Archivo mensual: febrero 2012

CENSURAS Y AUTOCENSURAS EN EL GUIÓN

Por gabkarwai

“Hay mentiras que se deslizan y parecen grandes verdades. Una es, a mi entender, que la censura aviva, agudiza el ingenio. O como la hambre aguza el ingenio. Es mentira. La hambre produce avitaminosis y anemia. Y la censura lo que hace es castrar al tipo que debe contar algo. Porque hay cosas que no puede contar. Si fuera verdad que la censura aguza el ingenio, un padre para tener una mejor calidad en sus espermatozoides, se daría un martillada en un testículo, sería prácticamente lo mismo.”

Rafael Azcona, en una entrevista para “Històries del cinema”

Esta frase me resuena siempre cuando alguien habla de cómo crear en entornos adversos. Recuerdo que cuando vi la entrevista de Azcona en la sala de edición solo pensé que alguien ponía en palabras aquello que yo sospechaba pero nunca pensé decir: la libertad genera creatividad, la censura una patada en los huevos. Se había extendido mucho esa máxima del ingenio y la hostia en vinagre con la censura, pero la verdad es que ponerte un palo en las ruedas es una putada, se mire por donde se mire.

Ahora que vivimos un tiempo de no censura (jajaja), nos cuesta más sacar aquellas historias tan nuestras que Azcona y Berlanga nos hacían disfrutar. Porque, ¿existe la censura?

Tal vez la nuestra, la que nos ha tocado vivir hoy en día, es la económica, la que no se ve, la más rastrera y peligrosa de todas. Escribir pensando que con tus palabras puedes encontrar un despido es algo tan maquiavélico que no tienes más remedio que aplicarte una autocensura, la peor de las censuras.

Censura en los textos ha existido siempre. En esa misma serie en la que Azcona nos dejó esa maravillosa frase para la historia, Berlanga, su compañero de andanzas, nos lanzaba una última pulla final, al decirnos algo así como que el guión se lo había inventado la censura para saber qué se decía en los rodajes. Una ocurrencia muy berlanguiana.

Es curioso, algo que cuenta Borau en este enlace, como era la relación con el comité de la censura: escribías el guión, se lo pasaban a los censores que les decían que partes no iban del texto, las que tenías que modificar. Esto parece que no ha cambiado.

A este punto, me hago una serie de preguntas que tal vez os haréis vosotros. ¿Cuál es el límite para censurar algo? ¿Qué es censurable en un guión?

El censor clásico, el del franquismo, siempre tenía unas preocupaciones claras y determinadas: evitar cualquier relación con la política, evitar los temas religiosos y los sociales. Pero es curioso como él sí que podía leerlos, verlos, opinarlos. ¿Qué lee el “censor” de ahora que no pueden ver el resto de los mortales? ¿Hay miedo a ver, a reflexionar, a analizar algunas imágenes?

Cuando el término “censura” ya no existía, cuando se pensaba que era cosa del pasado, se empezó a utilizar, vamos a denominarlo así, “el criterio creativo”. Se podía ver una familia feliz en televisión porque generaba confianza. No se podía ver una madre soltera con su hija en brazos mientras tenía una conversación subida de tono por teléfono, porque creaba una imagen confusa de la familia (esta anécdota es veraz). Ese “criterio creativo” o llámese lo políticamente correcto, nos ha inundado, incluso diría más, nos ha comido.

Ahora nadie asume que está censurando. Nadie. La censura es un término ruin, que el tiempo ha empeorado y tiene una connotación negativa.

Recuerdo oír a Joaquim Jordá cagarse en la puta madre de un directivo de TVE que no le dio el visto bueno a un trabajo suyo. E incluso más que eso, le hizo la vida imposible desde que se enfrentó a él. La censura no era ni siquiera a las palabras, era a la persona.

(Hago un aparte. No me quiero olvidar recomendaros estos documentales, precisamente de TVE, sobre la censura. Luces y sombras sobre la censura franquista y también de la republicana. Muy interesantes)

Hablaba más arriba de la autocensura, práctica que prima ahora más que nunca. Sin ni siquiera darte cuenta escoges unos hábitos como guionista que han castrado tu manera de escribir, de expresarte libremente. A bote pronto yo he descubierto algunos mecanismos de cómo reconocer la autocensura:

- Decir a los demás lo que no deben hacer y/o escribir, porque es una manera de no hacerlo tú. Autoinflinges respeto por algo que tú ni siquiera respetas. Lo sé, es algo irónico, y macabro, pero es así.

- Ironizas sobre aquello que harías y nunca haces. Te vuelves un cínico de aúpa al hablar sobre qué podrías escribir y nunca escribes. Muchos guionistas en Valencia descubrimos “Crematorio” con cierto escepticismo. Yo de los primeros. De hecho al saber que se iba a hacer la serie me compré el libro en el que se basa, de Rafael Chirbes, y me lo tragué. No me pareció gran cosa, dicho de paso. Al verlo en pantalla, más allá de los hallazgos técnicos (creo que junto a “Hispania” son las dos series españolas con mejor acabado técnico, según mi parecer), me pareció que la historia no avanzaba, perdía fuelle. Solo me interesaba el personaje que interpretaba Pep Tosar, ese perdedor que es un nido de problemas. Pero el segundo visionado (el que hice gracias a la Sexta) me sorprendió gratamente. Tal vez mi autocensura, esa que decía “eso seguro que yo lo haría mejor, es más, lo conozco mucho más”, me había impedido ver el producto con una distancia necesaria.

- Echas la culpa a los demás de tu (in)capacidad creativa. Como si ellos te impusieran tus límites, cuando eso lo haces tú, consciente o inconscientemente.

- Debes saber diferenciar la autocensura del límite. Me resulta curioso como define la psicología el término censura: “Vigilancia que ejercen el yo y el superyó sobre el ello, para impedir el acceso a la conciencia de impulsos nocivos para el equilibrio psíquico”. ¿Dónde está la censura, dónde el límite? ¿Dónde está el yo escritor, dónde el yo censor?

En definitiva es el miedo el que inflinge estos mecanismos, es el miedo quien nos lleva a la censura, el que nos alienta a la autocensura.

Me voy dejándoos con él, Mr Johnny Cash y esta canción que me persigue

DE PEORIA A SPOON RIVER: UN PASEO ENTRE FANTASMAS

por Paco López Barrio

Cuando recibí el jueves pasado el texto de Javier Olivares, La señora de Burgos (o el efecto Peoria), que publicamos el viernes, me quedé pensando por qué razón el nombre de la pequeña ciudad de Peoria me resultaba muy familiar. No eran horas de ponerme a consultar en Google, sino de dejar el artículo listo para que apareciese a las ocho de la mañana siguiente. Así lo hice y me fui a dormir.

A la mañana siguiente, antes de poner en marcha el ordenador, se me conectaron un par de neuronas que andaban por ahí perdidas almacenando recuerdos de viejas lecturas. Junto al nombre de Peoria me vinieron otros dos a la cabeza: Spoon River y Edgar Lee Masters. Sabía que entre estos dos recién aparecidos en la memoria (que si sé muy bien de qué van) y Peoria existía alguna relación que no era capaz de recordar. Tras el desayuno, Google me sacó de dudas. La intuición era correcta: Peoria es la capital del condado de Spoon River, en el estado de Illinois. El Spoon River es un pequeño rio, afluente del Illinois (que es afluente a su vez del Mississipi), que cruza el condado y le da nombre. Pero Spoon River es también el nombre de un pueblo imaginario, situado en aquella comarca, muy cerca de Peoria, y cuyos habitantes (mejor dicho: sus difuntos) son el protagonista colectivo de la Antología de Spoon River, uno de los grandes títulos de la poesía norteamericana. El autor de este libro fue Edgar Lee Masters. Ya tenía la ecuación completa, con los tres nombres relacionados.

Resulta que la Antología de Spoon River es uno de mis libros preferidos y aprovecho cualquier ocasión para recomendarlo. Hace años le regalé un ejemplar a Albert Espinosa, a quien estaba muy agradecido por un curso que tuve la suerte de hacer con él y que me ayudó mucho a recuperar la autoconfianza en un momento difícil. También les di la paliza con la Antología de Spoon River a Gabi Ochoa y a Ana Sanz Magallón, una tarde de cervezas en Valencia. Ellos son testigos de que mi devoción por Edgar Lee Masters viene de antiguo (“Es un libro que todo guionista debería leer”, les dije). Y además hace mucho tiempo quería dedicarle un post al tema pero otros asuntos se me adelantaban siempre. Así que al ver el nombre de Peoria en el artículo de Javier, lo entendí como una señal: el momento de hablar de Spoon River ya había llegado.

Edgard Lee Masters fue un abogado de Chicago, de ideas socialistas y pacifistas, que abandonó la profesión para dedicarse sólo a la escritura. Formó parte del movimiento poético Chicago Renaissance. Pero, a excepción de la Antología, el resto de su obra fue un completo fracaso. Pasó sus últimos años en el Hotel Chelsea (¡cuántas historias en este hotel!) viviendo de los sablazos a sus amigos.

La falsa Antología de Spoon River es una colección de epitafios del falso cementerio de Spoon River, una población imaginaria. Masters recoge más de 200 pequeñas historias que implican a gente de todas las clases sociales. Cada uno de los personajes proclama, desde la tumba, un brevísimo resumen de su vida. Hay crítica social, pero sobretodo una mirada intimista sobre las vidas vividas, en oposición a los sueños no cumplidos. En conjunto resulta un libro amargo a la vez que lleno de ternura.

