YO TAMBIÉN QUIERO UN FUNERAL COMO EL DE ESE CABRÓN

 

por Paco López Barrio

Si, son ellos, los únicos e inconfundibles Monty Python. La mayoría del público los recuerda como grandes actores cómicos, pero fueron además los guionistas de sus películas y de los sketches de su fantástico Flying Circus, en la televisión británica. La madre de todos los equipos de guionistas. El tipo que aparece en la foto, en el centro, fumando en pipa, es Graham Chapman. Quédense por ahora con su cara.  Al final del post volveremos a hablar de él.

Hace algún tiempo trabajé en un programa de bromas de cámara oculta. Éramos 3 guionistas, que ni habíamos trabajado nunca juntos ni nos conocíamos siquiera en persona. Los productores, muchas veces, parecen presidentes del Real Madrid: fichan individualidades sin plantearse qué tal podrán funcionar como equipo. En el guión, como en el fútbol, aunque reúnas tres cracks lo tienes claro como no se entiendan entre ellos.

Apenas llevábamos una hora juntos, poniendo en marcha los ordenadores y estudiándonos de reojo. Seguramente los tres nos hacíamos la misma pregunta: ¿Esto va a ser un buen equipo? Salimos de dudas un poco antes de media mañana. El director del programa vino acompañado del realizador para presentárnoslo. Al realizador, con más ganas de ser gracioso que con gracia, no se le ocurrió otra cosa que preguntarnos (¡sólo un minuto después de conocernos!): “En todos los equipos de guionistas siempre hay un gay. ¿Cual de vosotros es?”. El desconcierto nos duró medio segundo, lo que tardamos otro compañero y yo en cruzar una rapidísima mirada y contestarle a la vez: “En este equipo somos todos gays”. El realizador, que esperaba descolocarnos, se quedó sin saber que decir, mientras el tercer compañero protestó: “Eh, hablad por vosotros y a mi no me metáis”. En ése mismo momento tuvimos claro qué dos nos íbamos a entender de lujo y quién se iba a quedar un poco “fuera”. Y así fue. Con unos horarios matadores, eso si. Y con el stress del prime time y los índicies de audiencia. Pero pasamos unos meses divertidísimos, en los que hicimos el gamberro a placer. Mientras el tercero, que acabó siendo un buen reportero de sucesos, no daba pie con bola como humorista.

En veintitantos años de oficio he trabajado solo y en equipo. Aún no tengo muy claro qué prefiero. Mejor dicho: depende de en qué tipo de proyecto. Para documentales no me molesta tener un compañero, pero no lo echo de menos si no lo hay. Es más, si no tenemos un sentido de los “ritmos” o de los resortes emotivos similar, casi que prefiero estar solo. Al fin y al cabo, lo que le da substancia a un documental es la mirada personal sobre unos materiales y una historia que te viene ya dada.

En ficción la cosa cambia. Hay siempre tantos flecos colgando de cualquier trama un poco compleja que uno solo se pierde. O se atasca. Entre dos o más, siempre hay alguien que propone un giro mejor que el primero que habíamos pensado, un mecanismo más eficaz, una solución más económica, una subtrama con mayor recorrido, una puesta en escena que aporte más sentido, un conflicto que obligue más al personaje…

Trabajando en equipo te sueles encontrar con un fenómeno curioso: dos ideas individualmente mediocres, puestas una al lado de otra, crean muchas veces una tercera idea realmente brillante. Esto es especialmente cierto en comedia: muchas genialidades no son otra cosa que el resultado de combinar un par de tonterías que por si solas no iban a ninguna parte. Por eso los teóricos del brain storming siempre aconsejan no desechar nada de buenas a primeras. Nunca sabes a dónde te va a llevar el arte de combinar dos paridas absurdas. Si te sale una tonteria no tires el papel en que la apuntaste: en la sesión del dia siguiente es muy probable que aparezca otra tontería que, sumada a la anterior, termine dándole valor a todo el conjunto.

Lo que si tengo muy claro es que al equipo hay que darle algunas libertades. Una de las más importantes es la libertad de salir a dar un paseo o a tomar algo. Por muy horario laborable que sea (aquí veo a algún productor torciendo el bigote con disgusto). Para empezar, esto del horario es una grandisima falacia. Si se nos ocurre una buena idea estando en casa (a veces sucede) no la echamos atrás pensando que ya estamos fuera de la jornada. Dejamos lo que estemos haciendo, incluso nos levantamos de la cama, y tomamos unas notas. Lo mismo si nos sucede una tarde de domingo. Y no pedimos horas extras ni festividades. Así que, si al dia siguiente, en vez de a las 10 llegamos a las 10 y media no queremos malas caras.

