Archivo mensual: diciembre 2011

XIM.

Óscar Bernàcer es un todoterreno del audiovisual. Como director y guionista tiene en su haber un largo documental titulado Las dos orillas y los cortometrajes de ficción Les sabatilles de Laura y Desayuno con diadema por el que recibió una mención honorífica en el X Premio Bancaja para proyectos de Cortometrajes. En lugar de hablar de guión nos muestra empíricamente sus dotes narrativas con una historia basada en hechos reales, material de sobra para retratar la historia de los últimos 60 años de este país.

Por Óscar Bernàcer.

 

Gracias a lugares como este uno puede aprender mucho sobre guión. Como lector, soy fan de algunos de los autores que firman aquí y en otros blogs. Tengo alguna experiencia como guionista, pero poca o ninguna como docente o ensayista así que, si me lo permitís, no hablaré de guión (al menos no en esta ocasión, por respeto a todos esos autores). Aprovecharé este espacio para contaros una historia. Su protagonista: Joaquín, o simplemente Xim. Esta historia no tiene nada que ver con el mundo del guión, pero sí tiene que ver con el mundo, así que algún provecho podréis sacarle, espero.

A pesar de contar 62 años, Xim sigue siendo un soñador. Lo fue de niño, demostrándolo con una temprana afición a la fotografía. Le gustaba posar para el fotógrafo del boulevard de cerca de casa. Claro que siendo tan pequeño no tenía cómo pagar, pero a él no le importaba. Su padre ya se encargaba de recordarle cómo funcionaba el mundo, cuando aparecía en casa con el fotógrafo de la mano esperando a que le abonaran la estampa. Las acciones solían ser: pagar al fotógrafo, despedirse de él y saltarle las gafas de un bofetón a Xim.

Durante la “riuà” que arrasó la ciudad de València en 1957, Xim, a punto de cumplir 8 años, se precipitó al Túria desde uno de aquellos puentes de madera improvisados que unían las dos orillas. Aún no sabe cómo, pero parece que el elevado nivel del río ayudó, fue rescatado por un hombre que retiraba animales muertos un puente más abajo. La breve sensación de navegar por aguas bravas embriagó al pequeño de tal forma que, con tal de seguir soñando, ingresó de forma voluntaria en la Marina: dedujo que era la forma más económica de viajar viniendo de una humilde familia de seis hermanos. Aquello sucedió el 20 de octubre de 1966, recién cumplidos los 17 años y después de que le hubieran saltado demasiadas veces las gafas a bofetones. En la Marina Xim pasó casi cuatro años, la mayoría de ellos viajando (vivió en primera persona la crisis de Guinea del 69) y se sacó varios cursos de electrónica. Pronto pasó a ser uno de los encargados de mantenimiento de equipos de su barco.

La experiencia le sirvió para, ya como civil, entrar a trabajar en un laboratorio fotográfico alemán de carácter multinacional con sede en València. Durante esta etapa, los 70, Xim continuó con su afición a la fotografía, se casó, tuvo dos hijos, promocionó con traslado a Palma y, tras la llegada de la democracia, se convirtió en enlace sindical de cé, cé, o, o, (CC.OO. en urdaciano). A principios de los 80, y apoyándose en la crisis financiera de la época, la sucursal española de esta cadena de laboratorios entró en suspensión de pagos, “no se habían dado cuenta” de que debían a la seguridad social más de 600 millones de pesetas. Cosas que pasan. Huelgas, encierros y manifestaciones. Xim dice que nunca se debió haber gestionado una empresa alemana con directivos españoles, comerciales echaos palante sin ninguna formación como gestores (¿os suena?). Con este panorama, todavía se encontraron con otra cadena de laboratorios interesada en quedarse las sucursales, eso sí, modernizando las infraestructuras y haciendo una reestructuración de personal, la plantilla estaba sobredimensionada. Los sindicatos entraron a negociar bajo la máxima de que ningún puesto de trabajo debía perderse. El posible comprador ofreció indemnizaciones para los despedidos, según Xim suculentas para poder pensar en cómo afrontar una nueva vida. Los sindicatos se enrocaron, ni indemnizaciones ni reestructuración: cooperativa. Empezaron los tortazos por mandar más que el de al lado sin importar las competencias (¿os suena?). Xim y su mujer (trabajaban juntos) salieron por la puerta de atrás. Huelga decir que la cooperativa fracasó a los pocos meses de su nacimiento. Todos a la calle. Y aunque nadie le nominara, Xim abandonó el sindicato.

Se iniciaba una etapa llena de incertidumbre, él y su mujer sin trabajo, dos renacuajos, lejos de la familia… ¿Qué hacer? Xim y su mujer decidieron emprender. Se juntaron con otro matrimonio que también había salido escaldado de aquel laboratorio y montaron un negocio propio. Otro laboratorio, esta vez a pequeña escala. La novedad es que ya se atrevería a venderse como fotógrafo así que podría cubrir más fases de trabajo. Para la Seguridad Social, Xim se había convertido en A-u-t-ó-n-o-m-o. El negocio fue bien, los socios no tanto. Se deshizo de ellos renunciando a algunos sueños que tenía previsto cumplir en esta etapa. Uno se cumplió: el tercer hijo. A partir de aquí, y con su condición de autónomo, Xim tuvo que renunciar a tener vacaciones durante muchos años. Fue ésta la etapa en la que una persona deja de ser de una forma para convertirse en otra distinta, en la que cuando miras hacia atrás cuesta reconocerte. Dice que no le importó hacerlo porque su trabajo le gustaba y a los suyos no les faltaba de nada. Yo diría que Xim fue responsable. Además, la vida en el barrio era muy familiar y los vecinos convivían y se ayudaban de formas que hoy suenan lejanas. Xim solía ayudar regalando los reportajes de bodas, bautizos y comuniones a clientes habituales, amigos propios y amigos de sus hijos. Incluso el cura del barrio (algún día hablaremos de este elemento, merece capítulo aparte), aficionado a la fotografía, estaba encantado con los descuentos personalizados que Xim le hacía. Nunca reparó en que quizá fue demasiado solidario, teniendo en cuenta que los materiales salían de su bolsillo. Fue una época de altibajos, pero siempre llegaba a tiempo a las cuotas, los recibos, los vencimientos…. Tanto esfuerzo tuvo su recompensa: fueron años felices, muy felices.

