera los 200.000 euros por capítulo y ha tenido un éxito espectacular de audiencia. Tampoco lo hace Kubala, Moreno i Manchón (sí, es mía –y de Anaïs Schaaff-, pero creo que su éxito de crítica y audiencia –aún evidentemente menor que la antes citada- avala que la pueda poner como ejemplo.

¿Cómo se consiguen estos productos por ese precio? Con mucho sufrimiento y limitaciones. Pero también con libertad creativa para preservar el alma de la serie. Con unos directores que se ponen al servicio de la serie y no al revés. Con una unidad de estilo. Con un equipo que desde el guionista, el técnico, el actor, el director, el encargado de fotografía… tiene una idea común y unos planteamientos claros… Y con un apoyo de la cadena, en este caso TV3, la más BBC de nuestras cadenas (y no sólo en ficción).

No se trata de bajar los costes tanto (es excesivo por muchas cualidades que estas producciones tengan). Pero no me cabe duda de que, con planificación (que permitiera rodar en interiores naturales y exteriores), se podrían conseguir buenas series más baratas que actualmente. Pero, para ello, debe haber tiempo para escribirlas antes de ser producidas. Por completo. No ir escribiendo mientras se rueda.

Pasemos a temas de estilo. Dichas series deberían primar la historia y la idea del creador sobre todas las cosas. Como se hace fuera. Y hacerlo sin remilgos.

No hace ni un año, un director, especialmente obsesivo con ser la niña en el bautizo, la novia en la boda y el creador de todo lo que rueda (como si él lo hubiera escrito) antes que el muerto en el entierro, me dijo en una comida que eso de que en los EEUU los guionistas fueran productores ejecutivos no era cierto. Sic. Yo callé estupefacto (y suelo callar pocas veces ante este tipo de desatinos). ¿Para qué responderle si existe el IMDB?. Recientemente, en una entrevista, ese mismo director declaraba que le encantaban Breaking Bad y The Good Wife. Que busque en IMDB o en la wikipedia los nombres de Vince Gilligan (antes en Expediente X, por cierto) o de Robert y Michelle King. Tal vez así, además corregir su ignorancia, entienda cómo se hace una serie. Y quiénes llevan el timón de las mismas. Él y otros muchos.

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Para dar un giro a esta situación, para crear nuevos productos a un precio más barato (o más caro, pero con el objetivo de la rentabilidad), lo básico es el alma de la serie. Dejar de hacer productos de marketing para todos los públicos. Y, probablemente, durante un tiempo, olvidarse de épocas pasadas –lo más caro- y hablar –por fin- de la realidad que nos rodea.

No seríamos los primeros en abrir esa vía. Ya lo han hecho los argentinos (Hermanos y Detectives, Los Simuladores…), los israelíes (con series que han tenido adaptación USA como Homeland, In treatment, Ran Quartet, Ex List –ésta fallida en su adaptación en los EEUU-…), los daneses (la impecable Forbrydelsen (luego The Killing en USA, Borgen… aunque con un coste casi BBC, todo hay que decirlo), los franceses (la magnífica Engrenages o Reporters).

Todas son series de autor. De género. Con relación con el mundo real. Con actores que lo son y no un desfile de chicas y chicos guapos que no saben vocalizar y que parecen salidos de una discoteca y no de una escuela de arte dramático (como todos los ingleses, por cierto). Todas son series -más o menos caras, pero rentables- que han basado su éxito comercial en el éxito en su país de origen y en su venta exterior. Que no se encierran en el mercado interior.

Y, sobre todo, todas son series directas al corazón de un público inteligente y no por ello menos popular, olvidando como referente obligado a la señora correspondiente de Catamarca, Haifa, Aalborg o de Clermont Ferrand.

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Toda crisis requiere soluciones imaginativas. Aprovechemos esta crisis para potenciarlas. Para aprender día a día de los que mejor lo hacen. Y no copiando sus ideas, sino sus estructuras y sus métodos. Recuerdo que la HBO, antes de producir series, envió gente a Europa (también vinieron a España) para copiar el modelo de producción del cine independiente europeo cara a la producción de sus series. Mal no les ha salido, desde luego: nuestro cine independiente europeo casi no existe ya y la HBO triunfa ahora como modelo a seguir.

