XIM.

Óscar Bernàcer es un todoterreno del audiovisual. Como director y guionista tiene en su haber un largo documental titulado Las dos orillas y los cortometrajes de ficción Les sabatilles de Laura y Desayuno con diadema por el que recibió una mención honorífica en el X Premio Bancaja para proyectos de Cortometrajes. En lugar de hablar de guión nos muestra empíricamente sus dotes narrativas con una historia basada en hechos reales, material de sobra para retratar la historia de los últimos 60 años de este país.

Por Óscar Bernàcer.

 

Gracias a lugares como este uno puede aprender mucho sobre guión. Como lector, soy fan de algunos de los autores que firman aquí y en otros blogs. Tengo alguna experiencia como guionista, pero poca o ninguna como docente o ensayista así que, si me lo permitís, no hablaré de guión (al menos no en esta ocasión, por respeto a todos esos autores). Aprovecharé este espacio para contaros una historia. Su protagonista: Joaquín, o simplemente Xim. Esta historia no tiene nada que ver con el mundo del guión, pero sí tiene que ver con el mundo, así que algún provecho podréis sacarle, espero.

A pesar de contar 62 años, Xim sigue siendo un soñador. Lo fue de niño, demostrándolo con una temprana afición a la fotografía. Le gustaba posar para el fotógrafo del boulevard de cerca de casa. Claro que siendo tan pequeño no tenía cómo pagar, pero a él no le importaba. Su padre ya se encargaba de recordarle cómo funcionaba el mundo, cuando aparecía en casa con el fotógrafo de la mano esperando a que le abonaran la estampa. Las acciones solían ser: pagar al fotógrafo, despedirse de él y saltarle las gafas de un bofetón a Xim.

Durante la “riuà” que arrasó la ciudad de València en 1957, Xim, a punto de cumplir 8 años, se precipitó al Túria desde uno de aquellos puentes de madera improvisados que unían las dos orillas. Aún no sabe cómo, pero parece que el elevado nivel del río ayudó, fue rescatado por un hombre que retiraba animales muertos un puente más abajo. La breve sensación de navegar por aguas bravas embriagó al pequeño de tal forma que, con tal de seguir soñando, ingresó de forma voluntaria en la Marina: dedujo que era la forma más económica de viajar viniendo de una humilde familia de seis hermanos. Aquello sucedió el 20 de octubre de 1966, recién cumplidos los 17 años y después de que le hubieran saltado demasiadas veces las gafas a bofetones. En la Marina Xim pasó casi cuatro años, la mayoría de ellos viajando (vivió en primera persona la crisis de Guinea del 69) y se sacó varios cursos de electrónica. Pronto pasó a ser uno de los encargados de mantenimiento de equipos de su barco.

La experiencia le sirvió para, ya como civil, entrar a trabajar en un laboratorio fotográfico alemán de carácter multinacional con sede en València. Durante esta etapa, los 70, Xim continuó con su afición a la fotografía, se casó, tuvo dos hijos, promocionó con traslado a Palma y, tras la llegada de la democracia, se convirtió en enlace sindical de cé, cé, o, o, (CC.OO. en urdaciano). A principios de los 80, y apoyándose en la crisis financiera de la época, la sucursal española de esta cadena de laboratorios entró en suspensión de pagos, “no se habían dado cuenta” de que debían a la seguridad social más de 600 millones de pesetas. Cosas que pasan. Huelgas, encierros y manifestaciones. Xim dice que nunca se debió haber gestionado una empresa alemana con directivos españoles, comerciales echaos palante sin ninguna formación como gestores (¿os suena?). Con este panorama, todavía se encontraron con otra cadena de laboratorios interesada en quedarse las sucursales, eso sí, modernizando las infraestructuras y haciendo una reestructuración de personal, la plantilla estaba sobredimensionada. Los sindicatos entraron a negociar bajo la máxima de que ningún puesto de trabajo debía perderse. El posible comprador ofreció indemnizaciones para los despedidos, según Xim suculentas para poder pensar en cómo afrontar una nueva vida. Los sindicatos se enrocaron, ni indemnizaciones ni reestructuración: cooperativa. Empezaron los tortazos por mandar más que el de al lado sin importar las competencias (¿os suena?). Xim y su mujer (trabajaban juntos) salieron por la puerta de atrás. Huelga decir que la cooperativa fracasó a los pocos meses de su nacimiento. Todos a la calle. Y aunque nadie le nominara, Xim abandonó el sindicato.