Muchas de estas historias se entrecruzan y complementan. Es lógico en un pueblo pequeño donde todos se conocen e incluso son familia. Y así, el epitafio de un hijo desmiente al epitafio de su padre, el de la esposa al esposo, el de la criada al de sus señores… un ejemplo:

Knolt Hoheimer:

Yo fui el primer fruto de la batalla de Misionary Ridge./ Cuando sentí la bala entrar en mi corazón/ deseé haberme quedado en casa y haber ido a la cárcel/ por aquel robo de los cerdos de Curl Trenary,/ en vez de escapar y enrolarme en el ejército./Mil veces mejor la cárcel del distrito/ que yacer debajo de esta estatua de mármol alada,/ y este pedestal de granito/ soportando las palabras “Pro Patria”. /Por cierto, ¿qué significan?

Lydia Puckett:

Knolt Hoheimer huyó a la guerra/ el dia antes que Curl Trenary/ lo denunciara ante el juez Arnett/ por aquel robo de cerdos./ Pero no es esa la razón por la que se hizo soldado./ Descubrió mi entusiasmo por Lucius Atherton./ Reñimos y le dije que nunca más/ se cruzara en mi camino./ Entonces robó los cerdos y se fue a la guerra;/detrás de cada soldado hay una mujer.

También el grajero Curl Trenary, Lucius Atherton (un casanova rural) y el metódico juez Arnett tienen su epitafio. El juez Arnett, por ejemplo, murió al caerle en la cabeza un archivador de su despacho, por la onda expansiva de la explosión en la fábrica de cerveza.  Lo que más le dolió no fue morirse, sino que sus fichas se desordenaron. En esa explosión murió “Butch” Weldy, quien también nos da su versión desde el más allá, etc. A lo largo del libro encontramos grupos de tres, cuatro, cinco… personajes que componen juntos pequeñas tramas, sin dejar de ser cada uno de ellos una historia completa.

Entre todos ofrecen un catálogo completo de emociones y actitudes: la soledad, el miedo, la ambición, el arrepentimiento, la crueldad, la sumisión, la venganza, la frustración… Hay críticos que han comparado la Antología con la Divina Comedia, por la amplitud con que contempla al ser humano.

Como os decía, es uno de mis libros de cabecera: tiene momentos estremecedores y otros francamente divertidos. Pero lo que admiro, sobretodo, es su capacidad de síntesis. La buena poesía necesita pocas líneas para dibujar toda una vida y una manera de “estar” en ella. A diferencia de la novela, la buena poesía enseña a ser concisos, a no escribir una palabra de más. Y nos hace capaces de imaginar todo un mundo a partir de una imagen o una breve anécdota. La Antología de Spoon River cumple plenamente con este mandato. Por eso siempre he dicho que debería ser lectura obligada para todo guionista, profesional o aspirante. Pero los guionistas, en general, me parece que son poco lectores de poesía. Y me quedaba siempre con el temor de que la recomendación se tomase como una extravagancia mía, más que como un consejo dado en serio. Hasta que vino en mi ayuda un sabio de Buenos Aires, un tipo que junta la ironía porteña con el finísimo sentido del humor del judío centroeuropeo, heredado de sus padres.

Fue hace algunos años, en la UIMP, cuando asistí a una serie de master-class de Jorge Goldenberg. Una buena experiencia a la que le debo, entre otras cosas, el haber conocido un poco mejor los mundos de Cassavetes o Tarkovski. Un dia, Goldenberg nos propuso un ejercicio práctico. Él nos iba a dar unos textos breves sobre diversos personajes. A partir de ahí debíamos imaginar cómo era su mundo, cómo vestían, cómo eran sus casas, su manera de hablar o de moverse, cómo se relacionaban con sus vecinos… un típico ejercicio de taller de escritura. Cuando repartió las fotocopias me di cuenta de que el material que nos estaba proponiendo como punto de partida eran algunos de los poemas de Spoon River. Los reconocí al instante. Y me dió una gran alegria: ni estoy sólo ni estoy loco. Lo comentamos después, durante el coffee break, y él pensaba lo mismo que yo sobre el valor de éste libro como herramienta de formación para guionistas.

Hace tiempo, ya os dije, que quería escribir sobre esto. Y en eso llegó Javier Olivares y habló de Peoria (allí precisamente está la cárcel del distrito en la que el pobre Knolt Hoheimer habria estado preso). Los recuerdos se asociaron y decidí que este asunto ya había estado demasiado tiempo en espera y era ya la hora de compartirlo.

NOTAS: Aqui podeis descargar el original en inglés (se publicó en 1915 y está en dominio público). En castellano hay una buena edición en Cátedra.
Me acaban de pasar por Facebook el enlace a una selección en castellano.

LA SEÑORA DE BURGOS (O EL EFECTO PEORIA)

por Javier Olivares

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¿O era de Cuenca? ¿O de Logroño? No lo recuerdo bien. Sí recuerdo que, hace años, cuando una productora o una cadena creía que lo que le ofrecías era muy arriesgado, siempre acababas oyendo frases como “¿Lo entendería una señora de Burgos?”… O, taxativamente: “Lo tiene que entender la señora de Burgos y su familia”.

En resumidas cuentas, lo que te querían decir es que tus guiones, tu serie, tenía que estar al alcance de todos. La señora de Burgos en cuestión era como el efecto Peoria, una ciudad de poco más de 100.000 habitantes al nordeste de los EEUU. Peoria es lo que los sociólogos llaman una ciudad espejo. Es decir: su composición social equivale al gusto de todo un país. Las productoras de Hollywood estrenaban sus películas allí para testar su posible éxito. Y, en las elecciones, los resultados electorales de Peoria son considerados para algunos los equivalentes a los que luego resultan de todo el electorado americano. De ahí se acuñó la frase “si funciona en Peoria, funcionará en cualquier parte” (if it plays in Peoria, it will play anywhere).

Los mandamases televisivos patrios no necesitaban encuestas ni sociólogos… Ni siquiera una ciudad, por pequeña que fuera. Les bastaba con la señora de Burgos. Con dos cojones. Técnicamente no les faltaba razón. La implantación sociológica de los audímetros es lo que buscaba (y busca). Familias, clase media y media baja (que en muchas ocasiones castiga el nivel de audiencias de comunidades con lengua autóctona, como Catalunya). Y las series se tenían que enfocar hacia ahí, con un target amplio que contentara a todos. Para todos los públicos, para toda la familia. Algo que si se hubiera aplicado a la literatura, a las artes plásticas, al diseño, al cine… a cualquiera de las actividades creativas humanas, no hubieran existido ni un Borges, ni un Picasso, ni un Buñuel ni unos Charles & Ray Eames… por poner sólo unos ejemplos.

Si siempre hubiera sido así, no hubieran existido vanguardias que se opusieran a lo clásico para acabar convirtiéndose ellas mismas en algo tan clásico como aquello contra lo que se confrontaban… Y así, desde que el mundo es mundo. Se llama evolución.

Es cierto que la televisión, en caso de ser vanguardia ha de ser popular. Que, a día de hoy, la comunicación es esencial y los espectadores nuestros necesarios cómplices. Pero si nuestra única razón de crear es satisfacer a ese “público masivo”, “familiar”… nos estamos equiparando a los concejales de fiestas de los ayuntamientos, esos de los que un día me dijo con tino Arturo Pérez Reverte que su eliminación (y la transferencia de sus presupuestos a Educación y Cultura) es la verdadera revolución pendiente de nuestro país.

Ojo: no se trata de hacer productos elitistas. Es sólo cuestión de no conformarse con poco. De observar las señales de identidad de la calle, de nuestra sociedad. Y de entender la televisión no como una caja tonta sino como algo que es principal seña de identidad de nuestra cultura y nuestra comunicación. Un respeto.

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Los tiempos cambian que es una barbaridad. Lo dicen filósofos, sociólogos y hasta nuestras abuelas. Sin ir más lejos, la familia ya no es lo que era. Por un lado, se fractura la unidad familiar existiendo cada vez más singles que, no por ello, dejan de ser espectadores de televisión. Nuestro índice de natalidad es de los más bajos de Europa, con lo que se empieza a poner en duda la existencia de un referente infantil en nuestras series de prime time (gracias a Dios).

Por otro lado, las familias se reagrupan ante la crisis. Y la señora de Burgos, ya abuela, ve como vienen a comer a casa más su hijos. Y que sus nietos no se han ido de casa. O que si se han ido, han vuelto. ¿Ve esta nueva familia la televisión como las familias de antaño? No. Incluso los nietos no la ven porque prefieren ver sus series por Internet, algo muy difícil de medir en audiencias.

Audiencia, palabra mágica llena de misterios. Como el de que se sigan midiendo por audímetros cuando con la TDT (digital terrestre, aclaro) hay tecnología suficiente como para medirla automáticamente y al segundo.

Cuando, con la TDT y los canales de pago la media de la cadena más vista en España, cada mes, no llega al 15 %, de tan fragmentada como está. Lejos (salvo contadas excepciones… normalmente programas deportivos y, qué curioso, la ficción de TVE o el final de algún reality de postín) de los resultados de Farmacia de guardia, Médico de Familia y los primeros Serrano.

Esos tiempos no volverán. Todo ha cambiado. ¿Por qué no cambia nuestra televisión? ¿Por qué no se considera que, aun siendo industria, es una industria que tiene mucho de creativa y de cultural? ¿Por qué es el único área de nuestra creación en la que no priman los creadores?

Recientemente, con motivo de los recortes de TVE, muchos no entendimos que se desmantelara una ficción de prestigio y audiencia (como tampoco se entiende que se esté llevando a la ruina a las productoras que no han hecho otra cosa que hacer bien su trabajo).

Ante el posible revuelo, desde el poder, se reaccionó rápido: declarar el coste por minuto de esas producciones. En realidad, era un guiño populista a una población masivamente afectada por el paro y la crisis, como la nuestra. Era un guiño a la señora de Burgos.