Trabajemos como hay que hacerlo. Ensayemos antes de rodar. O hagamos mesas italianas para que los actores sepan la intención de lo escrito. No es tan difícil. Otros lo hacen. Aquí, no. Y no es cuestión de dinero. Es, sencillamente, cuestión de un modelo de producción caduco, aferrado al plató y a un equipo de treinta personas para rodar a un personaje solitario andando triste por la calle cuando se podría hacer con una pequeña cámara (las hay muy buenas, lo juro) y posproducción.

Descubramos las mil posibilidades de lo digital (no tan caro como todos dicen) y de las nuevas tecnologías. Y no identifiquemos efectos especiales con ciencia ficción (hasta Betty la fea en su versión USA los utilizaba). Sí, es invertir. Pero también es rentabilizar, crear imágenes que serían impagables de otra manera. Y no se sale de las crisis sin inversión. Pero sobre todo, cuando no había crisis, ¿por qué no se ha invertido en ello?

¿No queremos invertir en tecnología? Bien, pues invirtamos en talento y dejemos que éste fluya. Hagamos cosas pequeñas que sean grandes, creíbles y con la verdad y la cara por delante. Frescas. Distintas. Con emociones. Y éstas no se crean con fórmulas preconcebidas ni desde la mercadotecnia.

Para ello, superemos el anquilosamiento al que nos ha llevado una misma y obligatoria manera de escribir tantas y tantas series. Que los gestores ayuden a los que crean y no les sustituyan. Que corrijan, que opinen, que siempre es bueno que muchos ojos vean tu obra para que no te ensimismes en ella. Pero que no se olviden de que sólo con las ideas de los que crean y escriben las series (y saber llevarlas a la pantalla sin jugar al teléfono estropeado1) es posible conseguir un buen producto.

Intentemos lidiar esta crisis con imaginación e inteligencia. Abandonemos la torre de marfil de nuestra ficción, justificada en señoras de Burgos y Peorias. Otros lo han hecho. Exactamente, con estas premisas, produciendo de otra manera.

Y me niego a creer que seamos más torpes y más tontos que ellos.

1 El creador de la serie da una idea y escribe un guión. Luego le hacen desaparecer del mapa (tras corregir el guión a veces necesariamente, otras no tanto). Pasa el guión al director que reinterpreta a su manera el guión (y que hace lo mismo un capítulo de una serie de época que, a las dos semanas otra de médicos). Luego, los actores (a los que se les impide el contacto con el que ha escrito lo que van a decir), lo reinterpretan a su vez. Y como en el plató hay prisa y, cuando no la hay, todo es pacto entre director y actores, lo que se ve en pantalla, aunque se diga el texto exacto –que ya es un milagro- no tiene nada que ver con el guión ni la idea que se escribió. No lo reconoce ni la madre que lo parió, en su sentido más estricto.

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34 Respuestas a “LA SEÑORA DE BURGOS (O EL EFECTO PEORIA)

  1. No dejemos de publicar y compartir reflexiones como las de Javier. El futuro de nuestra profesión y la industria audiovisual depende de que se extienda el “virus” del conocimiento y la reflexión. Estoy totalmente de acuerdo contigo.

  2. Fantástico post. Gran análisis y la mejor denuncia. Son las cosas que están ahí y todos van sacando, fragmentadas, pero tú las has dotado de unidad y, sobre todo, de una visión de empuje y no de queja.

    Gracias por el post, lo conservo para no olvidar hacia dónde hay que ir.

  3. Fantástico, Javi.
    Lo comparto todo. Hasta el enlace ;)

  4. javier olivares

    Gracias por vuestros comentarios.

  5. estherwilliams

    ¡Estás sembrado! Gran reflexión… Gracias por pensar y proponer maneras (en realidad) de seguir adelante con lo nuestro: la ficción.

  6. Felicidades, Javier. De esto es de lo que hay que hablar, has dado en el clavo. Ojalá sirva el empantanamiento actual para que las cosas cambien de verdad. Porque tienen que cambiar.