Con la llegada del digital y el internet (así lo llama él), Xim vio cómo muchos de aquellos amigos no tuvieron ningún problema en adaptarse a los tiempos y prescindir de sus servicios. Se inició la decadencia de su negocio, de su medio de vida. Aún así sufragó los estudios universitarios de sus dos hijos mayores, que salieron por patas de la isla. Dos más dos, falta de ingresos más necesidad de liquidez: crédito al canto (sin pensárselo dos veces, todo por sus hijos). Pasaron los años y Xim sobrevivió como pudo, capeó el temporal y envío dinero a sus hijos regularmente para que fueran tirando. Empezaba a sentirse cansado, más de 50 años a sus espaldas y desde los 17 danzando. Suerte que los estudios de sus hijos fueron bien, pero su negocio no tanto. Ni su ánimo, ni su vitalidad, ni su capacidad de reacción y adaptación a los nuevos tiempos. Eran tiempos en los que había que comerse al de al lado para sobrevivir, pero Xim no servía para eso.

Xim piensa que podrá remontar, ya lo hizo antes. Siempre ha sido autosuficiente y ha sacado adelante a su familia. Cada día acude a su centro de trabajo a la espera de esa llamada, esa visita, piensa que ya ha salido antes de otros baches… Pero esta vez es más duro. La enésima crisis financiera que le toca vivir, la que hoy sufrimos todos, hace que lo poco que quedaba de su negocio caiga como un castillo de naipes. Se agotan los ahorros y la línea de crédito, en contra de sus principios, aplaza algunos pagos a la seguridad social, echa mano del plan de pensiones… Dos años después, Xim está arruinado y con 60 años a cuestas. Por suerte sus hijos arriman el hombro para sacarle del agujero (a él y a su mujer), pero él lo vive como una humillación.

Durante los dos años siguientes y con la ayuda de sus hijos, Xim sigue pagando sus cuotas de autónomos con la esperanza de que salga trabajo. Según él, darse de baja significa bajar los brazos y asumir que ya no vales. La realidad es muy dura, no consigue ningún encargo que le permita salir adelante. Tampoco tiene ánimo de fotografiar. Los problemas económicos se acentúan y la familia se plantea soluciones. ¿Apuntarse al paro? ¿Acceder a prestaciones? Aunque este año hemos estrenado el subsidio de desempleo para autónomos, Xim no encaja en las condiciones leoninas de esta nueva prestación, ni siquiera le dejan acceder a un curso de reinserción laboral porque su hijo menor, que aún vive con ellos, trabaja (tiene un contrato de prácticas como enfermero). Definitivamente no tiene la suerte de cara. Quizá sea momento de pensar en otro tipo de soluciones. Xim tiene 62 años y revisa su vida laboral. Cuarenta años. Cuarenta años trabajando. Ha superado con creces los treinta y ocho años cotizados. Ha contribuido lo suficiente a la maquinaria del Estado, no ha hecho trampas, ha movido la economía a pequeña escala, ha invertido todo en la formación de sus hijos… Una persona que cumple con todos estos requisitos, ¿debería tener derecho a jubilarse de forma anticipada? Si has cotizado más de la mitad de tu vida como autónomo, la respuesta es NO. Al menos es lo que le dice la administración. ¿Algún resquicio habrá? Piensa él. Lo hay – replica una funcionaria – pero debería haber trabajado en la minería o en cualquier otro tipo de trabajo que pudiera justificar antes del 1 de enero de 1967. ¿Un momento? – Piensa él – Yo me alisté en la Marina. A efectos de cotizaciones, el servicio militar cuenta un máximo de un año – replica la funcionaria – Pero yo me alisté en octubre del 66, y pasé cuatro años sirviendo, ¿no debería “servirme” esa fecha de entrada para acogerme a la regla? Podría – contesta la funcionaria – pero siempre y cuando usted demuestre haber pertenecido a alguna mutualidad. ¿En el servicio militar? –Silencio- Lo siento, yo tampoco lo entiendo pero no puede usted jubilarse antes de los sesenta y cinco. – La mujer piensa – Otra cosa es que fuera un parado de larga duración. ¿Quiere decir que, con mis características, si en lugar de haber intentado salir delante de forma legal, pagando mis cuotas de seguridad social, me hubiese apuntado al paro hace dos años hoy podría jubilarme y acabar con este calvario? Algo se podría hacer. – Silencio – Gracias por su tiempo.

De todos los que ha recibido en la vida, quizá sea este el bofetón que más le ha dolido. Xim se siente cansado y viejo. Y eso jode. Muchas veces piensa que toda su suerte se agotó aquel día que fue rescatado del río. Suele decir “hay quien nace con estrella y quien nace estrellado”. Supongo que todo el mundo habrá deducido de qué forma hará Xim sus próximos encargos fotográficos en caso de que tenga oportunidad. A partir de este momento, Xim mira a su alrededor y se hace muchas preguntas. ¿Qué ha pasado aquí? ¿De qué ha servido querer hacer las cosas “bien”, como dice la ley? ¿Qué demonios hace él apuntándose al paro con 62 años teniendo cuarenta cotizados?

¿Soy el único que piensa que esta persona se ha ganado su derecho a jubilarse? Tal vez no sea objetivo, os estoy hablando de mi padre, pero su caso me tiene atrapado, me parece tremendamente injusto y un ejemplo de los muchos asuntos pendientes que tiene este asqueroso país a nivel legal. Y más cuando veo el bochornoso grado de corrupción al que estamos llegando. Ni mentar las pensiones multimillonarias de ciertos “banqueros” o las pensiones vitalicias de la “clase” (o casta) política.

Aún así, y a pesar de todo, mi padre sigue siendo un soñador y cree que lo mejor está por llegar. Eso me hace pensar que su suerte no se ha agotado, no podrán con él.