¿Cómo puede entender alguien que llega como puede a fin de mes que un minuto de una de esas series cueste 12.000 euros? Difícilmente si no se le dice lo que cuesta cualquier serie extranjera que ese mismo alguien ve a menudo porque es de las pocas cosas que le hacen evadirse de la dura realidad. Porque cuestan más, pese a que algún experto nos quiera hacer creer de forma equívoca lo contrario.

Intentaré explicarlo, no obstante. Más allá de discutir sobre si había necesidad de que TVE eliminara la publicidad, ¿cómo se mide la rentabilidad de una serie? Por su audiencia y por su prestigio. Y en ese sentido, Cuéntame, Amar en Tiempos revueltos y Águila Roja cumplían sus objetivos con creces, nos gusten o no esas series. ¿Es una buena opción de mercado eliminarlas, aún en crisis? Humildemente (y no soy un devoto de todas ellas, precisamente), creo que no.

La BBC ha acuñado un slogan que define su ficción: Original British Drama. Y lo lleva por el mundo con orgullo. Y hay pocas cosas menos incuestionables y pocas señas de identidad nacional más fuertes para los ingleses que la BBC… Y, de paso, como referencia de calidad, ha conseguido que otros canales como ITV o Channel Four compitieran en riesgo y calidad. ¿Por qué no seguir ese ejemplo? Y basta contemplar cualquiera de sus series para comprobar que son más caras que las nuestras y que sus temporadas suelen ser de seis capítulos (cuando no menos, como Sherlock, Black Mirror o Luther).

Se podrá decir que porque venden más en EEUU por compartir idioma. Si es así, ¿no es el castellano una de las lenguas más habladas en el mundo? Ataquemos por ahí. Con orgullo, defendiendo nuestra marca: el orgullo y la felicidad que ofrecen las marcas a sus consumidores son básicos para el éxito comercial y de mercado.

El problema es que, para hacerlo, tendrían que cambiar muchas cosas. Entre otras, que nuestras cadenas (públicas o privadas) deberían de dejar de atender a la señora de Burgos. O no. Pero, desde luego, no seguir teniéndola como referente único.

Porque lo que se vende es calidad y universalidad (que a veces se da más fuerte que nunca mostrando la propia idiosincrasia… cuando no es un derroche de tópicos). Y una ficción que no esté apegada a targets tan amplios, porque así es imposible tener productos con cara y ojos.

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Se habla de crisis continuamente. Es lógico: la hay y es profunda, abisal. No es ésta la tribuna más adecuada para explicar sus orígenes, pero sí para decir que, con ella (como suele ser habitual) el consumo televisivo aumenta sin parar. Estadísticamente, lo que más se ve (en España y en el mundo) son los informativos, los grandes eventos deportivos… y las series de ficción. ¿Es bueno desmantelar el mercado en vez de reconducirlo?

Se habla de crisis para justificar cualquier cosa. Bien, ya es hora de hablar de crisis para afrontar como puede ser nuestra ficción en estos tiempos tan duros. Y no rendirnos ni darnos por muertos.

Supongamos que estamos de acuerdo en que un capítulo no puede costar tanto dinero. Con que el futuro pasa por medidas como las que parece se van a tomar en TVE. En ese caso, habrá que proponer alternativas, planes… No desmontar un edificio para dejar sólo el solar mondo y lirondo.

Y como uno no debe criticar sin plantear alternativas, propongo algunas.

Lo primero, acortar la duración de las series hasta los 40 o 50 minutos habituales en la inmensa mayoría de países abarataría costos y posibilitaría la venta exterior de nuestras series. Es cierto que con esa duración no se pueden poner tres cortes de publicidad, pero no se puede querer todo. Sobre todo si se quiere hacer un producto de calidad y por ello, vendible. Y, por ello, digno del público que decide ver la televisión. ¿O no se trata de eso?

Lo segundo sería abaratar el coste de las series. Hay un modelo claro: el catalán. Polseres vermellas, comprada por Spielberg para que la adapte Marta Kauffman (Friends, Dream On…) no supera los 200.000 euros por capítulo y ha tenido un éxito espectacular de audiencia. Tampoco lo hace Kubala, Moreno i Manchón (sí, es mía –y de Anaïs Schaaff-, pero creo que su éxito de crítica y audiencia –aún evidentemente menor que la antes citada- avala que la pueda poner como ejemplo.

¿Cómo se consiguen estos productos por ese precio? Con mucho sufrimiento y limitaciones. Pero también con libertad creativa para preservar el alma de la serie. Con unos directores que se ponen al servicio de la serie y no al revés. Con una unidad de estilo. Con un equipo que desde el guionista, el técnico, el actor, el director, el encargado de fotografía… tiene una idea común y unos planteamientos claros… Y con un apoyo de la cadena, en este caso TV3, la más BBC de nuestras cadenas (y no sólo en ficción).

No se trata de bajar los costes tanto (es excesivo por muchas cualidades que estas producciones tengan). Pero no me cabe duda de que, con planificación (que permitiera rodar en interiores naturales y exteriores), se podrían conseguir buenas series más baratas que actualmente. Pero, para ello, debe haber tiempo para escribirlas antes de ser producidas. Por completo. No ir escribiendo mientras se rueda.

Pasemos a temas de estilo. Dichas series deberían primar la historia y la idea del creador sobre todas las cosas. Como se hace fuera. Y hacerlo sin remilgos.

No hace ni un año, un director, especialmente obsesivo con ser la niña en el bautizo, la novia en la boda y el creador de todo lo que rueda (como si él lo hubiera escrito) antes que el muerto en el entierro, me dijo en una comida que eso de que en los EEUU los guionistas fueran productores ejecutivos no era cierto. Sic. Yo callé estupefacto (y suelo callar pocas veces ante este tipo de desatinos). ¿Para qué responderle si existe el IMDB?. Recientemente, en una entrevista, ese mismo director declaraba que le encantaban Breaking Bad y The Good Wife. Que busque en IMDB o en la wikipedia los nombres de Vince Gilligan (antes en Expediente X, por cierto) o de Robert y Michelle King. Tal vez así, además corregir su ignorancia, entienda cómo se hace una serie. Y quiénes llevan el timón de las mismas. Él y otros muchos.

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Para dar un giro a esta situación, para crear nuevos productos a un precio más barato (o más caro, pero con el objetivo de la rentabilidad), lo básico es el alma de la serie. Dejar de hacer productos de marketing para todos los públicos. Y, probablemente, durante un tiempo, olvidarse de épocas pasadas –lo más caro- y hablar –por fin- de la realidad que nos rodea.

No seríamos los primeros en abrir esa vía. Ya lo han hecho los argentinos (Hermanos y Detectives, Los Simuladores…), los israelíes (con series que han tenido adaptación USA como Homeland, In treatment, Ran Quartet, Ex List –ésta fallida en su adaptación en los EEUU-…), los daneses (la impecable Forbrydelsen (luego The Killing en USA, Borgen… aunque con un coste casi BBC, todo hay que decirlo), los franceses (la magnífica Engrenages o Reporters).

Todas son series de autor. De género. Con relación con el mundo real. Con actores que lo son y no un desfile de chicas y chicos guapos que no saben vocalizar y que parecen salidos de una discoteca y no de una escuela de arte dramático (como todos los ingleses, por cierto). Todas son series -más o menos caras, pero rentables- que han basado su éxito comercial en el éxito en su país de origen y en su venta exterior. Que no se encierran en el mercado interior.

Y, sobre todo, todas son series directas al corazón de un público inteligente y no por ello menos popular, olvidando como referente obligado a la señora correspondiente de Catamarca, Haifa, Aalborg o de Clermont Ferrand.

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Toda crisis requiere soluciones imaginativas. Aprovechemos esta crisis para potenciarlas. Para aprender día a día de los que mejor lo hacen. Y no copiando sus ideas, sino sus estructuras y sus métodos. Recuerdo que la HBO, antes de producir series, envió gente a Europa (también vinieron a España) para copiar el modelo de producción del cine independiente europeo cara a la producción de sus series. Mal no les ha salido, desde luego: nuestro cine independiente europeo casi no existe ya y la HBO triunfa ahora como modelo a seguir.

Trabajemos como hay que hacerlo. Ensayemos antes de rodar. O hagamos mesas italianas para que los actores sepan la intención de lo escrito. No es tan difícil. Otros lo hacen. Aquí, no. Y no es cuestión de dinero. Es, sencillamente, cuestión de un modelo de producción caduco, aferrado al plató y a un equipo de treinta personas para rodar a un personaje solitario andando triste por la calle cuando se podría hacer con una pequeña cámara (las hay muy buenas, lo juro) y posproducción.

Descubramos las mil posibilidades de lo digital (no tan caro como todos dicen) y de las nuevas tecnologías. Y no identifiquemos efectos especiales con ciencia ficción (hasta Betty la fea en su versión USA los utilizaba). Sí, es invertir. Pero también es rentabilizar, crear imágenes que serían impagables de otra manera. Y no se sale de las crisis sin inversión. Pero sobre todo, cuando no había crisis, ¿por qué no se ha invertido en ello?

¿No queremos invertir en tecnología? Bien, pues invirtamos en talento y dejemos que éste fluya. Hagamos cosas pequeñas que sean grandes, creíbles y con la verdad y la cara por delante. Frescas. Distintas. Con emociones. Y éstas no se crean con fórmulas preconcebidas ni desde la mercadotecnia.