Se iniciaba una etapa llena de incertidumbre, él y su mujer sin trabajo, dos renacuajos, lejos de la familia… ¿Qué hacer? Xim y su mujer decidieron emprender. Se juntaron con otro matrimonio que también había salido escaldado de aquel laboratorio y montaron un negocio propio. Otro laboratorio, esta vez a pequeña escala. La novedad es que ya se atrevería a venderse como fotógrafo así que podría cubrir más fases de trabajo. Para la Seguridad Social, Xim se había convertido en A-u-t-ó-n-o-m-o. El negocio fue bien, los socios no tanto. Se deshizo de ellos renunciando a algunos sueños que tenía previsto cumplir en esta etapa. Uno se cumplió: el tercer hijo. A partir de aquí, y con su condición de autónomo, Xim tuvo que renunciar a tener vacaciones durante muchos años. Fue ésta la etapa en la que una persona deja de ser de una forma para convertirse en otra distinta, en la que cuando miras hacia atrás cuesta reconocerte. Dice que no le importó hacerlo porque su trabajo le gustaba y a los suyos no les faltaba de nada. Yo diría que Xim fue responsable. Además, la vida en el barrio era muy familiar y los vecinos convivían y se ayudaban de formas que hoy suenan lejanas. Xim solía ayudar regalando los reportajes de bodas, bautizos y comuniones a clientes habituales, amigos propios y amigos de sus hijos. Incluso el cura del barrio (algún día hablaremos de este elemento, merece capítulo aparte), aficionado a la fotografía, estaba encantado con los descuentos personalizados que Xim le hacía. Nunca reparó en que quizá fue demasiado solidario, teniendo en cuenta que los materiales salían de su bolsillo. Fue una época de altibajos, pero siempre llegaba a tiempo a las cuotas, los recibos, los vencimientos…. Tanto esfuerzo tuvo su recompensa: fueron años felices, muy felices.

Con la llegada del digital y el internet (así lo llama él), Xim vio cómo muchos de aquellos amigos no tuvieron ningún problema en adaptarse a los tiempos y prescindir de sus servicios. Se inició la decadencia de su negocio, de su medio de vida. Aún así sufragó los estudios universitarios de sus dos hijos mayores, que salieron por patas de la isla. Dos más dos, falta de ingresos más necesidad de liquidez: crédito al canto (sin pensárselo dos veces, todo por sus hijos). Pasaron los años y Xim sobrevivió como pudo, capeó el temporal y envío dinero a sus hijos regularmente para que fueran tirando. Empezaba a sentirse cansado, más de 50 años a sus espaldas y desde los 17 danzando. Suerte que los estudios de sus hijos fueron bien, pero su negocio no tanto. Ni su ánimo, ni su vitalidad, ni su capacidad de reacción y adaptación a los nuevos tiempos. Eran tiempos en los que había que comerse al de al lado para sobrevivir, pero Xim no servía para eso.

Xim piensa que podrá remontar, ya lo hizo antes. Siempre ha sido autosuficiente y ha sacado adelante a su familia. Cada día acude a su centro de trabajo a la espera de esa llamada, esa visita, piensa que ya ha salido antes de otros baches… Pero esta vez es más duro. La enésima crisis financiera que le toca vivir, la que hoy sufrimos todos, hace que lo poco que quedaba de su negocio caiga como un castillo de naipes. Se agotan los ahorros y la línea de crédito, en contra de sus principios, aplaza algunos pagos a la seguridad social, echa mano del plan de pensiones… Dos años después, Xim está arruinado y con 60 años a cuestas. Por suerte sus hijos arriman el hombro para sacarle del agujero (a él y a su mujer), pero él lo vive como una humillación.