Amigos guionistas, vienen días jodidos (más todavía), pero no permitamos que nos quiten la ilusión. Yo por mi parte lucharé porque esta historia tenga un final feliz. Lo prometo.

Feliz 2012 (con la venia de los mayas).

¿AH-64 o X2?

Por Rafa Ferrero

Cuando me ofrecieron entrar a formar parte de la plantilla de Guionistas VLC me sentí agradecido. Es un blog potente que lee mucha gente, pero no estaba seguro de querer aceptar. Llevo mucho tiempo manteniendo mi blog en solitario y estoy acostumbrado a hacer lo que me da la gana, a mandar. Todavía no sabía hasta qué punto, pero estaba seguro de que entrar a formar parte de un equipo me traería problemas.

De todas formas insistieron. “Vente un día a la oficina y hablamos”, me dijeron. Tuve que hacer un hueco en mi apretada agenda y no fue fácil, pero al final fui a finales de esa misma semana.

Al llegar, fue Gabi quien me abrió la puerta. Me invitó a pasar y me ofreció tomar algo mientras preparaba la reunión. Pedí un güisqui con hielo, no suelo tomar vodka por las mañanas, aunque sospecho que a Gabi le habría gustado que aceptase algo de mate.

Sentado en la recepción me llamó la atención la calidad de los muebles. No había muchos, un par de sofás de cuero y una mesa de caoba, pero todavía olían a nuevo y juraría que eran de piel auténtica. Parecía que el negocio no les iba mal.

A los pocos minutos me hicieron pasar a la sala de reuniones. Era enorme, con techos altos, un ventanal gigante desde el que podía contemplarse el skyline de Valencia y con una mesa ovalada de madera casi más grande que la sala justo en el centro.

Encima de la mesa estaban amontonados los doce tomos de la Enciclopedia Británica y justo detrás estaba Paco tomándose la tensión. Le saludé y me dijo que se acababa de comprar un aparato cojonudo que le medía la tensión hinchándose y deshinchándose automáticamente cada cinco minutos y medio. El aparato emitía unos pitidos agudos muy molestos, pero según dijo Paco, aquello significaba que todo iba bien.

Me senté a su lado, disimulando una sonrisa. Todo el mundo sabe que la tensión es un invento de las farmacéuticas para vender más medicamentos, pero se le veía tan entretenido con su juguete nuevo que no quise decirle nada.

En ese momento, una pantalla gigante que había al final de la sala se encendió y apareció la cara de Martín a 54 pulgadas. Nos saludó y dijo que estaba en Londres o en Madrid o no sé donde… La verdad es que podría haber estado perfectamente en la habitación de al lado. Entre lo cerca que tenía la cámara y esos rizos, no conseguí ver nada de lo que había a sus espaldas. Digo yo que podría haber tenido el detalle de hacer como los corresponsales en los informativos y dejar que viésemos al fondo el Big Ben o la Plaza del Sol, no sé, algo.

Solo faltaba Chon. Fue entonces cuando me dí cuenta de que justo delante de una de las sillas había un cartelito escrito a mano en el que podía leerse: “Ahora vuelvo”. Gabi, Paco y el corresponsal sin croma me explicaron que ese cartel llevaba allí varios meses y que había otro idéntico encima de la mesa de su despacho. Los tres coincidían en que seguramente Chon debía estar a punto de llegar, pero que era mejor ir empezando la reunión. Ya le pondríamos al día cuando llegase.

Gabi fue al grano. Necesitaban a alguien más en el equipo. Me explicó algo de una subvención, apuntó que los patrocinadores no estaban muy contentos y dejó caer algo de una organización de la que no quiso explicarme mucho y sobre la que preferí no insistir. Al parecer la cosa era que se habían comprometido a escribir cierto número de post al mes y no daban abasto.

Al principio fue fácil, me contaron. Cuando empezaron con el blog tenían muchas ganas de demostrar que se merecían el sueldo y las ideas se les acumulaban de tal forma en la cabeza que llegaron incluso a usar más de una idea por post, un derroche, una locura. Pero poco a poco empezaron a agotarse.

Por ridícula que sea la cantidad, al final todo el mundo se acostumbra a su sueldo y empieza a pensar que merece más. Entonces el día a día empieza a hacerse tedioso y eso para un guionista es mortal.

Habrían desmantelado el blog y tirado cada uno por su lado en ese mismo momento si no fuese porque los acuerdos, contratos y subvenciones les obligaban a seguir.

Fue entonces cuando se les ocurrió la gran idea de las “firmas invitadas”. Tiraron de contactos y consiguieron engañar a decenas de personas para que escribiesen gratis. Aquello era como el timo de la estampita. Cada viernes publicaban el post de alguien al que no habían pagado. Bueno, después me contaron que alguno sí que pidió algo a cambio, pero no fue dinero.

Esta idea les permitió seguir un tiempo, pero estas últimas semanas habían estado otra vez con el agua al cuello. Así que tuvieron que tomar la decisión de contratar a alguien más y repartir el pastel.

Podrían haber llamado a cualquiera pero me llamaron a mí porque ya habían conseguido engañarme tres veces como firma invitada y pensaron que seguramente aceptaría por poco. Pero cometieron el error de citarme en el despacho y hablar más de la cuenta.

Si me lo hubiesen dicho en un bar de la calle Padre Tomás Montañana, por ejemplo, habría colado. Pero en medio de todo aquel lujo yo sumé dos y dos y rápidamente me di cuenta de que podía pedir mucho más.

Al principio no querían ceder, pero cuando les amenacé con tirar de la manta claudicaron. El termostato se había roto hacía unos días y allí dentro hacía mucho frío. Lo de tirar de la manta habría sido cruel, pero lo habría hecho de haber sido necesario. ¡Qué narices! Habría meado en el brasero si me hubiesen obligado.

Rápidamente nos pusimos de acuerdo en una cifra. Era obvio que el dinero no era problema para ellos. Pero la negociación llegó a un punto muerto cuando negociamos la plaza de garaje.