Para ello, superemos el anquilosamiento al que nos ha llevado una misma y obligatoria manera de escribir tantas y tantas series. Que los gestores ayuden a los que crean y no les sustituyan. Que corrijan, que opinen, que siempre es bueno que muchos ojos vean tu obra para que no te ensimismes en ella. Pero que no se olviden de que sólo con las ideas de los que crean y escriben las series (y saber llevarlas a la pantalla sin jugar al teléfono estropeado1) es posible conseguir un buen producto.

Intentemos lidiar esta crisis con imaginación e inteligencia. Abandonemos la torre de marfil de nuestra ficción, justificada en señoras de Burgos y Peorias. Otros lo han hecho. Exactamente, con estas premisas, produciendo de otra manera.

Y me niego a creer que seamos más torpes y más tontos que ellos.

1 El creador de la serie da una idea y escribe un guión. Luego le hacen desaparecer del mapa (tras corregir el guión a veces necesariamente, otras no tanto). Pasa el guión al director que reinterpreta a su manera el guión (y que hace lo mismo un capítulo de una serie de época que, a las dos semanas otra de médicos). Luego, los actores (a los que se les impide el contacto con el que ha escrito lo que van a decir), lo reinterpretan a su vez. Y como en el plató hay prisa y, cuando no la hay, todo es pacto entre director y actores, lo que se ve en pantalla, aunque se diga el texto exacto –que ya es un milagro- no tiene nada que ver con el guión ni la idea que se escribió. No lo reconoce ni la madre que lo parió, en su sentido más estricto.

SÉ EGOÍSTA

Por Rafa Ferrero

Cada vez que en una reunión de la asociación de guionistas se habla de que es necesario captar más socios, me siento miembro de una secta. Me imagino rapándonos al cero y yendo casa de guionista por casa de guionista tocando la pandereta y cantando proclamas pegadizas para conseguir que se asocien. Por suerte, esta medida no se aprobó en la última junta, por un voto.

Hace años que pertenezco a EDAV (Escriptors de l’Audiovisual Valencià), por eso no acabo de entender por qué la gente prefiere ir por libre. Para tratar de comprenderlo he de remontarme al 2005, el año que pagué mi primera cuota de socio adherido. Acababa de terminar el máster de guión de tv en la UIMP y nos habían dado tanto la tabarra con que teníamos que asociarnos que prácticamente todos los alumnos de la promoción en bloque lo hicimos.

Cuando fuimos a la primera reunión, no me enteré de nada. Parecía que hablaban en clave. Todo eran siglas de instituciones y organismos que no conocía, no sabía para qué servían, ni a quien representaban. Los nuevos nos mirábamos entre nosotros de reojo, comprobando que el pasmo era general y apuntando en una libreta todo aquello para buscarlo luego en internet. Por supuesto, nunca llegué a hacerlo.

Otro motivo de gran decepción por mi parte fue que no conseguí trabajo.

No sé por qué me había hecho la idea de que en esas reuniones los guionistas veteranos, después de hacernos alguna novatada a los guionistas jóvenes, nos aceptarían como miembros de su grupo y nos confesarían los secretos de la profesión. Casi esperaba que alguno de aquellos guionistas canosos se me quedase mirando fijamente de repente y me dijese: Chico, ¿sabes escribir?

Yo diría: Sí. Tratando de parecer los más convincente posible y él respondería: Contratado.

Pero no, por increíble que parezca, eso no pasó.

Y por si fuera poco, en esa misma reunión también me enteré de que los convenios laborales eran algo muy importante y que nosotros no teníamos uno… Todo eran buenas noticias.

Poco después, recuerdo que me planteé seriamente darme de baja. Se me pasó por la cabeza que estar asociado no solo no iba a ayudarme a encontrar trabajo, igual hasta me lo ponía más difícil. Me imaginaba a un productor dudando entre dos guionistas y diciéndole a la jefa de producción: Llama al otro, al que no es de EDAV. Los de las asociaciones de guionistas les meten en la cabeza muchas chorradas a esos críos y dan mucho la brasa.

Con los años he ido comprendiendo de qué va todo esto y he llegado a la conclusión de que si hay guionistas que no se asocian es sencillamente por desconocimiento. Deben pensar cosas por el estilo a las que pensaba yo y sentencian el posible debate interno que puedan tener sobre si asociarse o no diciendo un rotundo: Yo paso de esos rollos.

A estas altura ya lo habréis notado, pero voy a decirlo abiertamente para que no se me acuse de estar haciéndolo subrepticiamente (desde que Martín usó esta palabra en su último post no me la quito de la cabeza). Este post tiene un objetivo claro, convencer a los guionistas que todavía no se han asociado de que lo hagan. Pero no lo voy a hacer apelando al bien común o a al corporativismo. Las asociaciones de guionistas no son ONGs ni tienen como objetivo salvar ninguna especie en peligro de extinción, aunque lo parezca. No buscamos gente altruista dispuesta a trabajar por los demás. Asociarse es lo más egoísta que podéis hacer. ¿Por qué? Porque pagando la cuota estaréis luchando por vuestros propios intereses.

No te engañes, no es una cuestión de recaudación. La cuota es importante, desde luego. Gracias a ellas las asociaciones pueden permitirse pagar coordinadores, asesorías jurídicas, asesorías legales y organizar actividades. Pero no es ni la mitad de importante que el hecho mismo de que haya un asociado más.

Cada vez que un representante de una asociación se sienta en una mesa a negociar cualquier cosa, su única baza es el número de guionistas a los que representa. Somos un colectivo importante y cuando pedimos algo justo suelen escucharnos. Pero alguien tiene que pedirlo, negociarlo y pelearlo hasta que se consigue y si todos vamos por libre no hay nadie legitimado para hacerlo. Por eso, que las asociaciones representen al mayor número posible de guionistas es tan importante, porque les legitima para hablar en nombre del colectivo y no de un grupo de ellos.

Ahora es cuando más de uno está pensando: Ya, tú lo que quieres es que pague mi cuota para que otros decidan lo que me conviene en mi nombre.

No. Nadie decide lo que te conviene. Lo que te conviene es lo mismo que nos conviene a todos los guionistas por el simple hecho de dedicarnos a esto. Las asociaciones priorizan sus acciones en función de lo que los socios demandan. Si hay algún tema que te preocupe especialmente, transmítelo a la junta directiva de tu asociación o pide entrar a formar parte de ella, seguro que te reciben encantados y, de repente, dispondrás de una plataforma ideal para afrontar el reto de cambiar o mejorar aquello que te preocupa.

Pero si no hay nada que te preocupe especialmente o prefieres pasar de estos rollos, tranquilo, aquí viene lo mejor. No tienes por qué hacer nada. Sencillamente asóciate y cuando tengas tiempo, lee los emails informativos que empezarás a recibir, ve a las reuniones cuando te apetezca, apúntate a los cursos y actividades cuando lo que se ofrece te interese y sigue escribiendo. Las asociaciones ya están en marcha y están trabajando en multitud de frentes que, cuando vayan logrando sus objetivos, te harán la vida más fácil y podrás sentirte orgulloso de haber colaborado en algo.

¿Qué se está haciendo? Trataré de ser muy muy breve.

Primero una aclaración: EDAV, la asociación valenciana de guionistas, pertenece a FAGA, el Foro de Asociaciones de Guionistas Audiovisuales que reúne a las asociaciones de los guionistas gallegos AGAG, vascos EHGEP, catalanes GAC y valencianos EDAV (El tema de las siglas no lo solucionaremos nunca). Por lo que hablaré tanto de las iniciativas que se están llevando a cabo a nivel autonómico como a nivel nacional.

- Situación del Guionista. Las asociaciones realizan estudios sobre la situación del guionista para tratar de detectar los principales problemas y carencias de la profesión. Aquí podéis echarle un ojo al último estudio que realizó EDAV, pero ahora mismo está en marcha la realización de un nuevo estudio a nivel nacional.

Régimen de Artistas/Autores. ¿No os ha pasado nunca que habéis ido a daros de alta como autónomos para trabajar como guionistas y el funcionario de turno no sabía en qué epígrafe inscribiros? Ya va siendo hora de que los guionistas tengamos un régimen de cotización a la seguridad social propio que se adapte a las peculiaridades de nuestra profesión.

Elecciones SGAE. Pronto habrá una nueva junta directiva en SGAE y desde FAGA se está haciendo fuerza para que haya guionistas en ella que nos representen desde dentro y velen por nuestros intereses.

- Ley de la propiedad intelectual. El nuevo gobierno tiene previsto llevar a cabo una reforma de la ley de propiedad intelectual que podría, por fin, regular el entorno digital. Los guionistas tienen mucho que decir al respecto. FAGA ya se ha puesto en contacto con el ministro.

- El futuro de las televisiones autonómicas. Es un tema que preocupa y mucho al sector audiovisual, especialmente en Valencia. FAGA ha convocado una jornada de trabajo a nivel nacional en la que representantes de los principales colectivos del sector abordarán este tema.

- Convenio guionistas. Aunque sea totalmente inverosímil a estas alturas seguimos sin tener uno. Es una batalla de largo recorrido, pero hay que seguir ahí.

- La visibilidad del guionista. ¿Se han publicado las bases de un premio o concurso para guionistas con alguna cláusula abusiva? ¿Eres el guionista de una película o de una serie y no se te menciona en los créditos o en una crítica cinematográfica? ¿Has ido a un festivas y has observado que había premios para todos menos para los guionistas? Informa a FAGA.

- Encuentros de guionistas. Muchos habéis estado en las dos primeras ediciones ¿no? Pues eso.

Me dejo muchos temas, como los cursos, talleres y seminarios que se organizan desde las asociaciones. EDAV, por ejemplo, ya tiene una propuesta muy interesante para este año aprobada, con presupuesto y organizándose.

Espero que con estas pinceladas os haya servido para haceros una idea de la envergadura de los temas en los que se está trabajando. Cada vez que se consigue uno de los objetivos todos nos beneficiamos y si no existiesen las asociaciones nada de esto sería posible.