    No sé si la familia ha cambiado o no, pero la imagen de todos juntos ante la tele ya no existe. Pongo mi caso, sin ir más lejos, a todos nos gusta la ficción en la tele, y nunca vemos todos lo mismo: cada ve lo que quiere en su aparatito. Lo más fuerte es que, como dices, tanto el TDT como los ordenadores permiten conocer exactamente cuántos están viendo qué. ¿Por qué no lo hacen? ¿O por qué lo hacen y no lo dicen? Quizá de momento les interese seguir usando ese obsoleto sistema de los audímetros como moneda de cambio, pero la desbandada publicitaria va a acabar definitivamente con ellos.

    Y sí, no queda otra: hay que producir más barato. Pero no abaratar todo, bajar sueldos, ampliar jornadas, así no cambiamos nada (ni siquiera reduciendo duración, a mi juicio, porque cuando se vende fuera se les recorta el capítulo a medida). Hay que hacer las cosas de otra manera. Por ejemplo: aquí, cuando sale una comisaría, tiene que ser un decorado de dos alturas, con treinta figurantes, rodado con steady. El horror. ¿Hay que quitar figurantes, actores, pagar menos a todos? No. Mira las británicas (sí, yo también las sigo boquiabierto): en Luther, en Shadow Line… las comisarías son oficinas corrientes, casi siempre vacías, y encima son más creíbles que las nuestras. En Misfits no salen apenas más que los actores principales. Apliquemos estilo. Personalidad. Empleemos más tiempo en pensarlo todo, en el guión, que al final es lo más barato.

    Todo esto para aplaudirte. ¿Alguien pensará algo parecido en alguna cadena?

  7. Ole. Porque además de lúcido es esperanzador y vitalista. Y eso es muy necesario en los tiempos que corren.

  8. javier olivares

    Gracias otra vez. Que les guste este texto a la madre de la natación sincronizada (un beso, Williams) y a uno de los mejores guionistas de este país, me hace sentirme satisfecho. Pero quiero dejar claro dos cosas:
    1) Todo esto es mérito de Paco López Barrio, un excelente guionista y mejor persona que, com otros buenos profesionales, debería poder mostrar al público su calidad sin que vivir en la periferia sea un handicap insuperable. Yo, desde luego, en el siguiente proyecto que nos salga (A la Schaaf y a un servidor), me lo llevo puesto.
    2) Creo que es hora de proponer y ser positivos. Lo dice alguien que acaba de escribir unos posts devastadores sobre lo mal que se trata a esta profesión, pero dicho esto, es hora de cambiar el chip y hablar del oficio. De producción, de series, de (los veteranos) mostrar una vía de acceso a los más jóvenes… Y, siempre, de dar la cara.

    Se acabaron las milongas. A crear.

    Un abrazo.

  9. El problema es que creadores sí que hay en televisión, pero no nos dejan actuar porque todo lo que quieren es señoradeburguismo. Es triste, pero es así. Por eso todas nuestras series se parecen entre sí, parecen sacadas del mismo molde, etc.
    Cada vez que empiezo a ver una serie extranjera, mi mujer y yo hacemos comentarios tipo: “¿Te imaginas al guionista entrando en la oficina de un productor español para decirle Quiero hacer una serie sobre un profesor con tumor cerebral que decide ponerse a fabricar metanfetaminas?” “¿O te imaginas entrar y decir Quiero hacer una serie sobre la desaparición de todos los presos de Alcalameco y que reaparecen treinta años después?” “¿O una serie sobre la nave de guerra espacial Galáctica?” “O una sitcom sobre un tipo que deja embarazada a una asesina en serie que después de dar a luz es freída en la silla eléctrica y el chico tiene que criar a la niña junto a su familia de garrulos.”
    Ayer empecé a ver Luther. A los cuatro minutos paramos el reproductor y dijimos “En cuatro minutos han presentado a un protagonista con más matices que todos los personajes de la ficción española juntos”. Pero claro, hay que tener huevos para crear un personaje como el de Luther. Y ganas de innovar y ser valiente y no tenerle miedo al género. Misfits, Awkward, Fringe… millones de ejemplos de valentía…

  10. ¡Coño, glups, joer, cáspita! Gracias, Javier ;-) Pero te corrijo: el mérito es de cinco blogueros (Gabi, Chon, Martín, Rafa y yo)

  11. Raquel Márquez

    Me ha parecido GENIAL el texto, y, como ya dicen varios comentarios, lo mejor es que además de acertado es positivo e inspirador…