Cuando construyeron el edificio no pensaron que tal vez algún día alguien más trabajaría en el blog y solo había cuatro plazas de garaje. Martín tenía aparcado el Lotus en la suya porque cuando sale de Valencia le gusta ir de alternativo. Paco y Gabi usan la suya todos los días y en la de Chon hay un cartelito, así que decidieron que a mi me tocaba aparcar en la calle. Pero yo por ahí no pasaba.

Estuvimos negociando durante horas, estudiando todas las posibilidades. Hicimos planos del garaje para ver si colocando los coches de otra forma conseguiríamos aparcar los cinco, pero era físicamente imposible. Yo propuse un sistema de rotación por el que cada semana aparcaría uno de nosotros fuera, pero Martín se puso especialmente pesado diciendo que por nada del mundo dejaría su Lotus en la calle.

Estuvimos a punto de llegar a las manos, pero fue Paco, entre pitido y pitido, el que tuvo la gran idea. ¿Y si habilitábamos un helipuerto en el tejado? La idea me encantó desde el primer momento. Así que nada, cada dos semanas publicaré un post aquí y mañana empiezo mi instrucción como piloto de helicópteros.

Ahora el problema es decidirme entre un modelo. De momento estoy entre estos dos, el Apache AH-64 y el X2 Attack. Uno tiene misiles y el otro es el más rápido del mundo. No me decido… ¿Qué me aconsejáis?

EL TAPÓN

Por gabkarwai

En estas fechas tan señaladas (ya me parezco al Rey), siempre me acuerdo en lo que podríamos haber hecho y nunca hicimos. Pero también en aquello que podremos hacer, en lo que, si nos empeñamos, sacaremos de nuestros trabajos creativos, de nuestras historias, de nuestra narración.

Hacerse mayor es una cabronada, como diría Berlanga, pero también es ideal para mirar con perspectiva algunas cosas que te han pasado: le llaman experiencia. Lo siento pero a mi me empieza a cansar citar a Berlanga, parece que sea el único director / creador valenciano que haya habido por estos lares. Y de eso trata “el tapón”, de esa manera tan valenciana de apoltronarse en un puesto, de no dejar paso a las generaciones posteriores, de no tener miras para pensar: hay que exportar nuestro talento, eso nos va a hacer significar en el mapa, como lo hicieron la Tate Modern en un tiempo (capitaneada, por cierto, por un valenciano, Vicente Todolí) o el Old Vic más recientemente en Londres (por poner dos ejemplos).

Siempre que pienso en esto me acuerdo de una conversación con mi buen amigo Rafa Montesinos. Él me decía: ya puedes llevar 14 años en la industria (era el tiempo que llevaba en aquel momento), que sigues siendo “la eterna promesa”.

Por eso creo importante pasar, en ocasiones, de la actitud mediocre de nuestras administraciones e imponer nuestros criterios, nuestra manera de ver la gestión cultural. En ese campo vamos muy por delante de lo que piensan “ellos”. Si ellos no nos quieren, tranquilos, nos querrán en Madrid, Buenos Aires o Vigo, y allí desarrollaremos nuestras propuestas. De hecho, ya nos buscarán.

Recuerdo como un día “discutí”, vía e-mail, con un compañero guionistas / dramaturgo la idoneidad de proponer nosotros, las gentes de cultura, agentes para la gestión de espacios públicos. “Eso depende de los políticos, de ellos”, me venía a decir. Pero yo creo que no, que depende de la cultura exigir gestores valientes, que ante una crisis como la que nos azota, sigan creando y creyendo en la creación autóctona, incluso la impulsen, la dinamicen.

 Y en estos momentos creo fehacientemente en cómo podría ir mejor la cultura valenciana, quién y qué podríamos hacer para que aquello cuajara, para que los tertulianos de todo a 100 de la TDT Party hablarán del “lobby valenciano”. Y siempre pienso que gentes como Eduardo Guillot, Francesc Felipe o Carlos Aimeur podrían dirigir festivales como Cinema Jove o la malograda Mostra de València, para que tuvieran más visibilidad en el Mercado de festivales. O como directores como Pau Martínez, Rafa Montesinos o Adán Aliaga estarían siendo reclamados por las grandes productoras para thrillers, comedias o películas de suspense.

En ese lugar idóneo de la cultura valenciana, Chema García Ibarra rodaría una peli que nos dejaría anonadados, a nosotros y al Festival de Sundance y Locarno a la vez. Mientras Alex Montoya dirigiría una peli internacional con Katie Holmes y Ryan Gosling sin despeinarse.

Todo esto sería cocinado desde una Conselleria de Cultura dirigida por Xavier Aliaga, porque aparte de tocar todos los palos (guionista, escritor y periodista) sabe quien escribió el Tirant. Y él daría el impulso a nuevos talentos narrativos. De eso, además se encargaría Alberto Torres Blandina, después de recorrerse medio mundo.

Teatres de la Generalitat, dirigida por Paco Zarzoso, nos traería los montaje más vibrantes de Buenos Aires y Berlín. Por aquí pasarían gentes como Spregelburd, Veronese o Feldman, mientras que nuestras grandes producciones serían textos de Puchades, Disla o Cornelles que viajarían por toda España. Y las salas tendrían auténticos llenazos de verdad.

 La nostra, nuestra tele propia, tendría un late show estupendo dirigido por Chon González y César Sabater al alimón, que presentaría el inefable Xavi Castillo. Los picos de audiencia serían de ríete tú de l’Alqueria Blanca. L’Alqueria seguiría para sus fans, pero no habría ningún problema en nombrar que ocurre en una época oscura de España, dónde había maquis, represión y franquismo.

Eugeni Alemany sería otro de los iconos de esta tele (no joder, si en esto alguien acertó, ahí sigue el gran Eugeni), y todo esto lo cocinaría un Consell d’Administració del Ente dirigido por Rafa Xambó y llenito de profesionales del sector, no por políticos.