La semana pasada este blog se llenó de razones para desesperarse… hoy os he hablado de una forma de hacer algo para que todo esto cambie. La mejor forma.

Tal y como están las cosas, si eres guionista, no puedes permitirte el lujo de ir por libre. Cada guionista que no se asocia está dificultando la tarea de las asociaciones, es decir, está yendo en contra de sus propios intereses. Sé egoísta, asóciate.

RADIOTELEVISIÓ VALENCIANA I EL GRAN ATRACAMENT

Rafa Xambó és cantautor, sociòleg i professor de la Universitat de València. Durant l’actual legislatura és el representant de la coalició Compromís al Consell d’Administració de RTVV

per Rafa Xambó

Crec que no revele cap secret si afirme que el principal problema que pateix RTVV des del punt de vista econòmic i, per tant, pel que fa a la seua sostenibilitat econòmica, procedeix del fet de la nefasta i fraudulenta gestió econòmica que ha practicat el PP. Cal deixar ben clar que els 1200 milions d’euros que s’atribueixen al deute no provenen de fer televisió i ràdio. Ja he dit unes quantes vegades que si això fos així, si els 1200 milions d’euros s’haguessen usat en produir televisió i ràdio, ara, tot i que endeutats, tindríem els actius més importants d’Europa en programes produïts, en ficció pròpia, en documentals de qualitat, en un arxiu documental extensíssim, en la més documentada informació, etcètera.

La realitat, com sabeu, és un altra. Només cal fer una ullada al Nou2 per contemplar la pobresa de continguts, l’enorme quantitat de redifusions de quan Canal9 feia reportatges i documentals, per comprovar que, amb totes les misèries d’aquella època, que també eren moltes, es feien productes d’interès i qualitat. El temps del PP, des del 1995, a RTVV, ha sigut un temps de balafiament, de mediocritat intel·lectual –gent indocumentada l’únic mèrit de la qual era formar part de l’estructura de control del PP-, d’ineptitud professional –quantes vegades han sigut els becaris o els professionals externs els qui els han hagut d’explicar com es fan les coses-, de promoció de la caspa castissa espanyola i els opinadors reaccionaris. Això sí, tots molt ben pagats per a reforçar la xarxa clientelar i promocional del PP. Amb tot, per molt que els pagaren no valien ni pagaren 1200 milions euros amb aqueixa porqueria mediàtica. Especial menció mereix l’intel·lectual orgànic Ricardo Bellveser, amo i senyor de la cultura a RTVV, membre del Consell Valencià de Cultura, de l’Acadèmia Valenciana de la Llengua –tot i la vergonya que produeix sentir-lo parlar valencià- i director de l’únic programa cultural a RTVV, pel qual passen amb facilitat els escriptors de la quadra dretosa i és escàs o impossible trobar els autors valencians que escriuen la seua obra en la llengua pròpia.

La clau rau en què RTVV s’ha usat d’instrument financer per a pagar les coses que la Generalitat, primer amb Zaplana i després amb Camps, no volia carregar al seu deute, la qual cosa els permetia maquillar el deute públic i burlar els controls de les autoritats de supervisió. La trama Gürtel amb la visita del Papa i el robatori practicat per Pedro García en seria la punta de l’iceberg. Però n’hi ha molt més. Recordeu la gestió de Sánchez Carrascosa i com s’apropiaren de decorats i equipaments tècnics per a posar en marxa la televisió privada Valencia Tevé, propietat del diari Las Provincias. Recordeu l’unflament de plantilla amb l’encalçador sexual Vicente Sanz que va doblar el nombre de treballadors per a poder prescindir de tots els que considerava no afectes. Hi ha molts ‘alliberats’ del PP que cobren de la nòmina de RTVV i només treballen per al partit.

Així les coses i amb l’hegemonia política del PP, només hi ha dues opcions. La primera és ben senzilla: resignar-se, donar-ho per perdut, reproduir acríticament el discurs que ells fomenten, que Canal 9 és insostenible, que cal refundar-la despatxant la majoria dels treballadors, que cal deixar-ho en mans dels grups mediàtics privats que si que saben el que es fan, etcètera.

L’altra opció, també evident, és plantar-los cara, combatre la fal·làcia del seu discurs, destapar-los públicament com els únics responsables d’aquest desastre –no tenen la solució els qui han causat el problema-, desmuntar la seua gran mentida i insistir que els valencians tenim dret a uns mitjans públics de qualitat, gestionats de manera eficient i transparent, amb polítiques de contractació que atenguen principalment el mèrit i la capacitat, amb polítiques de comunicació democràtiques i al servei de la ciutadania. No és una batalla fàcil. Ells tenen el poder dels altaveus, però les seues mentides es poden desmuntar i nosaltres, la nostra dignitat, la majoria dels valencians ens mereixem uns mitjans propis que parlen de la nostra realitat des d’una perspectiva valenciana plural.

Hi ha molt a fer. Per això hem posat en marxa una Plataforma a la qual vos convidem a incorporar-vos, perquè el vostre coneixement del mitjà i la vostra experiència és un actiu fonamental en aquesta batalla difícil, però que encara no tenim perduda. Els valencians tenim una certa tendència al pessimisme, però també cal recordar que, de tant en tant, quan plantem cara, tenim la possibilitat de guanyar o almenys d’impedir que ho guanyen tot.

Vos convide a què llegiu la Declaració de Burjassot, que la signeu i que vos incorporeu a la Plataforma Sí a RTVV, la nostra. Ja sabeu, ara és el temps de plantar cara, el temps de la dignitat dels professionals i de tots els valencians que volem mitjans públics democràtics i lliures del control polític.

EJEMPLO A SEGUIR

Por Martín Román.

Los ánimos de quien os escribe a veces parece -concretamente tres veces al día: a la hora de los informativos de mañana, tarde y noche- que van a quebrar. Pero sigo adelante, tecleando. Empiezo a comprender aquella expresión “para ser guionista hay que estar hecho de una pasta especial” que tanto utilizaban aquellos maestros del guión con quienes tuve la oportunidad de iniciarme en este oficio. No quiero decir que seamos especiales, creo que esta frase es inherente a cualquier profesión en la que la pasión y la emoción son imprescindibles para llevarla a cabo.

Hace unas semanas llegaba la noticia de que RTVE paralizaba hasta nuevo aviso la producción de sus series insignia, Águila Roja y Cuéntame. Respecto a los efectos de la desaparición de la ficción de RTVE, Javier Olivares publicaba en Bloguionistas un demoledor artículo que ya se había extendido como la pólvora entre sus amistades del Facebook.

Somos un país con muy mala memoria, o quizá no sea tan mala, sólo que preferimos mirar hacia delante y caminar hacia el abismo en lugar de echar por momentos la vista atrás. En 2004 la programación de las televisiones públicas y privadas era terrible, un corazón podrido y pornográfico copaba las parrillas de las televisiones privadas, las audiencias de RTVE eran modestas y su director de informativos había sido condenado el año anterior por manipular la información.

Con el cambio de gobierno se realizaron unas reformas que trajeron cosas buenas como una total independencia de sus servicios informativos y cosas malas como la eliminación de la publicidad sin proponer otras vías de ingresos. Pero los cambios positivos repercutieron además en las cadenas privadas porque una radiotelevisión pública es además de un servicio publico (imprescindible) un ejemplo a seguir para el resto de medios de comunicación privados. Cuéntame ya estaba en parrilla. Luego vino el excelente serial Amar en tiempos revueltos. Pero creo que fue con el éxito y la calidad de La Señora, esa serie que habían rechazado todas las privadas (por producción cara, supongo), cuando empieza el verdadero cambio. Sin olvidar ni desmerecer otras series como Herederos, Plutón BRBnero, Gran Reserva… A partir de ese momento las privadas se pusieron a buscar la serie de época (pasada o futura) que pudiera competir con aquellas obras. Sin la presencia de estas series de RTVE en este país habrían sido impensables series como: Hispania, El Secreto de Puente Viejo, Gran Hotel, Tierra de lobos, La Fuga, El barco

Hace poco un amigo me enviaba un e-mail. Llevaba tiempo trabajando en una serie que aunaba “ingredientes de éxito”: época, acción y misterio. Yo sabía su proyecto por un pitching que me había hecho entre cañas en la barra de un bar de Madrid, a mí me entusiasmó, deseaba que contara conmigo para el proyecto. Era una idea original y contaba con ese “factor diferencial” que tanto buscan los productores y que dicen que es “definitivo para levantar una serie”. Habían mantenido varias reuniones con una productora, todo indicaba que el trato se cerraría y podría ver en unos meses el fruto de su imaginación, trabajo y tesón, en pantalla. A finales de semana tenía el contrato en la mano, había que estudiarlo para firmarlo. Supongo que este amigo se enteró por las redes sociales -con internet los periódicos e informativos ya nacen viejos- de la decisión de criogenizar las series de RTVE. A los pocos días lo citaban para una reunión de urgencia con la productora. La serie se venía abajo: nada de época, mínimas localizaciones en exteriores… Dos días antes de la reunión en El País había aparecido este artículo en la que un directivo pronuncia por enésima vez la frase “la fiesta se ha acabado”; si las frases tuvieran derechos de autor alguien se estaría forrando con ella. Ah, perdón, ya se están forrando unos cuantos. Conclusión: cunde el -mal- ejemplo de RTVE.