    Lo único que me hace dudar es la reflexión que haces sobre el sistema de audímetros: no sé si sería ético medir las audiencias “automáticamente” (es decir, sin pedirle permiso al usuario, que es lo que se hace ahora). ¿No sería un poco como inspeccionar la bolsa de la compra de la gente al salir del supermercado para ver qué han comprado…?
    Es cierto que los fabricantes de champú, por poner un ejemplo, pueden acceder a los datos de ventas directamente, pero la televisión… ¿no es un dato un poco más personal, por eso mismo que apuntas, porque es una forma de arte, y no sólo un producto de consumo?

  12. javier olivares

    Gracias a todos ellos, pues.

  13. javier olivares

    Por cierto, hablando de costes:

    http://cineuropa.org/2011/nw.aspx?t=newsdetail&l=es&did=210117

    The bridge: coproducción entre Suecia y Dinamarca, más participación ZDF.
    10 capítulos, 80 millones de euros.

  14. javier olivares

    A calcular el minuto.

  15. javier olivares

    Supongamos que se ha vuelto loco el que ha escrito y quitémosle un cero. 8 millones, 10 capítulos. 800.000 por un capítulo de 55 minutos.
    100.000 más que la serie más cara nuestra con 15 minutos menos de duración.
    Al mismo tiempo, va a empezar la tercera temporada de Forbrydelsen y la segunda de Borgen.
    Todo lo compra la BBC, por cierto. Forbrydelsen se llevó un BAFTA hace años.

  16. Javier, últimamente está que se sale. Enhorabuena por el post. Me quedo con su última frase: “Me niego a creer que seamos más torpes y más tontos que ellos”. Por supuesto, que no lo son.

  17. Loe pequeñoscontables no pueden manejar el circo. Hay un “conceto” que aprendi del gran Claude Berri: lo importante de una peilcula no es lo que cuesta, sino lo que reporta. Y no hablaba de dinero.
    La situacion española es incomprensible, pero no cabe echarle la culpa a las cadenas. Los productores andan perdidos en batallas menores y en la ruina. Asumiendo el abuso de posición de dominio de las cadenas. Regalándoles sus inversiones en un i+d que deberian pagar ellas. Trabajando en la incertidumbre, asumiendo riesgos sin contrapartidas reales (¿como se puede ganar dinero si el margen llega en la renovación y la cadena te baja el precio al llegar ahi?) Y sin productores ni hay innovacion ni hay calidad ni hay nada. Los ejecutivos de las cadenas se protegen siendo conservadores y no se les puede reprochar.

    En USA, paraiso del mercado libre, el liberalismo, et., en los años 70 el gobierno prohibió tajantemente a las cadenas producir lo que no fueran deportes o informativos. salvó asi a las majors y a la television. No rechistó ninguna cadena. En Francia, la ley obliga a las cadenas a producir con productoras independientes, y a darles los derechos de a serie a los 7 años, en Inglaterra hay un porcentaje de produccion externa obligatorio, et. Asi las productoras tienen alguna posibilidad de enriquecer el panorama. En el modelo actual, solo hay estimulos y recompensas par ala ausencia e riesgo y de creatividad. Y si haces lo que tu vecino y te equivocas, puedes decir que no se podia prever, que no es culpa tuay. Si te sales del modelo y fracasas, la culpa es tuya…

  18. Gran post. Felicidades, Javier.

    También hace mucho que HBO o AMC sean de pago. Un pequeño porcentaje de americanos pagando es mucho comparado con España. Eso te evita tener que contentar a la señora de burgos (o cuenca). HBO y AMC saben que la gente busca ese tipo de contenidos porque están pagando por ellos. Creo que preguntado en una entrevista por su relación con el espectador medio, el creador de “The wire” contesto algo como: “Que le jodan al espectador medio”. Podría ser el eslogan de HBO.

    Otro tema es de la producción. Ahora mismo veo cortometrajes rodados con cámaras de fotos con una factura más cuidada que las series de TV. Se me escapa lo que se pierde en el camino para que la estética de las series españolas sea así. Me gustó mucho visualmente “Crematorio”, por poner un ejemplo.