Durante los dos años siguientes y con la ayuda de sus hijos, Xim sigue pagando sus cuotas de autónomos con la esperanza de que salga trabajo. Según él, darse de baja significa bajar los brazos y asumir que ya no vales. La realidad es muy dura, no consigue ningún encargo que le permita salir adelante. Tampoco tiene ánimo de fotografiar. Los problemas económicos se acentúan y la familia se plantea soluciones. ¿Apuntarse al paro? ¿Acceder a prestaciones? Aunque este año hemos estrenado el subsidio de desempleo para autónomos, Xim no encaja en las condiciones leoninas de esta nueva prestación, ni siquiera le dejan acceder a un curso de reinserción laboral porque su hijo menor, que aún vive con ellos, trabaja (tiene un contrato de prácticas como enfermero). Definitivamente no tiene la suerte de cara. Quizá sea momento de pensar en otro tipo de soluciones. Xim tiene 62 años y revisa su vida laboral. Cuarenta años. Cuarenta años trabajando. Ha superado con creces los treinta y ocho años cotizados. Ha contribuido lo suficiente a la maquinaria del Estado, no ha hecho trampas, ha movido la economía a pequeña escala, ha invertido todo en la formación de sus hijos… Una persona que cumple con todos estos requisitos, ¿debería tener derecho a jubilarse de forma anticipada? Si has cotizado más de la mitad de tu vida como autónomo, la respuesta es NO. Al menos es lo que le dice la administración. ¿Algún resquicio habrá? Piensa él. Lo hay – replica una funcionaria – pero debería haber trabajado en la minería o en cualquier otro tipo de trabajo que pudiera justificar antes del 1 de enero de 1967. ¿Un momento? – Piensa él – Yo me alisté en la Marina. A efectos de cotizaciones, el servicio militar cuenta un máximo de un año – replica la funcionaria – Pero yo me alisté en octubre del 66, y pasé cuatro años sirviendo, ¿no debería “servirme” esa fecha de entrada para acogerme a la regla? Podría – contesta la funcionaria – pero siempre y cuando usted demuestre haber pertenecido a alguna mutualidad. ¿En el servicio militar? –Silencio- Lo siento, yo tampoco lo entiendo pero no puede usted jubilarse antes de los sesenta y cinco. – La mujer piensa – Otra cosa es que fuera un parado de larga duración. ¿Quiere decir que, con mis características, si en lugar de haber intentado salir delante de forma legal, pagando mis cuotas de seguridad social, me hubiese apuntado al paro hace dos años hoy podría jubilarme y acabar con este calvario? Algo se podría hacer. – Silencio – Gracias por su tiempo.

De todos los que ha recibido en la vida, quizá sea este el bofetón que más le ha dolido. Xim se siente cansado y viejo. Y eso jode. Muchas veces piensa que toda su suerte se agotó aquel día que fue rescatado del río. Suele decir “hay quien nace con estrella y quien nace estrellado”. Supongo que todo el mundo habrá deducido de qué forma hará Xim sus próximos encargos fotográficos en caso de que tenga oportunidad. A partir de este momento, Xim mira a su alrededor y se hace muchas preguntas. ¿Qué ha pasado aquí? ¿De qué ha servido querer hacer las cosas “bien”, como dice la ley? ¿Qué demonios hace él apuntándose al paro con 62 años teniendo cuarenta cotizados?

¿Soy el único que piensa que esta persona se ha ganado su derecho a jubilarse? Tal vez no sea objetivo, os estoy hablando de mi padre, pero su caso me tiene atrapado, me parece tremendamente injusto y un ejemplo de los muchos asuntos pendientes que tiene este asqueroso país a nivel legal. Y más cuando veo el bochornoso grado de corrupción al que estamos llegando. Ni mentar las pensiones multimillonarias de ciertos “banqueros” o las pensiones vitalicias de la “clase” (o casta) política.

Aún así, y a pesar de todo, mi padre sigue siendo un soñador y cree que lo mejor está por llegar. Eso me hace pensar que su suerte no se ha agotado, no podrán con él.

Amigos guionistas, vienen días jodidos (más todavía), pero no permitamos que nos quiten la ilusión. Yo por mi parte lucharé porque esta historia tenga un final feliz. Lo prometo.

Feliz 2012 (con la venia de los mayas).

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4 Respuestas a “XIM.

  1. Joaquin Bernacer Blasco

    Gracias por ser como sois . XIM

  2. Desde ahora, Xim es uno de mis héroes. Admiro a los supervivientes, y aún más a quienes creen que lo mejor está por venir.

  3. Gracias, Óscar, por esta historia.
    Feliz 2012 para tí y para Xim… y para todos los Xims que merecen una vida digna, tranquila y feliz.
    Nos vemos en las barricadas.

  4. Estoy tan conmovida por la descripción tan real del caso Xim que me averguenzo como persona de vivir en un pais como éste . Viva Xim y todos los XIim como él que son un ejemplo de honestidad y buen hacer sigue soñando que llegará ya lo verás como si.

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