Esta gran cultura valenciana estaría orquestada y tendría los parabienes de un consejo de sabios, o comité de buenas prácticas, para que los gestores públicos fueran lo más transparentes y despolitizados posibles. Ese consejo de sabios, que no estaría maniatado ni lleno de políticos como el CVC, estaría compuesto por gentes como los hermanos Sirera, Román de la Calle, Nel Diago, Guillermo López, Joan Francesc Mira, Andrés Boix, Ángel López García-Molins o Adela Cortina. Obviamente lo dirigiría un guionista, un gran guionista, Paco López Barrio.

Los gestores serían creativos. Podríamos encontrar gestores que vienen del campo de la creación, y sabrían mimar e impulsar a los artistas de aquí.

Ah! Y habría autocrítica, claro. Se hablaría de porqué nos escondimos de la barbarie contra la cultura valenciana, porque el miedo nos atenazó en ese momento, porqué no defendimos a amigos que iban en las listas negras o porqué actoruzos que se creen directores crearon sus intereses ante la perplejidad de los demás.

No se dejaría en manos de gestores inútiles lugares tan emblemáticos como L’Escorxador de Elche.

Todo eso pasaría si alguien quitase ese “tapón”. A ver cuando un político lúcido lo quita. Tal vez algo podría pasar, o tal vez no. Es importante tener presente el fracaso, tanto como el éxito.

Y al pensar esto, me he acordado de como mi abuelo Társilo aguantó casi 40 años de dictadura, pero vivió para ver la democracia. O sea siempre pienso que algún día este oscuratismo pasará, se olvidará.

Y mientras, me pongo una canción nostálgica (que como dice Chucho en una canción “es la nostalgia del futuro tal vez”) y pienso que esto ocurrirá. Seguro.

Si sabéis de qué manera podemos quitarnos el tapón, ahí tenéis los comments. Feliz navidad.

 

TIRA-LI!

César Sabater, guionista y director de cortos como Cinema y Verité y Cinespañol, escribe junto a Antonio Gallart, el que será su primer largometraje como director. Titulado El marido de mi hijo: una comedia sobre el matrimonio gay en la Valencia del caso All i oli, han rodado un teaser que verá pronto la luz. Como aperitivo un fotograma del mismo con Emilio Mencheta y Pere Aznar.

Por César Sabater y Juan Antonio Gallart.

En las próximas semanas vamos a presentar el teaser trailer de nuestro proyecto de largometraje “El marido de mi hijo: una comedia sobre el matrimonio gay en la Valencia del caso All i oli” . Gracias a la oportunidad que nos ofrece Guionistas Vlc vamos a intentar presentaros el cirio Pascual en el que nos hemos metido, sin ni siquiera poder consolarnos echándole la culpa a alguien que no sean los propietarios de nuestras propias y putas cabezas.

Empezaremos por el principio. Una noche cualquiera nos dio por jugar con una historia muy sencilla con la que caricaturizar a un estereotipo muy significativo de nuestro paisanaje: un poderoso hombre de negocios valenciano, regionalista, e incluso nostálgico de épocas preconstitucionales. En principio nuestro único argumento consistía en divertirnos poniéndole a semejante personaje un hijo perfecto y orgullo de sus ojos. Un buen chico, joven, guapo y triunfador que de pronto hiciera saltar por el aire la paz cristiana de su padre al presentarle a su futuro marido: un gay, además macarra de alto octanaje.

Estuvimos tonteando con esta idea durante meses para consumo propio, dejándola crecer por sí sola pero sin prestarle demasiada atención. Hasta que llegamos al momento en el que nos preguntamos: ¿qué pasaría si este tipo, empresario valenciano de alto standing, tuviera sospechosos roces con el elenco de mafiosos cutres que nuestra comunidad ha ofrendado como nuevas glorias a España? Más concretamente, ¿y si las turbias relaciones de nuestro protagonista le hubieran hecho intimar con aquel saleroso individuo a un mostacho pegado? Ahí empezamos realmente a verlo. Se nos apareció (o eso nos mola decir) el espíritu del maestro Berlanga, y nos preguntamos: ¿amiguito del alma, ya que nos queremos un huevo, qué haría el maestro con este material altamente inflamable?

Antes de dejarnos llevar a lo loco por la idea, valoramos a qué cantidad de dificultades nos íbamos a enfrentar. La primera: no hay dinero, no hay dinero, no hay dinero (lo repetimos por si alguien aún no se ha quedado). La segunda: el Partido Popular inicia una concentración de poder como nunca se ha visto en toda la historia de la democracia. Y no podemos esperar que nuestra comedia les vaya a hacer mucha gracia, al menos así de entrada.

Cuando empezamos a testear el proyecto, sinceramente nos causó sorpresa las primeras reacciones que recibimos; que somos unos inconscientes lo esperábamos, pero que además seamos unos valientes, la verdad es que no. Valientes son los artistas disidentes chinos o iranís. O los mineros. En realidad nos resulta raro que un asunto tan sonado como el caso Gürtel aún no haya hecho su aparición en la ficción, que sepamos. Es más, a esa etiqueta heroica de valientes no le encontramos sentido cuando a fin de cuentas estamos tratando un tema enfocándolo bajo la corriente mayoritaria de opinión, que básicamente es de vergüenza (y descojono) ante las aventuras del Tío Paco y sus muchachos. Además, qué collons, somos valencianos y nos vemos en la obligación y el derecho a intentarlo.

Al contrario, lo que nos impulsó a lanzar este proyecto es la firme creencia de que habrá mucha gente –votantes del PP incluidos- a la que le atraerá esta oportunidad de reírse y de vengarse del vergonzoso papel que ha protagonizado la Comunitat Valenciana en los medios de comunicación durante tanto tiempo. Además, gracias a la repercusión mediática del caso creemos que el proyecto también levantaría interés fuera de las fronteras de lo nostre territori.