    Nunca he trabajado para tele más allá del proceso de desarrollo de una serie (y era de animación) pero aun así me parece que los equipos son excesivamente grandes. Creo que se debería sintetizar el equipo. En mi película eramos muchas veces dos personas detrás de la cámara, en “Qué fue de Jorge Sanz”, creo que no había muchas más.

    Yo soy optimista y creo que los cambios llegarán. Es cierto que necesitamos de los productores, pero también creo que existe una nueva generación de productores con ganas de crear nuevos contenidos basados en esos modelos.

    Espero.

  19. Estupendo post. Mi enhorabuena.

  20. javier olivares

    Muchas gracias a todos.

  21. Cuánto placer y cuánto dolor nos ha proporcionado HBO… No comparto lo de reivindicar series de calidad cuando nuestras cadenas son comerciales, generalistas y con una voluntad exclusiva de entretenimiento. Cuando nuestro idioma las reduce al mercado latinoamericano y cuando, me incluyo, no tenemos el talento de americanos e ingleses, aunque sólo sea porque aún no tenemos sus años de experiencia…
    Sufriré como tú las medidas de TVE pero he de reconocer que sustituir “Cuéntame” por “Clásicos del Cine” es un gran ejemplo de lo que una tele pública ha de hacer con sus contenidos y con nuestro dinero.
    Cuidado con reclamar calidad y cultura en nuestras teles porque igual cogen todas y se ponen a emitir cine clásico… Por suerte, nuestras cadenas son empresas que sólo buscan rentabilidad y, precisamente por eso, seguirán apostando por ficción nacional.

  22. Riquísimo todo, Javier.
    Enhorabuena.

  23. javier olivares

    Para Carlos Vermut (me encanta el apellido):
    Es cierto lo que dices de la HBO, pero piensa que antes de ella hay series como Policías de NY, Homicidio (origen de The Wire, sin duda), 24, The Good Wife, Lost… que son de cadenas generalistas… Y han supuesto avances y revoluciones narrativas evidentes.
    Piensa que pongo ejemplos suficientes de series europeas e israelíes, que no son HBO… Y que incluso ofrecen series como las israelíes Be Tipul (http://pablobrenner.wordpress.com/2010/11/14/be-tipul-vs-in-treatement-diferencias-culturales/) o Hatufim, que son éxito a nivel popular y nacional en Israel y luego se convierten en productos HBO (In treatment) o Showtime (Homeland). El gérmen de la creación no era para un público de cable ni de pago.
    Creo, también, que debemos encontrar la clave (los guionistas) para acercarnos a multinacionales que han abierto sede en España y que compran formatos que luego puede producir una de sus filiales extranjeras. Es una idea.

  24. javier olivares

    Para O.G:
    Resoecto a lo de HBO, lo dicho en mi comentario anterior.
    Respecto a nuestro talento, creo que no hay que ser pesimista. Muchas veces se escribe lo que se puede, no porque no tengamos mejores ideas de cómo hacerlo. Hagamos un ejercicio de memoria. Antes de las privadas (el mundo de la ficción no empezó allí) nuestra televisión era puntera en los premios internacionales (con joyas como La Cabina) y hacía series como Curro Jiménez (más sólida que muchas que se hacen ahora… Dirigieron capítulos Drove, Pilar Miró, Camus, Rovira Beleta… escribieron Larreta, Aristaráin…). O Los camioneros.
    Folletines como Los gozos y las sombras (no inferior a lo que se hace ahora en ese estilo… y han pasado años). Estudios 1 como Doce hombres sin piedad…
    Nuestra ficción, si se compara con la de la BBC de la época (que ya llevaba años) no estaba tan alejada. Aparecieron las privadas y mientras en Inglaterra el nivel se ha multiplicado, aquí ha bajado.
    No es cuestión de talento. Es de intención, de plan, de dirección del asunto… Hemos preferido producir como Rubí en vez de como Roque Santeiro (el hito brasileño de las telenovelas). Compara la adaptación de Betty la Fea en España o en EEUU… en todo, no sólo en medios. O la colombiana Sin tetas no hay paraíso y la bazofia que hicieron aquí… Es cuestión de modelo.
    Y, en ese tiempo, nuestros guionistas no han podido crear en cine porque los directores son los guionistas (o retocadores absolutos del guión de los demás… NO HAY DIRECTORES DE ENCARGO) y en televisión, nos hemos ceñido a lo que hemos podido. Pero talento había. Y hay. No te quepa duda.
    Y sí. tenemos años de experiencia. Lo que no hemos tenido es productoras que arriesgaran, ni cadenas tampoco, en una endogamia que ha hecho que un día, el que es alto cargo de una productora, pase a dirigir una cadena y viceversa.