El último artículo mencionado también asegura que Telecinco se plantea rebajar un 10% el coste de los contenidos. Con la nueva reforma laboral lo van a tener fácil. Pero… ¡Despierta, Martín, tus ánimos parece que van a quebrar de nuevo! ¡Vuelve a leerte aquel artículo de Paco donde elogiaba los malos tiempos! ¡Piensa en el corto que rodarás en fallas! Vale, ya se me pasa…

EPÍLOGO:

Las parrillas no sólo sufrieron cambios en sus ofertas de ficción, también los contenidos informativos o de entretenimiento sufrieron mejorías. Desde RTVE se pedían contenidos adecuados para todas las franjas horarias en todas las cadenas. Los niños siguieron siendo los grandes olvidados en la programación vespertina escudándose en la existencia de canales temáticos y segundas cadenas; pero Antena 3 empezó a ofrecer propuestas más blancas para toda la familia eliminando los programas del corazón (que deberían llamarse programas de casquería) marcando una gran diferencia con su principal rival.

Aquí nos preocupamos mucho por esos programas que cuentan con guionistas sean ficción, entretenimiento o divulgativos, somos un blog de guionistas, qué le vamos a hacer. Pero como ciudadano y espectador mi preocupación va mucho más allá de lo que se podría tachar de mero corporativismo.

El actual gobierno prepara una ley para que las televisiones autonómicas puedan privatizar los servicios informativos, aunque algunas ya estén aplicando algo similar, una forma de abrir la puerta a la privatización total. ¿Debemos pensar que el siguiente paso serán los servicios informativos de RTVE? Convendría recordar todos los galardones que han recibido en los últimos años por su imparcialidad y labor informativa. Mientras, en Telecinco, Paz Padilla fue la encargada de dar la noticia de que ETA abandonaba la violencia y Belén Esteban hacía el análisis.

Las autonómicas se encargan de cubrir las noticias que suceden cerca de tu casa. A no ser que haya un gran y suculento suceso (muchos muertos, vamos, o que caiga el gordo de navidad) ningún medio se acercara a pueblos como El Pinós, Monóvar, Xodos, Dos Aigües… A Hilario Pino le he visto dar la noticia del inicio de los Carnavales de Canarias dando paso ¡A UN VÍDEO DE YOUTUBE! ¡VIVA EL PÍXEL Y EL RIGOR INFORMATIVO! Que alterne noticias políticas con vídeos de gatitos y cocodrilos de youtube ya es preocupante pero que además cubran la actualidad nacional tirando de vídeos de internet es deprimente. La gestión privada de los informativos (que conllevará recortes sin importar los resultados) sólo traerá más pobreza informativa, más simpleza en su tratamiento. Un público menos exigente, una ciudadanía más pobre y desprotegida (“saber es poder”).

POSTDATA:

Cuando parece que se quiebran mis ánimos también miro de reojo mi maleta y mi pasaporte; aunque no sé si esta vez me planteo irme yo como tantas otras veces o si me están echando subrepticiamente.

YO ME BAJO EN LA PRÓXIMA, ¿Y USTED?

por Paco López Barrio

No pude asistir, días atrás, al cónclave general, celebrado en el salón de actos de la SGAE en Valencia, y que reunió a guionistas, actores y productores. Los técnicos estaban invitados pero debieron perder el autobús, salvo algún realizador que acudió a título personal. Los sindicatos siguieron jugando al “no sabe, no contesta”.

No lo tenía fácil para ir a Valencia esa mañana pero tampoco me apetecía demasiado, hay que decirlo. El fin de la reunión era muy loable: poner en común el diagnóstico de la situación que se hace desde cada uno de los estamentos del sector y tratar de articular algún tipo de respuesta colectiva. Pero cuando se juntan el frío polar y el escepticismo me cuesta coger el tren, aunque sea de cercanías.

Pude seguir, no obstante, el debate desde casa. Gracias a Guadalupe Sáez por twittearnos (aunque fuese a golpes de mensaje en Facebook) cada intervención. Me sirvió para confirmar lo que ya sospechaba: que sería bonito vernos de nuevo y tomar una cerveza a la salida y poco más.

Confieso que me llamó la atención que PAV, la asociacion de productoras, asistiese. Nunca han sido muy dados a reunirse con los currantes (entre ellos y con la cadena sí). Ahora que le ven las orejas al lobo se deciden a acudir. Y me alegro. Pero no termino de ver clara una “alianza”, por táctica y temporal que sea, con los productores, o sea: la patronal. Será por el residuo de sangre bolchevique que aún corre por mis venas. O, simplemente, porque ya llevo unos años en esto y tengo memoria.

La situación es ésta: Canal 9 está en bancarrota, como lo está la comunidad entera tras quince años de derroche y saqueo organizado. Las productoras no han cobrado desde 2009, aunque han seguido produciendo. Y ha llegado el momento que no pueden más, ni los bancos adelantan más dinero. Hay una cancelación general de programas (aunque muchos eran buenos, bonitos, baratos y con audiencia) y los equipos se quedan en la calle. Las productoras que aún no han echado el cierre hacen sus cuentas y se plantean bajar también la persiana. Por decirlo en términos agrícolas: un mal año lo soporta cualquiera. Pero cuando la sequía se prolonga demasiado, el árbol también se muere. Y eso es mucho peor.

Pero, recordemos, muchas productoras ni siquieran llegaron a ese 2009 feliz, en que aún había longaniza para atar al perro. Ya estaban cerradas para esa fecha. En la historia del audiovisual valenciano hay dos tipos de productoras: aquellas que han tenido trabajo y beneficios en los años de bonanza (aunque ahora se vean en la ruina) y aquellas a las que simplemente se las ninguneó siempre, las que nunca contaron en los planes de la tele pública valenciana. Aunque ya no existen, de seguir vivas tampoco habrían visto gran diferencia entre lo que les tocó sufrir hace años y lo de ahora. Todo el trabajo se ha repartido, desde hace mucho tiempo, entre un número muy pequeño de empresas. Y, ojo, no digo que no lo mereciesen ni cuestiono la calidad de sus productos. Pero coparon de tal manera el presupuesto disponible, sin dejar ni una migaja para nadie, que ahora suena un tanto “raro” que esperen la solidaridad de un sector que contribuyeron a empequeñecer, cuando no a asfixiar, sin piedad.

Porque, digámoslo por escrito aunque todos lo sabemos, en este posicionamiento privilegiado en la línea de salida han tenido mucho que ver argumentos ajenos a lo puramente industrial: un buen contacto, no ya en Canal 9, sino más arriba, haber ayudado fielmente al partido gobernante en sus campañas electorales, incluso alguno hay que basó su éxito en haber sido compañero de instituto del anterior President. Hay programas que no se negociaron en los despachos del departamento de programas, pasando por el pitching habitual, sino que ya llegaron a la parrilla bendecidos como “órden de arriba”, saltándose organigrama y procedimientos. En estas productoras, de TV y también de cine, andaba gente que, en los buenos tiempos, posaba en fotos tan divertidas como ésta que nos muestra al subvencionadísimo Miguel Perelló comprobando las cualidades de la moto nueva de El Bigotes, cabeza de la Gürtel en Valencia.

Ahora las están pasando putas. No me alegra, porque tras ellas va el pan de muchos compañeros y sus famílias. No deseo que se hundan porque necesitamos que sigan teniendo y dando trabajo. Tenemos que hacer algo. Y pronto. Y entre todos.

En la reunión se lanzó, desde PAV, el objetivo de “poner el contador a cero”. Lo que en lengua vulgar quiere decir: “que nos paguen lo que deben y a partir de ahí, negociamos lo que se haya de negociar”. Me parece muy correcto. Las deudas deben saldarse. Lo dicen la ley y el sentido común. Si el árbol se seca y muere… mal asunto. Pero vamos a dejar algunas cosas claras antes de firmar el pacto de sangre (si es que lo proponen, que también lo dudo).

Sería de desear que la facilidad que hemos tenido para reunirnos cuando todo huele ya a muerto, la sigamos teniendo cuando la situación se normalice. Porque, mientras todo iba bien, no era nada fácil conseguir que nos admitiesen en su mesa. Que las asociaciones de guionistas, de actores, de técnicos, sigamos siendo un interlocutor reconocido por la asociación de productores cuando escampe la tormenta. Que podamos hablar de lo que nunca se quiso hablar: de convenios, de baremos, de mínimos, de buenas prácticas… que nos juren que velarán porque nunca, nunca, nunca jamás la frase: “en la puerta tengo cien como tú esperando” vuelva a formar parte de su vocabulario. Y ya de paso, que asuman (junto con Canal 9) la necesidad de una mayor transparencia en las contrataciones. Que el qué, el con quién y el a qué precio, dejen de ser un secreto guardado bajo siete llaves. Si hemos de definir entre todos cómo ha de ser la futura TV pública no podemos caer en viejos vicios que un poco de luz y taquígrafos nos habrían ahorrado.

Creo que ése es el precio que debemos poner a nuestro apoyo. Porque me da mucho miedo que, una vez conseguido ese “contador a cero”, se bajen del autobús en el que ahora parece que vayamos a subir juntos. En las batallas que reúnen a grupos con diferentes intereses pasan estas cosas: que, a medida que cada colectivo consigue su objetivo particular, se descuelga del frente común. Yo también quiero el contador a cero, pero como primer paso, como un elemento más de algo mucho más global: un nuevo modelo de TV pública y un nuevo modelo de relaciones entre todos los implicados en el sector. No sea que, una vez cobren su deuda, nos den un golpecito en la espalda y nos digan: “Yo me bajo en la próxima. ¿Y usted?”. Y nos volvamos a quedar con la misma cara de tontos que nos hemos quedado siempre, a bordo de un autobús que lleva a ninguna parte.