¿Que nos hemos venido arriba y nos creemos que vamos a dar una campanada taquillera tipo E.T.? Evidentemente no. Por eso, en contra de nuestra naturaleza soñadora, nos pusimos a sacar números y aplicando el máximo realismo (y huyendo de la tentación del pelotazo) concluimos que, ni de lejos, es necesario un presupuesto muy abultado para conseguir un resultado digno. Por lo menos mucho más digno que otros productos valencianos audiovisuales subvencionados públicamente a dedo que ni siquiera han llegado a estrenarse en la gran pantalla. Ni están en el Emule para por lo menos echarnos unas risas a su costa.

Desde el principio tuvimos claro que le habíamos dado la espalda a la posibilidad de obtener subvenciones. Sencillamente creemos que puede haber alguien al otro lado con pura mentalidad empresarial que disponga (sólo o en compañía de otros) de las ganas y la capacidad de reunir el capital necesario para invertir y con ello obtener beneficio. Lo de toda la vida en cualquier ámbito. Porque las subvenciones se crearon como una ayuda para levantar proyectos, y cualquiera tiene hoy en día la impresión de que ese concepto se ha corrompido desastrosamente y que mucha gente del medio piensa que sin subvenciones no se puede hacer nada de nada. Con lo cual la hemos cagado al máximo, porque lo que nació como ayuda se ha acabado convirtiendo en una especie de censura previa. Y además escribimos estas líneas todavía sin conocer el alcance de los recortes presupuestarios del nuevo gobierno, que prometen diversión y lágrimas a raudales.

Perdonad si a estas alturas tenéis más la sensación de estar leyendo el “Cinco Días” que Guionistas Vlc, pero vivimos una realidad en la que la industria audiovisual valenciana ha saltado por los aires por culpa de ineptos, listillos e ineptos listillos. Todas aquellas malas costumbres de “ponte a rodar, y después repartimos beneficios”, todos aquellos puros clientelismos y peloterismos han acabado mandándolo todo al desastre absoluto. Señores, así no se pueden hacer las cosas y se ha demostrado. Tal vez haya llegado el momento de volver a los orígenes más simples del negocio: “yo pongo esto, tu pones aquello, yo gano, tu ganas… pues adelante”. Puedes palmar pasta, pero desde luego será mucho más divertido palmarla así que intentando colocar aquel bungalow de Cullera en quinta línea de playa. Sin piscina y con goteras.

En fin, pronto estrenaremos online el teaser trailer de “El marido de mi hijo”. De momento, hasta ahí llegará por nuestros propios medios nuestra pequeña epopeya inspirada en el derecho al pataleo y al sacrosanto cachondeo.

Y a partir de entonces, ya veremos qué pasa…TIRA-LI!.

Más información en: http://www.elmaridodemihijo.com/
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NAVIDADES DE CINE EN LA LIBRERÍA OCHO Y MEDIO (Y ALGUNAS REFLEXIONES)

Por Martín Román.

Nos acercamos al final del año, el año que viene parece ser que se acaba el mundo. La crisis que se han inventado los banqueros nos acecha, rumores catastrofistas como que se quiere suprimir el Ministerio de Cultura o que las televisiones quedarán exentas de invertir ese 5% de sus beneficios en el cine español tratan de intimidarnos. Pero los creadores, aunque todos en algún momento nos quejemos, no perdemos la ilusión de crear.

Mi visita a Madrid se está enfrentando a una serie de adversidades que poco a poco se convierten en oportunidades. Mi objetivo era mantener una entrevista con una productora y empezar a desarrollar una idea de Olaf González para convertirla en un documental y paralelamente, mientras nos documentásemos y realizásemos el documental, ir elaborando el guión de una comedia para un largometraje.

El primer objetivo lo cumplí. El segundo queda prorrogado al surgir un nuevo proyecto que nos ha ilusionado más. Pero este tema lo aparco unos párrafos.

La librería Ocho y medio de Madrid acoge estos días el evento Navidades de Cine organizado y coordinado por la actriz Natalia Mateo que ya colaboró en este blog. Cada día una o varias personas ligadas al cine de este país acuden a tomar un café o unas cañas a partir de las 19h con cualquiera que tenga curiosidad y le apetezca pasarse por allí. Yo he podido estar dos días y alargo mi estancia para acudir también mañana y poder escuchar a Santiago Segura, Nacho Vigalondo y Carolina Bang.

El primer encuentro fue con Icíar Bollaín. Dos intereses nos movían a Olaf y a mí, por un lado escuchar a alguien a quien admiras por su cine y por otro entregarle el documental 24 Mentiras en el que ella participa como entrevistada y el corto Primer domingo de mayo en el que se inspira el documental.

La mayor parte de los asistentes eran actores, luego algunos directores y había poca presencia de guionistas y completa ausencia de productores. A pesar de todo pudimos hablar de asuntos más allá de la dificultad de acceder a un casting. La última reflexión de Icíar versó sobre la crisis y fue optimista respecto a la creación de historias: “Nunca antes ha habido tantos medios al alcance de todos para grabar historias ni tantas vías para hacer que tu obra pudiese verse”. Otro tema sería rentabilizar la inversión (ya sea esta económica o en fuerza de trabajo que nuestro tiempo y dedicación bien se merecen unos euros).

En este encuentro conocí a María Ballesteros, una actriz menuda con unos ojos tan grandes sólo comparables a su energía y alegría. Ella y Olaf habían estado hablando de un proyecto documental que a grandes rasgos consistiría en el seguimiento de una compañía teatral y sus representaciones en cinco ciudades distintas a lo largo del mundo. Quedamos en reunirnos el sábado por la tarde para hablar del tema. Fue una de esas tardes que pasan volando, nos sentábamos a las 17h y nos despedíamos a las 23h pero para todos era como si sólo hubieran pasado 2 horas. La energía y la ilusión lo envolvían todo.

Ayer domingo acudían al encuentro Gracia Querejeta, Paco Plaza y Leticia Dolera. También acudieron muchos actores y actrices. Fueron menos directores y yo fui el guionista. Bueno, no el único. Paco Plaza aseguraba haberse convertido en guionista por necesidad, no le gustaban los guiones que le llegaban y empezó a escribir los suyos propios. Tanto Natalia Mateo como Leticia Dolera les sucedió lo mismo con sus facetas como guionistas y directoras. Al no llegarles proyectos interesantes empezaron a contar sus historias.