  25. Hay un run run. Algo está cambiando.
    Quizás se deba a que el 70% de la profesión está en el paro.
    Estamos cabreados y no tenemos nada que perder.

  26. Cristina Moreno

    Uau, Javier qué desayunas últimamente, jajaja. Gran post, muy certero y sobre todo revitalizador.
    Juntándolo con el último de Natxo López vais a hacer una revolución, a ver si es verdad y movemos unas cuantas sillas viejas y otras que sobran, porque para mí, gran parte del problema es que hay mucho tipo anquilosado a su silla. Si no se quieren ni pueden mover, al menos que se reinventen un poco.

  27. Como televidente, sin más, siempre he tenido la sensación de que los “popes” de la tele no quieren que termine la crisis. Leyendo propuestas como ésta se confirma mi idea de que si dejasen que los creadores hicieran tele, iría mucho mejor. Claro, más de un listo perdería su poltrona.

  28. javier olivares

    Tras escuchar a Daniel Écija en la SER (http://www.cadenaser.com/cultura/audios/cara-television/csrcsrpor/20120226csrcsrcul_16/Aes/) en un claro ejercicio de falta de memoria, de tozudez y como tiene que ver con lo que se dice en este post, comento:

    Todo quien me conoce (y los alumnos a los que doy clase de estos temas) sabe de mi respeto y reconocimiento por Globomedia, porque han sido los que han asentado un concepto de industria audiovisual que, más allá que te gusten sus series poco o mucho, es un modelo a admirar.

    También valoro cosas que Daniel Écija dice aquí en la SER con respecto a lo cara o barata que pueda ser una serie.

    Pero de ahí a decir que todo empezó hace quince años. Que antes no existía nada, ni ficción ni siquiera la profesión de guionista en España (sic), me parece o un lapsus mañanero o una falta de memoria francamente deplorable. Es un “antes de las privadas y de Médico de Familia no existía nada” que es falso y, viniendo de alguien a quien considero una de las personas que sabe más de esto de lejos en este país, un error bastante grosero.

    Cito de Media Televisión (por no ponerme a escribir yo):

    De los 70 a la transición (antes ya estaban los Estudo 1, “El Asfalto”, “La cabina”..: las cinco series de mayor repercusión social del periodo, aparecen Curro Jiménez, Cañas y barro, Fortunata y Jacinta, Los gozos y las sombras y Verano azul. Y como el investigador Juan Carlos Ibáñez ha indicado, en todos los casos, sean adaptaciones de novelas o guiones originales, y especialmente en aquellas que más han perdurado a lo largo de las décadas como Curro Jiménez o Verano azul, se trata en sus argumentos de presentar personajes y actitudes que tienen relación con una sociedad en plena transformación, que aprende de sus errores y que busca un nuevo escenario de convivencia.

    Resto de los 80: En el listado de las series de la década encontramos rarezas como series de historia social, que no habían abundado en el pasado de TVE tal como La huella del crimen (1985) o El Lute (1988); biografías de mujeres como Mariana Pineda (1984) o Teresa de Jesús (1984) y por supuesto series concebidas como reflejo social del aire del tiempo como Anillos de oro (1983) o Segunda Enseñanza (1986) . Lo más llamativo de la ficción de los años ochenta es la visión sobre los prolegómenos condicionantes de la guerra civil, verdadero eje vertebral de toda la década: La plaza del diamante (1982), Los gozos y las sombras (1982), Crónica del alba (1983), Lorca, la muerte de un poeta (1987), La forja de un rebelde (1990), Los jinetes del alba (1990), entre otras.

    Antena 3 y Tele 5 iniciaron sus emisiones en diciembre de 1989 y marzo de 1990 respectivamente.

    Estamos en el 2012: Hagan sus cuentas.