OBI WAN, LA WEBSERIE

Tras algunas gestiones infructuosas con Antonio Banderas, para que nos pasara el email de El Gato con Botas, desistimos.  Entonces nos acordamos de que nuestro amigo Norberto Ramos del Val tenia buen feeling con Obi Wan, el gato revelación de la temporada. Hemos salido ganando.

por Obi Wan

Soy Obi Wan, un gato común europeo. O sea, que si no tuviera casa, sofá, triskis y estufa sería un puto gato callejero más. Y si fuera valenciano ya sería vuestro presidente autonómico o alcalde por lo menos… Pero tengo estudios, no uso trajes, tengo página de fans en facebook y una serie web en Papanatos, como los más guays. Ah, que soy actor, por si no lo sabíais aún. Bueno… ya más bien “estrella mediática”.


Al paso que va España… OBI será próximamente la única serie “en producción”. Pero me la sudan los recortes en Tele5 y los hachazos de TVE. No es mi liga.

Ah, que mi serie, aunque lo parezca no la escribo yo, pero como me jode enormemente que se ponga medallas nadie, aquí estoy yo para hablar de lo mío. Los guionistas son Juanjo Ramírez Mascaró y Javier Sánchez Donate. Si queréis que os escriban algo para llorar y tal, les decís, pero hoy escribo yo. Y el director y máximo responsable de todos los demás departamentos (que no hay) de esta superproducción es Norberto Ramos del Val, conocido terrorista audiovisual que me tiene secuestrado en un zulo desde mi más tierna infancia. En el casting tenemos a Silma López, Ramón Merlo, Rebeca Pérez Roldán, Ruxandra Oancea… y algunas apariciones estelares que irán apareciendo propiamente, como Ciro Altabás y muchos más.

La serie va contando lo que podrían ser mis divertidas aventuras como estrella pelín decadente. El personaje que hago en la serie no es tan “yo mismo” como podría parecer a simple vista… Yo no soy nada decadente. Yo soy un tipo glamuroso. Digamos que, aunque no me disfrazo ni cambio la voz ni nada, en la serie hago una versión un tanto más triste de mi mí mismo, un poco a lo Warwick Davis en “Life’s Too Short”. Aprovecho la ocasión para decir que esa serie no la habían visto los responsables de OBI antes de empezar con la nuestra, que conste… y coño… que va en serio. Pero sí que eran todos algo fans del cachoperro de Ricky Gervais, de los Monty Phyton, John Waters y del gran Rick Mayall.

A lo que iba, que me liáis. Que sólo un fan… qué digo fan… estudioso y adorador de Brando podría hacer algo así como lo que hago yo en esta serie. Un trabajo de actor de la hostia. Ni el puto Johnny Deep. Ningún actorcillo español habitual de las series que todos estáis pensando podría ni acercarse al trabajo que yo hago en cada capítulo. ¡Qué digo en cada capítulo! ¡En cada puto plano de mi serie!


Además siempre salgo desnudo, que se que esas cosas os gustan. Los de Papanatos no tienen problemas con eso. De hecho no tienen problemas con casi nada. Decimos tacos, salen tías buenas y hacemos chistes de mal gusto. Somos guays. ¿Posthumor? A saber…

Ya vamos por el webisodio 4 de los 10 que va a tener la primera temporada y aunque ya nos han salido con alguna que otra denuncia, todo marcha estupendamente. Ya sabéis que en España si no te meten un juicio por algo eres un mierda.

Primero el guionista principal se quejó de que hiciera yo de Obi, que parece que quería que hiciera el papel el puto Gato Ninja… lo que no tenía ninguna lógica… y además se quejaba de una coma que no se aún si apareció o desapareció del guión del primer capítulo. Después una psicópata se disfrazó de doctora y se dedicó a poner fino al director diciendo que si tiene problemas sexuales o que si los guionistas se comen las pollas… No se. Los humanos sois gente complicada por no decir retrasada. El otro día una actricilla de segunda se grabó en Youtube lamiendo pomos de puertas (nueva moda japonesa, creo) para llorar diciendo que Norber se pasó mucho con ella y que nunca le pagó ni le volvió a llamar ni eso. Yo no digo nada, porque paso de meterme en sus líos.

Pero denuncias aparte, la serie es un drama social con algún toque de fina alta comedia. Andrew Blake… digo Blake Edwards estaría orgulloso de nosotros. Está repleta de fina ironía, grandes temas de ayer y de hoy, y tías buenas. O sea, lo mejor que podéis ver de gratis y sin robar. Sin robar y sin que os roben, que ya se cómo estáis últimamente de preocupados los españolitos con eso de la “cultura gratis”, los subvencionados y lo que pagáis con vuestros santos impuestos… La hostia, sois la hostia. Menos mal que unos encapuchados con caretas de la Warner os van a joder los ordenadores para salvaros la vida. Tremendo. ¿Seguro que estáis bien?

La pregunta a la que pretendía yo dar respuesta en este pequeño post que si me pongo convierto en tesis doctoral era: ¿Se puede hacer ficción en España según te salga del culo y además que al algún tarado le haga gracia? Ni lo dudéis. Una cámara, un guión (para limpiarse el culo con él a ratos, pero bueno… un guión al fin y al cabo), un poquito de idea de cómo hacer un vídeo… y hala, que Internet traga de todo sin rechistar.

Yo ni me he leído “El Secreto” ni se me ocurrirá, ni creo en mierdas de “energías” ni “universos que conspiran” ni todas esas bragas rollito new age… pero lo que me aburre soberanamente es estar sentado mirando el teléfono que no suena y ver cómo este país se nos “zombifica” por momentos. Haced algo, coño. Lo que sea, pero no os quedéis en el “qué mal está todo” porque así no se va a arreglar y vais a seguir igual de amargados. No digo que pataleéis. Os digo que os mováis.

Ni puta idea tengo aún de por qué demonios no habéis dejado ya de leer este, por otra parte estupendo blog que yo siempre leo cada día para estar superinformado de cómo está el panorama audiovisual, para iros a ver todos los webisodios desde mi gran “Especial Navidad” hasta el último, el cuarto, que ese es todo un drama social sobre lo mal que viven los representantes y las actrices del hoy y del mañana.

¿Todavía estáis ahí?

Obi Wan, estrella mediática.

La tarea para casa:

Capítulos en Papanatos:

http://www.papanatos.com/video/obi-webisodio-01-especial-navidad

http://www.papanatos.com/video/obi-e02-casting-beaver

http://www.papanatos.com/video/obie03-obra-magna

http://www.papanatos.com/video/obie04-black-book

Denuncias:

http://www.papanatos.com/video/la-cara-oculta-de-las-webseries-en-espana-por-juanjo-ramirez

http://www.papanatos.com/video/denuncia-en-la-red-el-caso-obi

http://www.papanatos.com/video/la-arena-sucia-de-obi

DOCUMENTAL, DOCUMENTARSE, DOCUMENTARNOS

Por gabkarwai

Corría el año 2004. Bueno, finales del 2003. Un amigo y yo, en paro en ese momento, estábamos inquietos. “¡Nos rodamos encima!” era nuestra frase estrella en aquella época. Hacia un tiempo por nuestras vidas había pasado un grupo de música, y nos propusimos hacer un documental del proceso. Bueno, ellos iban a grabar un disco, y nos parecía que podría ser una manera de pasar el rato, de tener un proyecto. Lo que empezó una fría tarde de noviembre ó diciembre del 2003, acabó dos años después con el estreno de “Polar: Home” en el Festival Internacional de Gijón. Más de 70 horas de grabación, un verano entero de minutaje y un septiembre encerrado en una sala de edición con Rafa Montesinos nos llevó a terminar un trabajo del que los dos nos sentimos eternamente satisfechos.

Desde ese momento hasta ahora habré rodado (y firmado como guionista) unos 6 documentales de creación. Algunos son largometrajes, como “Polar: Home”, otros directamente para la ventana televisiva.

Llevaba tiempo pensando en qué tenía que hablar del documental, del guión del documental. ¿Por qué? Ahora que TODOS los guionistas nacen con hambre de serie, con ser los siguientes que escribirán “Black mirror”, no está de más acordarse donde están las bases de un guión.

Y es que para mi el guión de documental marca algunos rasgos que son inherentes a cualquier guión, y que, para más inri, curten a cualquier guionista.  No entendería, por ejemplo, que un guionista escribiera sin una documentación previa del tema que tiene que tratar (y eso ocurre muy a menudo), y no viera más allá de la googlecracia que se ha instaurado en estos tiempos de 140 caracteres y de respuestas rápidas y ágiles. En la era pre-google había que ir a una hemeroteca (existen!), había que conocer, de primera mano, las historias de los afectados, de los protagonistas, había que hacerlas revivir en el relato oral. La importancia de la documentación, es la importancia de nuestros confidentes.

Por otro lado, el documental es el lugar perfecto para foguearse en la elaboración de estructuras. Dado que no tienes diálogos, tu forma de contar depende de qué dicen tus entrevistados y cómo lo dicen. Las declaraciones son la parte estrella de tu trabajo, y es importante cómo las enfocas y cuál es tu trabajo a la hora de ensamblarlas. Ahí es donde le das forma, cuerpo y estructura. En el documental más que el diálogo, prevalece la escaleta. Creo que los mejores escaletistas y argumentistas deberían haber pasado, de alguna manera, por el arduo trabajo de ensamblar la historia de un documental.