Volvió a surgir el tema de los directores de casting, que cansina la cantinela ¡y qué cara más dura tienen algunos directores de casting con sus cursos sacacuartos!

El encuentro de ayer fue un poco menos optimista. Surgió el tema de lo mal que está el cine ¡¿cómo no?! “El cine que se hacía antes ya no se puede hacer porque las coproducciones han decaído”, “las fuentes de financiación cada vez son menores”, “estamos a merced de los gustos de las televisiones” y casi obligados a mostras los pectorales y la tableta de chocolate del galán de turno”. Hoy también he sabido que hay quienes se las implantan… No comment.

El caso es que este discurso chocaba contra el que habíamos mantenido unos días antes. Y me he acordado de casos, excepcionales eso sí, como el de Santiago Segura cuando consiguió hacer Torrente, película que llevaba promocionando durante dos años sin haberse filmado, o la más reciente de El Cosmonauta financiada por crowdfounding. Y me he dado cuenta de que mientras Olaf, María y yo nos planteábamos la historia que queríamos contar paralelamente también íbamos pensando en fuentes de financiación, como abaratar costes, dónde encontrar los patrocinadores, cómo generar expectativas para el estreno como por ejemplo ir colgando clips que estarán o no en el montaje final de la película, etcétera.

Si los directores y las actrices se convierten en guionistas, todos nos convertimos convertimos a su vez en productores y publicistas. La especialización que se sugería hace unos años empieza a desaparecer y al final estamos volviendo a los orígenes del cine donde todos podían hacer de todo. Como ejemplo mi relación profesional con Olaf: ha montado un videoclip que yo dirigí, he sido su ayudante de dirección en su cortometraje, un personaje de su documental, seré su guionista en el proyecto que ha nacido estos días y quizá coguionistas si seguimos adelante con el proyecto de documental y largometraje por el que vine a pasar unos días a su casa.

La crisis del cine no viene dada únicamente por una crisis económica, simplemente asistimos a la desaparición de un modelo de producción y distribución. Estamos asustados porque nos enfrentamos a lo desconocido pero siempre habrá historias que contar. Tenemos que empezar a eliminar a los intermediarios, eliminar el divismo, involucrarnos en lo que hacemos y hacer realidad esa máxima que tanto se repite de que el cine es un trabajo de equipo.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL MONOLOGUISTA

Rafa Ferrero es autor del blog La mano del guionista. Aparte de trabajar en numerosos formatos en Canal 9 y TV Murcia, ha desarrollado algunos monólogos.

 

Por Rafa Ferrero.

Justo la semana en la que las polillas del armario ropero de Camps andan de mudanza al juzgado, los GVLC van y me piden un post sobre monólogos. ¿Me estáis picando?

Pues no voy a entrar al trapo, no conseguiréis que haga ningún comentario acerca de que Costa y Camps me parece una forma muy pija de decir playa y montaña, ni diré que estoy profundamente decepcionado porque esperaba que Paco apareciese en chandal el primer día del juicio negando la mayor y jurando por la Geperudeta que él jamás en su vida había vestido traje.

No haré nada de eso, respetaré la presunción de inocencia y esperaré a que los declaren culpables.

Mejor, aprovechando que ya casi estamos en fechas navideñas y que tengo el fervor religioso más subido de lo normal, he pensado traeros los Diez Mandamientos del Monologuista.

Os los traigo frescos, recién llegados del monte Sinaí, esculpidos en dos tablas de piedra con remates en oro, una virguería.

Eso sí, reconozco que estos mandamientos no los ha dictado Dios. En realidad son totalmente subjetivos, así que podéis quebrantarlos cuando os dé la gana sin temor a castigos divinos. Y además los voy a explicar un poco, no como Moisés que cuando bajó del monte dijo: ¡Hala! Aquí os los dejo.

Primer Mandamiento: Amarás al público sobre todas las cosas

La primera misión de todo monologuista cuando empieza el espectáculo es ganarse al público. Generalmente, la gente que va a ver un monólogo está receptiva y con ganas de reirse (solo esto explica que a veces se rían incluso cuando no toca), pero a pesar de eso el monologista puede perder a su público en cualquier momento.

Es vital generar empatía, conseguir que estén cómodos, despertar interés en lo que se está diciendo y mantener en todo momento cierta conexión con ellos adaptando el ritmo y el tono del espectáculo a las peculiaridades de cada público.

Esto puede parecer algo bastante sutil pero a nadie se le escapa que, por más que estemos defendiendo el mismo espectáculo, este será distinto cuando en la puerta del local ponga “Dead metal rules” que cuando ponga “Asociación de amigos del jubilado”.

Segundo Mandamiento: No tomarás la palabra en vano 

Cuando un monologuista empieza a hablar y el público descubre el tema, automáticamente está adquiriendo un doble compromiso con ellos. Por una parte el monologuista ha de conseguir sorprender al público, hablar de aspectos del tema que no se esperan desde un punto de vista original. Pero también es necesario que hable de los lugares comunes. Al empezar a ver el monólogo el público genera una serie de expectativas. Esperan que el monologuista hable de aquello que ellos conocen de dicho tema porque resulta gracioso verse reflejado en lo que se está diciendo. El reto consiste en satisfacer estas expectativas haciendo referencia a esos lugares comunes pero siempre dándoles una vuelta de tuerca más, transgrediéndolo, deformándolo, exagerándolo.

Tercer Mandamiento: Santificarás las improvisaciones

Como guionista defiendo a muerte la necesidad de realizar un buen trabajo previo de escritura de guión y ensayo antes de salir a un escenario, pero eso no resta importancia a la habilidad de cada monologuista para la improvisación.

Un monólogo, aunque solo hable uno, ha de ser una conversación con el público. Es necesario romper la cuarta pared, que el público sienta que es a ellos a quien se les está hablando e incluso que olviden que hay un guión. Los buenos monologuistas consiguen que el público crea que está improvisando incluso cuando en realidad está recitando el guión palabra por palabra. Pero además de eso, un monologuista ha de ser capaz de registrar todo lo que pasa a su alrededor y usarlo en su propio beneficio.