No nos encadenen al duro banco de la redacción. A muchos nos gusta fumar, o pasear. Y las dos cosas nos ayudan a pensar. Salir a la calle con los ojos abiertos es una fuente de inspiración insuperable. ¡Cuántos atascos se han deshecho en el bar de la esquina!. En la redacción tenemos los teléfonos, los ordenadores o la conexión a Internet. Pero las neuronas las llevamos siempre puestas y se bajan al bar con nosotros. Igual que nos bajamos una libreta y un bolígrafo cada uno. Mientras almorzamos seguimos pensando y escribiendo. Y si tardamos una hora en subir es que estamos resolviendo un problema de guión. O dándole forma a una gran trama. Déjennos hacerlo a gusto. La medida de nuestro rendimiento la da el guión, no el reloj de fichar. Somos un equipo creativo, no una granja.

Por supuesto se puede trabajar en casa y hacer sólo las reuniones estrictamente necesarias. Para los detalles menores tenemos el teléfono, el email o la mensajeria instantánea. Podemos además trabajar en pijama. O en pelotas si hace calor. Y con un horario mucho más flexible. Pero a mi trabajar en casa me gusta sólo a medias. Una buena razón es mi enorme facilidad para procrastinar: una enfermedad que sufrimos el 90% de la profesión.

Pero tengo aún otra razón para preferir el trabajo presencial cuando formamos equipo (dando siempre por supuestas las libertades que reivindiqué antes de salir a fumar o a tomar café, tantas veces como queramos). El email es muy frio, y el teléfono también. Las ideas explicadas por escrito, sin otro apoyo fuera del propio documento, nunca tendrán la chispa que aporta una mirada o un gesto. En un equipo, al fin y al cabo, nos hacemos un pitching permanente de todos para todos. Y un pitching necesita de la presencia real.

Cuando estamos juntos, los guionistas nos comunicamos de muchas maneras. Nos miramos, nos sonreímos, gesticulamos… establecemos un entramado de complicidades, de sobreentendidos, de bromas compartidas que no sólo hacen el trabajo más agradable: estoy convencido de que lo mejoran. Nuestro trabajo, sea en el registro cómico o en el dramático, trata siempre del ser humano. De él tomamos los chistes y los dramas. Es un material altamente sensible en el que tambien van a hacerse presentes los chistes o los dramas que hemos vivido cada uno. En un email rara vez diremos: “esta trama me recuerda una novia que tuve…” Si estamos trabajando en contacto personal, con un café delante y el cenicero a punto, ya es más fácil que lleguemos a esa confianza/confidencia. Muchos acaban siendo amigos. Y son poquísimos los que me han hecho desear no volver a cruzármelos por ahí nunca más.

Hace tiempo que sólo trabajo solo y en casa. Tiene ventajas: soy yo quien gana las batallas contra el despertador. Pero echo de menos el bar de la esquina, las escapadas a fumar, las risas. Necesito cruzar la mirada con la de mis compañeros y percibir sus reacciones. Me falta la chispa que sólo puede saltar en el trabajo codo a codo. Y los echo mucho de menos en las épocas de paro. Me hace falta el dinero, pero necesito tambien el estímulo de su inteligencia y su buen humor.

Y reconozco que lo que de verdad me gustaría es tener un funeral como el que tuvo Graham Chapman, que falleció en octubre de 1984. No os perdáis el video de la ceremonia:

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4 Respuestas a “YO TAMBIÉN QUIERO UN FUNERAL COMO EL DE ESE CABRÓN

  1. Muy buena entrada, felicidades. Hay que ser un firme defensor del trabajo presencial. Los deberes que se lleve uno a casa que sea sólo pensar, que ya es bastante. Saludos!

  2. Martín Román

    ¡Qué buen artículo, compañero!

  3. Estoy de acuerdo con todo, Paco. Quiero remarcar que para hacer humor sí que se necesitan más de dos guionistas (a no ser que uno sea un Woody Allen en racha). Para mi es muy difícil escribir una comedia a no ser que tenga a alguien enfrente para reírse o para poner cara de póker.

  4. Supongo que en la comedia y en los espacios de humor se hace más necesario trabajar en equipo, Paco. Vivir la experiencia codo con codo, conectar, interactuar y buscar esa complicidad en la mirada, en los gestos o en las palabras… La anécdota ilustra a la perfección lo importante que es sintonizar con tus compañeros de equipo, para obtener un resultado fructífero. Siempre habrá alguien que se quede fuera porque le falla la voluntad, el sentido del humor o la inteligencia para integrarse. Y seguro que ese alguien nunca pensaría en un funeral como el de Graham Chapman.

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