Además, un documentalista sabe escuchar, atender, aprende a dialogar con la gente. Es algo que guarda en su caja de recuerdos. Las conversaciones más ricas y profundas que he tenido en mi vida (o de las que más), han ocurrido ante cámaras y micrófonos delante de gentes como Santiago Carrillo, Chris Quigg, Carlos Marzal, Carmen Negrín, Oriol Bohigas o Alfonso Guerra (por dar algunos ejemplos, aunque de las que más he disfrutado son personas que no figurarán en ningún libro, pero de las que guardaré un recuerdo inolvidable. Algo de eso dice Jordi Évole en esta entrevista: “Lo que queremos es sorprender con las declaraciones. Quizá vosotros, en prensa escrita, estáis más obsesionados con el titular, y nosotros con la buena respuesta que luego podamos poner en la entrevista. Es lo que buscas. No sé si te lo inculcan en la facultad o si tú, a base de experiencia, lo buscas. La buena respuesta es el Punto G del periodista”). En esas conversaciones hay retazos de verdad, hay momentos fugaces que te servirán para luego escribir, para dialogar futuras ficciones, para apoyarte en “realidades”. Y esto te hace hábil en otras conversaciones. La de veces que recoges la esencia de una conversación en un bus, en el parque, etc, por tu capacidad para estar alerta a lo que ocurre y no esconderte detrás de un Ipad.

Bueno, todo eso creo que está perfectamente reflejado en “El caso de la escalera (anatomía de una defensa)” de Jean-Xavier Lestrade. Os dejo con un fragmento de unos de los mejores documentales seriados que recuerdo haber visto. Si no lo habéis visto, haceros con él. De nada.

NOTA: Lamentablemente no he encontrado ningún vídeo en español o con subtítulos. Si alguien sabe donde me lo diga y lo linko. Gracias.

DESCRIPCIÓN DE PERSONAJE

Por Rafa Ferrero

Lo que vais a leer a continuación es la descripción de un personaje ficticio. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Nació en un hospital privado de parto natural. Era el tercer hermano, pero el primer hijo varón, de una familia acomodada valenciana. Su madre, desde su más tierna infancia, le enseñó a respetar los valores del cristianismo, mientras que su padre le concedía todos los caprichos que un niño podía desear y el dinero comprar.

Creció con pocas ganas de estudiar y rodeado de niños. Las niñas crecían en otro colegio y hablar con ellas fue un imposible hasta que las hormonas de la adolescencia le empujaron a intentarlo un par de veces.

Nunca se sentiría tan ridículo como aquella vez en la que le pidió salir a una chica dos años mayor que él y ella le dijo que aceptaría si se lo pedía por escrito. Toda una noche se pasó escribiendo aquella carta de amor con todos los colores que una caja grande de rotuladores Carioca podía ofrecerle. Y toda la vida recordaría el modo en que aquella niña y todas sus amigas se rieron de él al día siguiente.

A veces se le pasa por la cabeza que si él es tan tímido, debe ser por aquel momento. Desde entonces, su relación con las mujeres fue fría. Alguna vez le pareció notar que gustaba a alguien, incluso llegó a ir un par de veces al cine con alguna chica, pero jamás se atrevió a dar el paso por miedo al rechazo y al fracaso.

Disfrazó aquello con convicciones inventadas, diciéndose a sí mismo que quería llegar virgen al matrimonio y ser un buen cristiano. Probablemente esto fue una de las cosas que enamoraron a su mujer.

Hija de un empresario valenciano amigo de su padre, había estado allí desde siempre. No se atraían especialmente, pero de tanto oír comentarios más o menos graciosos de sus padres acerca de la buena pareja que hacían, se lo acabaron creyendo.

Empezaron a salir un día que sus respectivas madres les organizaron una especie de cita encubierta en un centro comercial. Oficialmente, su misión era comprar el postre para otra de esas reuniones de amigos que sus padres organizaban de vez en cuando en el chalet de ella. No pasó nada. Pero, con el tiempo, acabaron diciendo que aquello fue su primera cita, porque era lo primero que recordaban haber hecho juntos, comprar una tarta de moca.

La boda fue preciosa. La novia se vistió de blanco mereciéndolo y el novio estrechó la mano de una larga lista de amigos de su padre y de su suegro mientras escuchaba ofertas de empleo. Ahora que acababa de fundar una familia, tal vez había llegado el momento de emprender el vuelo y empezar a aplicar todo lo que había aprendido en aquel despacho de la empresa de su padre en la silla de alguna otra empresa o, por qué no, incluso fundar su propio negocio.

Al cabo de unos meses se decidió y montó una productora audiovisual. Era un negocio fácil, que a penas necesitaba inversión de capital inicial y en el que podría hacer valer todos los contactos que había estado sembrando los últimos años.

Su idea era hacer televisión. El cine no le interesaba demasiado. Las películas que se hacían en España le parecían una mierda cagada por un grupo de rojos seudointelectuales subvencionados con los que prefería no tener que relacionarse. En cambio, la televisión y especialmente la televisión valenciana, era un negocio de empresarios decentes.

Conseguir un programa era algo tan sencillo como invitar a comer a la persona adecuada. Al principio le costaba hacerse entender, jamás se desprendería de su timidez infantil ni lograría vencer la inseguridad de alguien consciente de ser un ignorante, pero con el tiempo se fue dando cuenta de que muchos se le parecían bastante. No había ninguna razón para tener miedo, estaba entre amigos y con ellos se podía hablar de lo que fuese necesario. Si quería producir un programa, solo tenía que pedirlo abiertamente y se le concedía. Después contrataba a tres o cuatro recién licenciados y les apretaba las tuercas para que hiciesen el trabajo de cuatro meses en tres. En eso consistía ser un buen empresario.

Aquella fue una época floreciente. La empresa facturaba cada vez más haciendo lo de siempre y su matrimonio, aunque carente de toda pasión, también iba bien.

Su mujer nunca le echó en cara que su matrimonio fuese una institución consumada solo muy de vez en cuando. Era una mujer educada y sabía interpretar aquello, no como una falta de amor por parte de su marido, sino como un signo de respeto. Además, desde que habían tenido a la niña, se había volcado mucho más en ella y parecía más feliz que nunca.

Sus padres estaban orgullosos de él. Su hijito se había convertido en un empresario respetado de la industria audiovisual y no poca gente se había fijado en él. Tanto era así, que un día le ofrecieron un despacho en Burjassot.

En un primer momento se quedó parado ¿qué sabía él de dirigir una televisión? Pero, como siempre, todo se acabó decidiendo en una comida. El arròs del senyoret y el buen vino, le hicieron ver las cosas de forma distinta. Tampoco tenía que hacer gran cosa. Asistir a reuniones, vestir de traje todos los días y tomar decisiones que, en realidad, aunque fuesen equivocadas, no importarían a nadie. No era como dirigir una empresa de verdad, aquello era una televisión autonómica, el dinero que se gastaba no era de nadie. Solo tendría que seguir jugando al mismo juego pero desde el otro lado. Obedecer cuando se lo pidiesen y aprovechar para llevarse su parte siempre que encontrase el modo.

Casi sin darse cuenta, había vuelto a evolucionar en la vida. La gente le trataba con respeto, escuchaban su opinión, o al menos parecía que escuchaban cuando hablaba, pudo colocar a dos o tres primos y manejaba presupuestos millonarios como el que juega al Superpoly.

La alcurnia de sus amistades cada vez era más elevada. Como no podía ser de otro modo, entabló una relación cercana con el president y la alcaldesa. Y una vez, en una comida de negocios, llegó a conocer a Iñaki Urdangarín. ¿Quién le iba a decir a él que acabaría codeándose con la familia real? Y no solo eso, habló de negocios con él. Se pasaron casi una hora hablando de todos los proyectos que el yerno del rey tenía para Valencia. Toda una serie de eventos internacionales que pondrían a Valencia en el mapa y que les harían ricos a todos.

Eso fue lo que le confirmó que, en realidad, no era más tonto que nadie. Si las cosas le iban tan bien, debía ser porque sabía lo que hacía. Se sentía en la cresta de la ola, era una sensación estupenda. Casi tanto como la que sintió la primera vez que probó la farlopa.

Cuando se la ofrecieron por primera vez en una de sus cenas de negocios, declinó la oferta. No podía caer en eso. Pero poco a poco se fue dando cuenta de que el raro era él. Aquello que le ofrecían no era droga. La droga es lo que se vende en la calle, lo que llega a España empaquetado en forma de dátiles y metido en los culos de gente despreciable. Pero eso no era droga, eso era caviar. Material de primera calidad y de confianza. Probarlo era como probar un buen vino o un güisqui de quince años. Los hombres saben apreciar esas cosas.

Aquello le ayudó a derrumbar alguno de sus tabús. Como el de las chicas de compañía. Al igual que el caviar no era droga, aquellas chicas no eran putas. Comprendió que dejarse seducir por la belleza de una mujer joven que sabe lo que quiere no tiene por qué ser malo siempre que se conserve la mente lo suficientemente fría como para no olvidar nunca que el amor verdadero, el único que cuenta, está en casa, junto a su mujer y su hija.

Tal vez por suerte par él, esta época tampoco duró mucho. De repente, las cosas empezaron a cambiar. La política, aunque seguían contando con el apoyo incondicional de la amplia mayoría popular, pasaba por un momento extraño. Acuerdos comerciales privados, que jamás deberían haber visto la luz, empezaron a publicarse en las portadas de los periódicos como si aquello pudiese interesar a alguien. Sus amigos, los que antes le invitaban a lo que le apeteciese, empezaron a ser más reservados y sus jefes le obligaron a revisar toda la contabilidad. El trabajo empezó a parecerse demasiado a un trabajo y el ambiente dejó de gustarle.

Su padre ya no parecía tan orgulloso de la carrera profesional de su hijo e incluso tuvo que soportar que un periodista llamase a su propia casa.

Un día su mujer le confesó que últimamente no dormía bien por las noches. Estaba preocupada. Lo estuvieron hablando y al final tomaron una decisión. Era lo mejor para él y para sus seres queridos.

Además, papá ya estaba mayor, tal vez había llegado el momento de encargarse de los negocios de la familia.