Si en mitad de una obra de teatro un foco explota sin matar a nadie, los actores tratarán de hacer como si nada hubiese pasado y seguir con la obra. Esto se entenderá como un alarde de profesionalidad y el público lo comentará al día siguiente con los colegas tomando un café descafeinado de máquina con dos azucarillos.

Pero si esto mismo ocurre en mitad de un monólogo y el monologuista continúa como si nada, será valorado de un modo completamente distinto. Un monologuista no puede permitirse el lujo de dejar pasar algo así, si algo llama la atención del público él ha de utilizarlo para hacerles reir y ser capaz de reconducir la situación hacia su texto ganándose de nuevo su atención.

El monologuista no está realmente en un escenario, el monologuista está con el público.

Cuarto Mandamiento: Honrarás a tu padre y a tu madre

Sí, este mandamiento coincide palabra por palabra con el de Moisés, así que ya me podéis acusar de incumplir mi propio Quinto Mandamiento. ¡¡Soy un pecador!! Pero tengo excusa, aquí esas mismas palabras significan otra cosa.

Cada monologuista es de su padre y de su madre, es decir, que cada cual tiene sus particularidades. Aprovechar cada una de ellas es una obligación. El aspecto físico, la forma de hablar, la procedencia, el nombre, las trayectoria vital… son todo argumentos capaces de generar trama para un monólogo y herramientas que pueden usarse para que el monólogo adquiera un sabor personal e intransferible. Un mismo texto puede ser adaptado y cada monologuista lo acabará interpretando a su forma, pero esto es como heredar la ropa de tu hermano mayor. Lo mejor son los trajes a medida (pagando y con factura).

No es necesario ni mucho menos que todo lo que uno diga de sí mismo en un monólogo sea cierto, pero usar este tipo de información enriquece el texto porque el público suele detectarlo. Además, aprender a aprovechar las propias experiencias es una de las principales habilidades que todo buen monologuista debería tener. Si vamos a reírnos de todo empecemos por uno mismo.

Quinto Mandamiento: No plagiarás

Este mandamiento necesita poca explicación. Cada vez que oigo un chiste viejo en un monólogo o detecto que han “homenajeado” a otro monologuista en algunas partes del texto, me dan ganas de pedir el libro de reclamaciones.

Si no eres capaz de generar material propio dedícate a otra cosa o contrata un guionista.

Sexto Mandamiento: No reciclarás

Con el tiempo cada monologuista caba coleccionando sus grandes hits. Detectarlos y mantenerlos en los distintos espectáculos es una habilidad más que recomendable. Al final, el público suele recordar a cada monologuista por el gag que más gracia les hizo, por lo que es bueno recordarlo y regalar ese momento al público reincidente. Pero eso no significa que se pueda llamar nuevo espectáculo al espectáculo viejo con diez minutos nuevos de texto. Si te tomas en serio tu trabajo debes tomarte en serio la palabra NUEVO. Ser capaz de generar material fresco cada cierto tiempo es vital. Si no lo eres dedícate a otra cosa o contrata un guionista.

Séptimo Mandamiento: No empalmarás

Suena guarro, lo sé. Pero calmad vuestras mentes calenturientas porque a lo que me estoy refiriendo en realidad es a que: Un espectáculo de una hora no son dos de media hora empalmados.

Soy perfectamente consciente de que este mandamiento es el que más vais a incumplir porque es una práctica muy habitual tirar de un determinado “repertorio” compuesto por distintas coñas como si se tratase de canciones distintas que se cantan en un concierto y dependiendo del rato que se tenga que estar hablando se cantan más canciones o menos. Personalmente me parece bastante chapuza.

Que un espectáculo dure una hora no lo convierte en un espectáculo de una hora. Si un monologuista sabe que cuenta con ese tiempo para entretener al público debe saber explotarlo de un modo distinto a cuando cuenta con menos. A más tiempo más posibilidades de construir un argumento, un personaje, situaciones elaboradas y un universo propio del espectáculo.

La opción de ir empalmando un gag detrás de otro sin rumbo fijo, ni hilo argumental, ni coherencia interna de ningún tipo, aunque hay auténticos maestros en hacer esto, no siempre es la mejor opción.

Como público siempre valoro más un espectáculo cerrado de una hora que fue pensado para exponerse en ese tiempo, que un batiburrillo de sketches que acaban sumando ese mismo tiempo. Llámame tiquismiquis.

Octavo Mandamiento: No dirás polla todo el rato

Existe una teoría muy extendida de que decir polla es gracioso per se. No voy a negar que el miembro sexual masculino da mucha risa, sobre todo después de una ducha fría. Pero creedme amigos, hay otras formas de hacer reír.

Ahora es cuando me acusan de defender el mal llamado humor inteligente, pero no voy por ahí. Transgredir los pequeños tabúes cotidianos hablando sin inhibiciones de sexo, por ejemplo, genera cierto choque cómico en el público y resulta tremendamente efectivo si se sabe usar, no tengo nada en contra de ello ni mucho menos. Pero me parece pobre que alguien base todo su espectáculo, o incluso toda su carrera, en este tipo de humor.

Noveno Mandamiento: No consentirás la monotonía

Ser capaz de ofrecer un abanico de tipos de humor, combinar gags visuales con gags verbales y planificar un hilo argumenal que permita que la interpretación pase por distintos ritmos, intensidades y estados de ánimo, son valores añadidos.

Hacer reír es el objetivo, vale. Pero si se puede hacer de distintas formas ¿por qué conformarse con una? Resulta tremendamente enriquecedor cuando un mismo espectáculo aglutina momentos y situaciones distintas construyendo una historia o evolucionando de algún modo en vez de limitarse a ser un simple contenedor de gags.

Décimo Mandamiento: No codiciarás el dinero del guionista

Si has contratado a un guionista págale.

Nada más amigos, mi paz os dejo la paz os doy.

Os quiero un huevo.