    Por cierto. si nos comparamos con la BBC, no estábamos (pese a venir de cuarenta años negros) tan lejos de ellos en nuestras producciones en los 80. Ahora, hay un abismo.

    Y, por favor, que se deje de hablar de lo que se exporta la ficción española. Exportamos menos (no voy a entrar en calidades) que mexicanos, venezolanos y argentinos (no tan lógico) e ingleses (lógico). Conozco gente del Este que ha aprendido castellano con Rubí y culebrones latinos.

    En cuanto a calidad, Dinamarca está ya por delante. E Israel (Homeland o In treatment son adaptaciones de series suyas) arrasa hasta el punto que sus mejores guionistas tienen contrato de primera opción con ABC, NBC y HBO.

    Un respeto (que tendré siempre) para Globomedia y Dani Écija, al que aprecio personalmente. Pero también un respeto hacia la realidad. Porque una cosa es lo que uno quiere que sea y otra lo que es. Las hemerotecas e internet ayudan a diferenciar una cosa de otra cuando falla (como tantas veces en este país) la memoria.

  29. Pingback: DE PEORIA A SPOON RIVER: UN PASEO ENTRE FANTASMAS | GUIONISTASVLC

  30. Voy a aportar el punto de vista de un humilde espectador. En los debates de barra de bar, que son los que pretende alentar un dato como el del precio por minuto de las series producidas por TVE, no se compara el precio de nuestro producto con el de productos extranjeros. Se cuestiona la necesidad misma de que se gaste dinero público en series de televisión.

    Es decir, para una gran parte de la población, entre la que no me incluyo, que habiendo 5 millones de parados se siga destinando dinero público a hacer ficción televisiva es una aberración. ¿Que en Dinamarca o Israel cuesta el doble hacer una serie? Y a mí qué me importa. Lo que me importa es que aquí hay gente pasándolo mal y encima nos planteamos gastar el dinero en tonterías y cucamonas para sacar por la tele.

    Es una cuestión de prioridades, supongo. Vemos una barbaridad que deje de haber sanidad pública o un sistema de pensiones por culpa de la crisis pero no que desaparezcan medios de comunicación públicos. Personalmente, me parece una pena.

  31. Genial el post y todos los comentarios.
    Solamente un apunte para Jorge, el “telespectador”:
    Decir que gastarse el dinero en productos audiovisuales es “gastar el dinero en tonterías y cucamonas para sacar por la tele.” es tan atrevido como si yo dijera que el cierre de la planta de Seat o cualquier otra Fábrica, me la pela, porque no trabajo en ellas. Vamos, es lo que se ha vendido (y se vende) en nuestro país: Que el Arte no es una profesión y como tal, no merece respecto. Puedo entender -incluso- que lo crea un mero telespectador… lo doloroso viene cuando los que lo creen dicen querer ser Artistas -obviamente, sin miras puestas en lo profesional-.
    ¿Qué hay que explicarle a la gente, respecto al coste de la ficción audiovisual? Pues que si ésto fuera una industria, esos 12.000€ que cuesta el minuto, se rentabilizan y se convierten en 30.000€ (por poner una cifra). Eso pasa en USA -la meca- y en otros países ya citados, que saben que las producciones audiovisuales son un negocio, como lo es una panadería, una tienda de ropa o un centro comercial… solo que manejando cifras mayores… Pero si no hay intención de los inversores en ello, es comprensible que se vea como una “tontería”.
    A mí me parece más estúpido que se le pague a un futbolista unos 10 millones de euros al año y nadie se queja… porque como se da por hecho que los rentabiliza y, además, ese dinero no sale del Estado… Sigamos pensando así y acabaremos en retrocediendo hasta la Edad Media.
    Y esto es aplicable al resto de disciplinas artísticas, porque si nos ponemos a hablar de música… te tienes que reír por no llorar…

  32. Javier, hoy le pasaba tu artículo a un amigo y he vuelto a leérmelo, y de verdad, felicidades por tus reflexiones. Voy a guardar este artículo en mi carpeta donde guardo el resto de mis sueños.

    Un saludo

  33. A ver si tengo un rato y escribo un artículo sobre mi experiencia en producción en mercados internacionales. Somos muy burros, mucho.

  34. Pingback: Los viajes de Sullivan (de guiones y crisis) | GUIONISTASVLC

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